CAPITULO XXVIII – LOS MAYAS – RESEÑA HISTORICA

Posted on octubre 29, 2011

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CAPITULO XXVIII

Los mayas – Reseña Histórica

 

El origen de los mayas en El Petén, se pierde en la noche de los tiempos, pues por estudios hechos en la etnografía, Filología y la Geografía Física del Globo, se cree que fueron una de las primeras razas que poblaron el continente americano.

 

Por la marcada analogía que tenían en sus facciones, costumbres, idioma, religión y trabajos de alfarería, algunos historiadores los hacen venir de la raza amarilla: asiáticos palestinos, y también  de la raza blanca africana, mediante inmigraciones efectuadas en épocas diferentes.

 

El erudito autor de la historia ecuatoriana, Federico González Suárez, tomo I, página 289, dice: “Estas inmigraciones pudieron ser voluntarias, poniéndose algunas tribus en camino, y haciéndose a la vela en busca de tierras dónde establecerse; pues las prolongadas sequías, el hambre, la guerra, la exhuberancia de poblaciones, obliga con frecuencia, aun a los pueblos agricultores, a abandonar sus hogares y emprender largas y penosas marchas pero más a menudo, las inmigraciones serían involuntarias y forzadas, viéndose arrastrados los viajeros a puntos que ni siguiera habían imaginado. El río negro (Kuoro Swo) de los japoneses y la corriente marítima de Tessan, han arrojado más de una vez, en los tiempos históricos, juncos chinos de casi trescientas toneladas, a las costas de California; y asimismo, embarcaciones americanas, han ido a dar a Las Canarias, o desde estas islas han venido a dar a las costas de Venezuela, traídas por la gran corriente del Atlántico, que corre de un hemisferio a otro, rodeado por el Golfo de México.

 

Humboldt (Historia del Continente Americano), dice “Es muy improbable que los chinos hayan conocido la existencia  de América, pues el país de “Tou-Sang”, de que se ha hablado en alguna de sus tradiciones parece que no puede ser otro que la costa occidental de México, en la América del Norte.

 

Paravel, dice: “La América, bajo el nombre de país de “Tou-Sang”, ha sido conocida en Asia, desde el siglo V de nuestra era”.

 

Algunas creencias religiosas, varias practicas en el culto, tanto en México como en el Perú, o sobre todo, ciertas estatuas y bajorrelieves de las célebres ruinas de Palenque, en la América Central, parecen rastros o indicios seguro, de la predicación del Baudismo en estas regiones; lo cual demuestra, que en tiempos ya muy remotos el antiguo continente estaba en comunicación con el nuevo.

 

Carrey (cuadro descriptivo, histórico y analítico de los seres y de las cosas del Perú”) manifiesta: “Cuanto más se estudia el oriente, cuanto mejor se conoce la china, su historia y su literatura, tanto más, se confirma el hecho de las comunicaciones del Asia con el nuevo continente”, en uan nota de su capitulo octavo dice: “Documentos recientemente descubiertos en China; en los cuales consta el viaje de sacerdotes budistas a la América, mil años antes de que ésta fuera descubierta por Colón y otras inmigraciones, de las cuales, se encuentren, no solo recuerdos sino hasta itinerarios”.

 

El abate Brasseur de Bourbourg, acepta, acepta el sistema Mosaico en la unidad de las razas; pero conviene en que aun entre los indios de esta parte del mundo, hay variedad de tipos. “Existen, (dice) tribus blancas que en lo limpio del color, sobrepasan a la mayor parte de las naciones asiáticas. En Michoacán, en algunas porciones del Quiche y de Yucatán, parecen descendientes de palestina o de Egipto.

 

“Allí se encuentra el perfil judío, árabe o algeriano, muy semejante a los tipos que se ven grabados en los monumentos de Nínive o de Tebas.”

 

Aunque no es dable fijar los millares de años que lleve de estar poblado nuestro continente, puede decirse, que por fragmentos de alfarería, adornos y utensilios hallados en México y Centro América; por las diversas razas que existen en todo este hemisferio; por los muchos y variados idiomas que se conoce; y por la flora y fauna extinguidas, se comprueba haber existido el hombre americano, desde una remota fecha, que se pierde en el correr de los tiempos.

 

Las ruinas de México y de Centro América demuestran de manera cierta, que en tiempo antiguo existía en estos países una importante civilización que debía de haber prevenido de época muy remota. Sabido es que la mayor parte de esas ruinas estaban olvidadas o habían llegado a ser vistas como misteriosas por los habitantes que los españoles encontraron en estos países, al tiempo de su descubrimiento.

 

En 1520, los bosques que cubren la mayor parte de Yucatán, de Guatemala y de Chiapas, estaban tan espesos y frondosos como lo están hoy; y como probablemente lo estaban un siglo antes de la conquista, porque según la tradición que se conserva en Yucatán, cuando fue destruido el reino Maya, uno de sus príncipes huyó a esconderse hacia el sur, es estableció con ellos en las playas del Lago de El Petén y sus islas.

 

Si en la época a que me refiero, ya existían olvidadas y sepultadas en los bosques esas importantes ruinas; y, si se observa esa clase de vegetación que las cubre, no puede uno menos que suponer, con bastante fundamento, que la época de civilización que representan transcurrió hace muchos siglos.

 

En la edad anterior al desarrollo de estas inmensas y espesas florestas, los lugares que ocupan, estaban habitados por un pueblo que había obtenido un grado bastante alto de civilización. Los campos cultivados y las ciudades en condición floreciente. La calidad de las  mismas florestas y el estado tan decaído en que se hallaban las ruinas, son pruebas inequívocas de la antigüedad muy remota del periodo de civilización. Puede asegurarse, sin temor de incurrir en yerro que ese periodo fue muy anterior a la dominación de los aztecas; pero no se puede fijar con precisión en número de siglos o años transcurridos entre esas diferentes épocas.

 

“Copán, que por primera vez fue descubierta hace más de trescientos años, ya era entonces misteriosa y tan poco conocida por los naturales que vivían en sus inmediaciones, como son las antiguas ruinas de Caldea para los árabes que vagan en los solitarios llanos de la baja mesopotamia. No existía entre ellos ningún recuerdo ni tradición relativa a esas ruinas, que ni nombre tenían; lo cual hace suponer, que cuando los aztecas se elevaron al poder esa ciudad estaba ya abandonada y oculta en el bosque que las rodea> (La antiguá América obra escrita por Juan  D. Baldwin; págs. 81-82).

 

Las investigaciones y estudios que se hacen desde los descubrimientos de los derruídos templos que como reliquias históricas se encuentran en todo el extenso territorio de El Petén, demuestran que la existencia de estos pueblos data desde millares de años , porque según sus antiguas tradiciones, en la época en que fue fundado en Gran Imperio de Xibalbá, por un famoso caudillo, qué se supone vino de oriente, de nombre <Balum Votán>, mucho antes de la Era cristiana, este personaje hizo una larga peregrinación por las ciudades de Uaxactún, Tikal Nakún, Kantetul, Ixkún y otras,- y les dio a conocer el cultivo del maíz, fríjol, plátano, caña de azúcar (sin beneficiarla) y otras gramíneas; enseñándoles también a conocer la unidad de Dios como autor del universo; época en la cual estas ciudades habían llegado a un estado bastante floreciente de desarrollo y esplendor.

 

Es bastante sorprendente hoy día, contemplar las famosas ruinas de <chichén Itzá>> en el Estado de Yucatán, (México) en las cuales se ve  que los mayas tenían perfecto conocimiento del “Juego de Pelota”, como un deporte favorito. A este respecto la escritora María Albertina Gálvez G. (Mundo Femenino), en edición dedicada a Guatemala en julio 1950, página 26, refiere que <<todas las ciudades, centros religiosos del área Maya, contaban con el mejor exponente de sus elevadas funciones sociales y espirituales, con campos dedicados al Juego de la pelota>.

 

Como se ve en este dato, al igual que las culturas orientales, Ia Maya también se preocupaba por la educación física, llegando hasta la pasión en su amor por este deporte; por lo cual a la vez de ejercitar el músculo, se áuscultaba la voluntad de las divinidades que guiaban las intrincadas disputas, que entre ambos bandos distintos, luchaban hasta lo increíble por obtener ia victoria, tomándola como el mandato divino, la que era recibida con un aparatoso homenaje y demostraciones de júbilo por los triunfadores, a quienes no sólo se les premiaba con el perdón de la gloria inmortal,.sino que también con mil muestras de regocijo por parte de las autoridades y pueblo, y con una multitud de joyas, mantas u otros objetos valiosos,  donados por los espectadores; en cambio, los vencidos, sufrían el desprecio de por vida, y los amargos sinsabores de la pobreza y de la esclavitud a que eran reducidos.

 

 

 

Las Canchas Deportivas

 

Los campos deportivos de los mayas que gozaban de excelentes cualidades  arquitectónicas, cuyos-vestigios descubiertos dejan entrever no sólo él gran espíritu estético que poseían, en el que, el equilibrio, Ia acústica y la armonía era trilogía dominante, sino que también los cien bellísimos detalles ornamentales de que estaban vestidos estos anfiteatros que lucían; además, distintas formas de marcadores y anillos con figuras simbólicas,- cámaras, escalinatas, etc., encuadrados dentro de los cánones maravillosas de las reglas que regían este rito deportivo.

 

Estos campos sagrados, según las notables investigaciones del arqueólogo mexicano Salvador Toscano, estaban formados, por regla general, por dos muros paralelos o inclinados que limitaban a ambos extremos, dos patios transversales, cercados  en la forma de dos T unidas en su base. El área del juego, que por lo general lucía en el color rojo, ostentaba los simbólicos aros- de piedra, a más de los marcadores centrales y laterales, que también daban su límite.

 

Los señores sacerdotes y otras altas personalidades, ocupaban los sitios principales, luciendo lujosos-tocados y sacando- a relucir también sus complicados trajes de ceremonia.

 

Treinta y tres metros de ancho y noventa de largo mide el gampo de juego de la pelota de <Chichén ltzá>>, uno de los más importantes exponentes de las ciudades mayas.

 

Los arqueólogos Acosta y Moedano Coer, al hablar de las distintas partes que integraban estos campos deportivos, definen las denominaciones de cancha que formaban ras plataformas laterales y topes cabezales: patios cabezales compuestos de banquetas, el gran talud y los paraninfos.

 

Por sus estudios basados en los cortes transversales de distintas canchas deportivas se han sacado a luz las diferentes formas de que constaban, los .que también eran decorados en su parte exterior con calzadas de plantas ornamentales que les daban colorido, belleza y frescor a los millares de espectadores que asistían a estas reñidas disputas.

 

Los.señores  y sumos  sacerdotes y otras altas personalidades del imperio, contaban también con sus propias canchas, y en ellas oran adiestrados, desde su más tierna infancia, en las complicadas reglas deportivas del rito.

 

La técnica del juego

 

Era de tan difícii alcance la técnica de este deporte que para el padre Benavente o Motolínia que en los albores de la Conquista logró verlo de cerca- le pareció <<cosas del demonio>. Bajó un reglamento lleno de estrictas cláusulas, se trataba de hacer pasar uña pelota de caucho virgen por un anillo de piedra empotrada perpendicularmente en una de las paredes centrales de la cancha, la que debería mantenerse en vuelo a baja altura, rebotada únicameñte con la cadera, los brazos y los muslos, y los jugadores se protegían con anchos cinturones, guantes y rodilleras de piel de jaguar y de otros animales simbólicos, quienes pese a las precauciones tomadas, todavía sufrían serias lesiones, las cuales ostentaban con legítimo orgullo. Sin embargo, a juzgar por algunas escenas teotihuacanas, los tarascos ya utilizaban el bate para lanzar la pelota.

 

Los árbitros del juego, personas de alta estirpe sacerdotal, marcaban el <<score>> por medio de líneas, con la savia verde y negra que producía una planta sagrada, especial para estos casos.

 

Bendición de arreos

 

Antes de empezar la disputa los jugadores, que la víspera habían celebrado solemnemente la bendición de los arreos con una serie de actos rituales que duraban toda la noche, con ayuno y abstinencias, se ponían en oración para implorar la victoria ante las imágenes de sus dioses tutelares, que en solemne procesión habían sido llevados a los nichos especiales, que también lucían todas las canchas deportivas.

 

En las grandes festividades del reino, donde era de riguroso ritual celebrar estas disputas, eran llevadas las sacras figuras en solemne procesión y con gran lujo de detalle, en andas preciosamente adornadas y enjoyadas de plumas multicolores, sobre los hombros de los devotos, y al compás de vistosas y originales danzas y bajo el ritmo de la música de sonajas, tambores, conchas, flautas y chirimías.

 

Los aderezos de los jugadores, variados según la región y el rango de la disputa, eran complicados, desde hermosos tocados de tiaras, ricamente con joyas, chalchihuites y plumas multicolores; collares y brazaletes de lujo poco corriente, sandalias adornadas con piedras preciosas, hasta el sencillo maxtate y el moño anudado de los prisioneros de guerra que se jugaban la vida o la libertad.

 

A juzgar por los bajorrelieves y figuras de los Códices, el <<Juego de lá pelota> se extendía, desde el norte de Arizona, hasta el Este de El Salvador, teniéndose conocimiento de su juego, desde hace más de 2,000 años.

 

Su origen simbólico

 

El origen simbólico del <Juego de la pelota de los mayas> el cual algunos científicos le han atribuido descendencia astronómica, remontase a la era de la formación del mundo; esa actividad, tan bellamente relatada en el <Popol Vuh> (libro sagrado de los maya-quichés) es la que describe: que bajo el poder  maravilloso de este deporte, la deifica pareja de Hunapú e Ixbalanqué representantes del Sol y de Ia Luna vencieron a los Camé, deidades infernales de Xibalbá.

 

Por la anterior leyenda astronómica deliciosa que subordinaba todos los actos del pueblo Maya; cuyo conjunto maravilloso de sus credos religiosos estaban basados en una perenne contemplación exótica hacia los cuerpos celestes considerados supremas deidades- el juego de la pelota, como aseguran también! Estudiosos moderno de la cultura maya, recordaba sucesos místicos, íntimamente relacionados con los astrosreyes.

 

Siler, fue el primero en prestar atención al simbolismo mitológico del juego de la pelota de los mayas. Salvador Toscazo cuenta, que dicho autor ligaba las bolas de hule con el disco solar, cuyo curso lo provocaban dos sacerdotes jugadores representantes

del día y de la noche, el sol y la luna, cuyo combate es eterno.

 

Por eso se cree, que los jugadores mayas siempre buscaban la posición zodiacal, al emprender la disputa.

 

Por esta contienda deportiva de los mayas  como dice Enrique Palacios no sólo trataba del culto al sol, sino también, al de la agricultura, por las relaciones existentes entre la lluvia y los movimientos diurnos y anuales, simbolizados en el juego.

 

El doctor Alfonso iano, en sus interesantes estudios alrededor de este deporte, señala a <<Chac>>, deidad protectora de las lluvias, como el director supremo de este rito en la cancha deportiva de Teotihuacán.

 

La diosa nahoa  de la primavera, de la alegría, del canto y del juego, “Xochipilli”, presidía los juegos de Tulám, según los en enjundiosos estudios de Jorge A. Costa.

 

El guacamayo rojo, alta representación del sol en el Panteón de l.os mayas, presidía el juego de pelota de Copán, y su sacraefigie decora los sitios predilectos de esta hermosa cancha deportiva.

 

En Chichén Ttzá, según los valiosos vestigios arqueológicos hallados, se encuentran los mejores estadios  del área, magistralmente dispuestos, siguiendo el paso del astro rey por el cenit y entre muchas y bellas alegorías agrícolas, luce la sagrada efigie de Quetzalcoatl, deidad del panteón Maya y alta representación del astro rey. En los extremos de la cancha deportiva se levanta el templo de los tigres, emblemática deidad suprema. En los sitios principales de la ciudad olímpica, existe también otro templo conocido por el  del <<Hombre Barbudo>, en cuyos magníficos relieves han quedado al descubierto, delicadas figuras femeninas que posiblemente representan a la diosa luna.

 

Testigos presenciales

 

Entre otros testimonios que nos legaron testigos presénciales como fray Toribio de Sahgon, Diego de Landa, el padre Ximenez y otros distinguidos cronistas de la conquista, que admiraron estas reñidas justas, que se celebraban con todo ardor a la llegada de los españoles y, como era costumbre, vivían bajo. el influjo absoluto de lá religión que presidía todos los actos sociales y políticos del imperio maya; tenemos el aporte de los últimos descubrimientos cientificos llevados acabo en todo el área por conocidas personalidades en la meteria. Y, para mayir seguridad, traducimos aquí el precioso relato del principe de nuestras letras, el Padre Rafael Landivar, que en el año de 1781, publicara en Bolonia, su Rusticatio Mexicana, y que dice así:

 

<Empero, nada .ofrece espectáculos más maravillosos que la numerosa turba de indios cuando juega. Recogen de recinoso árbol, copia del hule; (el cual dió nombre su elasticidad) con varios montones forman una gran pelota, que con reiterados botes haya de hender los aires. Después forma la sinuosa muchedumbre un inmenso círculo en el cual el primer tira lanza a lo alto la grande y redonda pelota sin que a nadie sea lícito tocarla con las manos, sino por el contrario con los muslos o con los codos, hombros y rodillas.

 

Luego que el globo es arrojado a los aires, juega con ardor, brincando continuamente toda la turba en medio del campo. El uno empuja con el codo al otro, él lo rechaza, este opone la  a la  pelota que cae; aquéÍ, rápido, la arroja nuevamente con la rodilla hacia lo alto o bien golpea la cara posterior del hule. Mas si alguna vez la pelota cayera al suelo, es fuerza levantarla con los codos y con las rodillas y lanzarla, al aire desde la llanura.

 

“Habrás de ver entonces corno los indios ruedan por todo el campo, hasta alzar de nuevo a la caída con las manos a la voladora  esfera y si violare incauto la rigurosa prohibición, el tal, tras haber recibido una reprensión, paga los gastos del juego.>

 

Traducción literaria y directa. de la segunda edición de Bilonia. 1782, por Ignacio Laureda.

 

(Tomado de la revista <<Nuestra Guatemala>).

 

Los mayas poseían conocimientos de astronomía, como lo demuestra el Observatorio Astronómico de Uaxactún, en las ruinas de este nombre; el arqueólogo doctor Francis Bloom, Rector de la Universidad de Tuláne, Estados Unidos de América, en una conferencia dictada en el salón de actos de la Alcaldía municipal d esta ciudad, sobre sus impresiones obtenidas en el área Maya en el departamento de El Pétén, en el año de I922, entre otras cosas decía: <<Los mayas tenían pleno conocimiento de nuestro Sistema Planetario;  lo demuestra el Observatorio Astronómico en las ruinas de Uaxactún, en donde se puede apreciar el conjunto de siete estelas que representan a los siete planetas de la constelación solar y otra en el centro de ellas, qué indica el sol; ocho estelas, de donde se ha derivado el nombre de dichas ruinas; (Uaxac) en Maya quiere decir, ocho, (tun) piedra, por lo cual: Uaxac-Tún significa  <<Ocho Piedras>.

 

Por sus posiciones, también se aprecia las entradas y salidas de las cuatro estaciones astronómicas del año, de donde se deja ver que sí conocían los equinoccios y solsticios, lo mismo que las doce constelaciones que aparentemente recorre el sol durante el año.

 

A este respecto dice también el sabio mayista Juan Martínez Hernández, que los astrónomos mayas de hace ochocientos o mas anos, eran en sus predicciones de lunas nuevas mucho más exactos que los europeos del siglo XVI; y hablando del Sistema calendárico de los máyas, refiere, que entre las más asombrosas caracterísüicas de tan perfecto sistema, tal vez la más grande, es la que funcionara sin interrupción o pérdida de un solo día durante un período de muchos cientos y tal vez miles de años.

 

<Esta raza había llegado a construir monumentos y a esculpirlos con signos y jeroglíficos que son hoy el asombro de los sabios.>

 

Uno de tantos monumentos levantados por ellos, nos habla el eminente sabio mayista Morley, la Estela número 10 de Tikal, al norte del lago del Petén, <<revela cómo los sacerdotes astrónomos mayas del Viejo Imperio, habían logrado una concepción de la medida del tiempo que abarcaba hacia el pasado una estupenda Era de más de sesenta millones de años>.

 

El escritor, licenciado Virgilio Rodríguez Beteta, autor de la obra intitulada <Guatemala Gránde> (Petén-Belice), en la página 40, párrafo 3º , tomo II al hacer <<una sinopsis de lo que realizaron los mayas en el territorio del Petén-Belice”, se expresa así: <<Oigamos una hermosa síntesis de lo que hizo el Maya, casi un himno fervoroso en su loor, puesto en labios de un escritor extranjero, de un divulgador bien informado. Oigamos a Robert E. Martin en un artículo publicado por la. famosa <Popular Science>,  prestigiosa revista de Chicago, traducido por el Boletín del Museo Nácional de Arqueología,”Historia y Etnografía de México (1932).

 

Dice esta síntesis sobre las conquistas realizadas por los mayas en los campos del trabajo, la ciencia y el arte: <<Su propia historia grabada en monumentos de piedra, indica que los mayas cimentaron su grandiosa civilización seiscientos años antes de la Era cristiana. Poco se conoce de sus primeros días. Incontables testimonios históricos demuestran que a fines del siglo primero de dicha era, cuando comenzó la decadencia del Imperio romano los mayas entraron en un período de grandeza y poderío en el que florecieron las ciencias y las artes, cuyo esplendor alcanzó su máximo brillo entre los años trescientos y seiscientos de nuestra era. Talaron intrincadas selvas; segaron pantanos; sacaron piedras de sus enormes canteras y erigieron esplendorosas ciudades

Rodeadas de tierras labrantías que cultivaron intensamente. Construyeron templos guarnecidos de torres, para sus dioses; palacios espléndidos para sus reyes; grandiosos edificios públicos, enormes observatorios astronómicos. Los mayas fueron los griegos del occidente. Como escultores, como pintores, como artífices y como joyeros sobrepasaron a los egipcios. Fabricaron primores de cerámica y fueron maravillosos astrónomos y matemáticos.

 

<<Gracias a su completo dominio de estas ciencias, pudieron idear un calendario cuya recisión supera a la del nuestro,

 

Otro fervoroso investigador mayista, el doctor Spinden, nos dice: <Casi mil años antes dé Cristo, en las tierras bajas y planas del Petén iniciaron entonces (se refiere a los indígenas* americanos primitivos) una civilización propia, llegando a formar grandes riquezas y una vasta población. Construyeron ciudades de piedra, inventaron un sistema de escritura, elaboraron un admirable calendario.

 

-<Sin  embargo, aun en la época de su mayor florecimiento, carecían absolutamente de metales. Ni siquiera una mancha de cobre se ha encontrado en Copán, ni en Quiriguá, ni en palenque. En <<Las Quebradas> los mayas edificaron una ciudad sobre de una gi_na. de oro, pero no usaron el oro que estaba en el subsuelo. Esculpían grandiosos monumentos con instrumentos de piedra.

 

<<La cronología de los antiguos mayas, cuya gran era se cuenta en los primeros seis siglos de la óristiandad,-estaba más adelantada que la de los griegos. Descubrieron los mayas el cielo metódico de los griegos y que es la correspondencia qué hay entre 19  años tropicales, y 235 lunaciones. Pero introdujeron en este ciclo una corrección que lo hizo mucho más exacto que como lo conocían en, aquel tiempo los griegos. Los mayas teñían un año calendario de 365 días, en el que no figuraban días bisiestos, sino calculaban que 1,508 de estos años de 365 días equivalían a 1,507 años tropicales o verdaderos. El error que había era apenas de cincuenta _y dos diez milésimos de día, mientras que los egipcios en su ciclo de 1,460 años incurrían en un error de doce días. Los calendarios respecto a Venus son admirables, cubriendo millares de años con entera exactitud. Los mayas fueron los primeros pueblos del mundo que usaron un verdadero cero en las matemáticas> (Spinden, plática ante la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala).

 

Y citemos finalmente a Morley, el mayista más estudioso, consagrado y fecundo de nuestra época: llama al sistema cronológico de los mayas <<una de las obras más brillantes de la inteligencia humana,>>. Y como resumiendo cuanto se ha dicho de los mayas, nos dice: <<Cuando consideramos los adelantos materiales de los antiguos mayas en arquitectura, escultura, cerámica, arte lapidario, trabajos de pluma, tejidos y tinte de algodón, y las sumamos a sus progresos del orden abstracto intelectual: invención del sistema matemático de posiciones, con la concepción concomitante del cero; construcción de una cronológica acabada con un punto fijo de partida; uso de un cómputo dé tiempo tan exacto como nuestro Calendario Gregoriano; conocimientos de astronomía superiores a los antiguos egipcios y babilonios, etc., y si juzgamos toda esa labor a la luz de los escasos medios materiales de cultura, comparables con los de la antigua edad neolítica del Viejo mundo, no podemos menos que proclamarlos, sin temor de oontradicción, el pueblo aborigen más brillante que ha existido en el planeta> (Morley, Guía de Quiriguá).

 

Con respecto a la población del Antiguo Imperio de los mayas, los arqueólogos aI servicio de la Cárnegie Institución, de Washington, en Uaxactún, han llevado a cabo investigaciones minuciosas a base de técnica. En Uaxactún, centro del Imperio Maya de Guatemala, tales estudios tienden a confirmar el tipo de ciudad constituida por la pequeña área de tierra destinada a centro cívico religioso. En ese Centro se levantaban los edificios públicos, templos, palacios y monumentos, distribuidos alrededor de patios y plazas centrales; las casas de los nobles y personas principales rodeaban a estos edificios, y las rancherías del pueblo y de la población agrícola. se extendían hacia afuera en todas direcciones por varias millas.

 

Sobre esta base se hizo la estimación del número de habitantes que pudo tener Uaxactún, mediante el siguiente procedimiento: se trazó sobre el terreno una cruz, cuyos brazos se prolongaron en el sentido norte-sur y Este-oeste. El centro de ésta cruz coincidía con el grupo principal de ruinas. Cada brazo, de 400 yardas de ancho y una milla de largo, fue dividido en 68 cuadros de  100 yardas por lado. Luego investigáronse, cuadro por cuadro, los cimientos indicadores de las habitaciones existentes en la antigua ciudad y calculando un promedio de cinco personas por familia y descarfando todas las áreas destinadas a –edificios religiosos, públicos, etc. se obtuvo una densidad de poco más de mil individuos por milla cuadrada. Aun suponiendo que solamente uno de cada cuatro terraplenes-viviendas haya estado habitado al mismo tiempo, el número de personas por milla cuadrada sería de 2,777, aproximadamente, la misma densidad de la del Estado de Nueva York, y más o menos de la del Estado de Rhode Island.

 

Dice Morley a este respecto: <<Por supuesto, es imposible decir ahora con exactitud qué área estaba destinada al centro religioso y gubernamental en Uaxactún, pero si fijamos arbitrariamente un límite medio de 10 millas del centro  para el área ocupada por Ia población agrícola dependiente de este centro, población que se acostumbraba reunir en Uaxactún para sus ceremonias religiosas más importantes, su comercio y el plan comunal de construcciones, basado en una densidad media de 271 habitantes por milla cuadrada, tendríamos una población de 50,000 individuos en números redondos. Además de este número, unos 15,000 o sea dos de cada siete, debe suponerse que tenían empleados trabajadores, hombres y jóvenes, una porción de cuyo tiempo estaba al servicio de la ciudad para obras públicas, tales como trabajos en las canteras, en los hornos, transporte de materiales construcción y mantenimiento del camino, tarea tremenda esta última, en donde la vegetación crece tan rápidamente. Uaxactún, como lo hemos visto, era una ciudad de segunda clase. Luego si un centro de rango secundario pudo contener una población pudo contener una  población de 50,000, número que, debemos recordar, está basado en el supuesto de que el25% de los habitantes hubiera sido ocupado simultáneamente en el círculo de 20 millas que rodea a uaxactún, tanto puede estar en 50 o quizá en 75% abajo de la realidad, las ciudades de primera clase,  tales como las metrópolis  del viejo imperio, Tikal y Copán y las del Nuevo imperio Chichón Itzá y Uxmal pueden fácilmente haber tenido una población agrícola dependiente de ellas de 200,000 almas, o más alcanzado talvez a 60,000 los empleados al servicio del estado.

 

<<En cuanto a la población total de la península de Yucatán en los últimos tiempos del viejo imperio (octáva centuria), cuando la extensión geográfica de la civilización Maya alcanzó su máximo, debió ser bastante superior a la de hoy día, quizá tres o cuatro Veces mayor.

<Describiendo únicamente el corazón de la región del viejo Imperio, un área de 50 millas por lado, con centro alrededor de Tikal o Uaxactún, yo he declarado en otra parte que las evidencias se multiplican de que esta sección del Viejo imperio era una de las áreas mas densamente pobladas (dentro de su tamaño) en el mundo durante las primeras ocho centurias de la era cristiana y la ocupación de la tierra ente los diferentes grandes centros como Tikal, Xaltún, Nakún, Naranjo, etx., debió ser prácticamente continua.

 

Otro arqueólogo escribe: si tomamos una población de 8,000, una progresión de 8,000 se encontrará después de diez multiplicaciones. Esto no es excesivo para 1,200 años de evoluición social sin disturbios, y verdaderamente parece que las fuertes condiciones urbanas de la sexta centuria exigen un número mayor.

 

Continua Morley: “extendiendo las cifras obtenidas del recuento de viviendas en uaxaxtún a toda la península, podemos estimar el área total de la peninsula de Yucatán en 100,000 millas cuadradas en números redondos, la mitad de la cual puede, quizás, ser considerada como habiendo sido habitable.

 

“Aceptando de 271 a 1083 personas por milla cuadrada lo cual depende de considerar que sólo la cuarta parte, o bien, el total de la viviendas fueron ocupadas simultáneamente, logramos una estimación de un minimum de 13,300,000 a un maximun de 53,000,000. Como nuestro control no es suficientemente seguro como para tener absoluta confianza en estas cifras, la expansión al norte en el apogeo del viejo Imperio, pudo haber muy bien comprendido una población para toda la península aproximada a la cifra menor, quizás tanto como siete veces el total de  los grupos que hablan Maya en esa misma región hoy día. Cuatro o cinco veces sería un cálculo conservador.>>

 

Este Gran Imperio, cuyo territorio abarcaba los actuales Estados de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco, Belice, parte de Honduras y El Salvador y con una población, como se dice en los párrafos anteriores, de poco rnás o menos de 13.300,000, como mínimum, según los cálculos del doctor Morley, fue perdiendo paulatinamente su esplendor a causa de sus guerras civiles, las largas sequías que originaron ei hambre y como consecuencia las pestes y pérdida completa de la agricultura, a tal grado, que en los primeros siete siglos de la Era cristiana, ya casi la mayor parte de la población había emigrado hacia el norte, para establecerse en la Península de Yucatán y Campeche, quedando por consiguiente, todo el territorio de El Petén, completamente despoblado, dejándonos de toda aquella gran magnificencia y como un recuerdo indeleble, los vestigios de una civilización muy avanzada; vestigios que son hoy la preocupación de los grandes hombres de ciencia.

 

A este respecto, refiere Rodríguez Beteta en su obra <El Libro de Guatemala Grande>, eu€ existen diez hipótesis entre las más conocidas que tratan de explioar la caída y desaparición del Imperio Maya y éxodo de sus habitantes. Desde la explicación basada en supuestos cambios climáticos, períodos de lluvias catastróficas y aun terremotos, hasta las últimas mejor basadas y que tratan de explicar aquel sorprendente acontecimiento, que puso fin a la historia de los mayas de Guatemala, por medio del argumento de la insuficiencia a que llegaron las tierras para poder seguir alimentando a la numerosísima población desarrollada a través de mil años intensos.

 

El mayista doctor Ellsworth Huntington (La Civilización Maya y los cambios climáticos) sienta la teoría, de que debido a fenómenos solares y fuertes alteraciones de la temperatura hacia el siglo VI (siguiendo la hoy modificada correlación de Spinden, en que el año 68 D-C vendría a ser Ia más antigua fecha esculpida en las Estelas mayas), lluvias torrenciales se desataron en forma extraordinaria sobre estas regiones del imperio, haciendo extrema la humedad de la tierra, de suerte que los primitivos sistemas agrícolas del Maya tuvieron que fracasar

 

Una de las comprobaciones del argumento sería, que, la ciudad de Tikal, la más grande del imperio, fue abandonada hacia el año 609, fecha. que viene a coinoidir con la de aquellos fenómenos que, tanto Huntington como Julián Huxley, sostienen haber ocurrido.

 

De la misma manera, con el exceso de lluvia <la vegetación creció con tanta exuberancia, que el Viejo fmperio se vló en la imposibilidad de combatir la invasión de la selva con instrumentos de piedra, y tuvo que trasladarse a regiones más feraces>>.

 

De estas dos teorías (Huntington y Huxley), tanto como la del empobrecimiento de la tierra (de que es principal sostenedor Morley), se inclina Mitchell a creer que más bien fue una completa sequía o falta de agua, y no un exceso de ella por las lluvias, lo que no pudo haber sido causa del abandono de Uaxactún, a” juzgar por- la falta de depósitos y fuentes de agua que hoy se observa en los alrededores de estas ruinas.

 

Según Mitchell, la falta de agua dio origen a la caída y el éxodo de los habitantes de las ciudades de Tikal, Uaxactún y vecinas del centro-norte petenero, retirándose más al norte en busca de mejores medios de vida; porque aquellas extensas y fértiles planicies, regadas en todas direcciones por innumerables ríos y con majestuosos lagos, ricos de toda clase de peces, ya que no les sirvió de ningún aliciente para conservar su población por haberse convertido en dilatadas e inmensas sabanas o praderas, faltas completamente de vegetación, que si bien, a nosotros nos pueden servir hoy para la crianza de cientos de miles de cabezas de ganado de todas clases, a ellos no les servían para trabajar sus sementeras y proveerse de los más indispensables artículos de primera necesidad, por lo que se vieron obligados a

emigrar paulatinamente a otros lugares en donde las inclemencias del tiempo les fuera más tolerables y los terrenos más feraces.

 

Bernardino Lizama (Historia de Yucatán) refiriéndose a estos acontecimientos, dice: <El éxodo de los mayas del Viejo Imperio al norte de la península de Yucatán, se deduce que tuvo Lugar durante el período comprendido entre los años 541- y 628 de la Era cristiana>>. Y según las fechas mas/as más recientes encontradas en el área ocupada por ellos en El Petén, 1o confirman; siendo la más importante, la piedra que se encontraba en la ruina Maya de <Ixlú>, próxima a las playas orientales del lago Itzá, frente a la aldea El Remate, en donde también existían juntamente con otras estelas, el célebre Calendario Maya, que cual reliquias de nuestro pasado histórico, se exhiben en la actualidad, frente al Parque Municipal de Ciudad Flores, cabecera departamental de El Petén.

 

Esta famosa Estela, lo mismo que otras, como se dice arriba, tiene esculpida una fecha que al decir de los arqueólogos, equivale a los años 547 y 628 de nuestra Era; por lo que se infiere, que aquellos remotos pobladores abandonaron sucesivamente las ciudades que habían florecido en El Petén. Iniciando el retiro de millares de seres humanos hacia el norte en busca de las planicies de Yucatán, por cuyos motivos, todo el territorio que hoy comprende El Petén, quedó por un espacio de ocho centurias, poco más o menos, completamente inculto, cubriéndose de una perenne y exuberante vegetación y preparándose, como se puede decir, para esperar el advenimiento de los itzáes.

 

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