EL DESCUBRIMIENTO DE LAS RUINAS DE TIKAL

Posted on agosto 7, 2011

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EL DESCUBRIMIENTO DE LAS RUINAS DE TIKAL

Escrita por Prof. José Manrique Godoy Navas.

NARRADOR:

Bajo el embrujo de un pasado milenario que encierra la más grande expresión de nuestros nobles antepasados, se yergue como cátedra de piedra ciudad de los Mayas: Tikal. En la parte noroeste del legendario Petén saturada por la clorofila sacrosanta de los vegetales y el vocinglero lenguaje de una variada fauna, los grisáceos templos de Tikal, reviven el eterno complejo misterio de una raza que legó al mundo la marca inigualable de una sabiduría sin precedentes en la historia de la humanidad.

Cómo surgió a la vista de los habitantes de Petén, de Guatemala y del mundo entero, la ciudad de las Voces como también  se le llamó a Tikal. He aquí su historia:

Se cree que a finales del siglo XVII algunos misioneros españoles en viajes de conquistas pacíficas religiosas, tuvieron un vago conocimiento de las ruinas de Tikal, asegurándose que pasaron por ellas; pero las ignoraron, quedando todo en el más completo misterio. Asimismo algunos historiadores  indican que en el siglo XVIII vivieron en dicho lugar algunas tribus descendientes de los mayas; pero nadie ha podido con certeza señalar cómo y qué forma de vida sustentaban dichas tribus, ya que los datos de la historia con respecto a esto, son completamente vagos.

Así llegamos al año 1,848. En el mes de febrero de ese año, en el pintoresco pueblo de San José ubicado a orillas del majestuoso lago Chaltunhá un hecho trascendental haría grabar más tarde en la historia patria y de Petén una gloriosa página que llegaría a enorgullecer el abolengo de esta tierra del Itzá y dejaría un legado histórico de inapreciable valor para las generaciones venideras.

SE ABRE EL TELON

APARECE una pequeña estancia, con una mesa en el centro, varias sillas unos cuadros en la pared, las paredes son de bajareque  y el techo de huano. En el centro de la mesa sen encuentra el Señor Gobernador, el Alcalde Don Ambrosio Tut, a su lado aparece un escribiente que sostiene un grueso libro antiguo en las manos, donde parece escribir algo con un pluma antigua.

El gobernador (actualmente alcalde de San José don Ambrosio Tut y un escribiente del lugar hacen pasar a dos vecinos que pos su apariencia trabajan en la montería), después de saludar a don Ambrosio Tut le indican que hace algunos días andando en la chiclería en la selva se internaron por unas veredas que eran apenas conocidas y que después de caminar por más de dos días se dispusieron a acampar en un lugar que para ellos podría llamarse un campamento más o menos con las vueltas que seguía la vereda, dicho campamento estaría como a treinta leguas de San José. Estando ellos allí, pudieron darse cuenta de que en lo mas intrincado de la selva, se levantan unos edificios antiguos que tienen la apariencia de iglesias; pero en forma  distintas de las iglesias españolas, están cubiertas en gran parte de tupida vegetación y ellos cumpliendo con su deber de vecinos conscientes le vienen a dar parte de lo que han visto, pues por temor a perderse no quisieron explorar dichos lugares.

Don Ambrosio Tut, escucha atentamente la narración, mientras se escribiese todo lo expuesto. Don Ambrosio les indica que él también quiere o conoce lo que están contando porque ha llegado hasta ese lugar donde se encuentra la ciudad antigua con sus legendarios templos. Sin embargo dentro de la honestidad que caracteriza no ha divulgado la presencia de estas maravillosas ruinas hasta que no sea con la suficiente capacidad y conocimiento de una versión real de esto, que quedará grabado en la historia. Los vecinos también indican que ellos no se sintieron competentes de llegar al lugar, pues en realidad, lo inaccesible se los impidió así como la duda sobre de los que se trataba. El señor Tut les manifiesta que por ser esta noticia de gran importancia para la vida del país y del mismo pueblo de Petén su deber es el de informar al señor Corregidor de Petén, Coronel don Modesto Méndez, para que él como representante del Supremo Gobierno haga las diligencias del caso.

Agradeciéndole a ellos su colaboración en bien de la patria y diciéndoles les acompañan el día siguiente en su visita al señor Corregidor, se despiden los vecinos con el respeto que merece la autoridad del pueblo.

NARRADOR:

Es así como a la mañana siguiente encontramos a don Ambrosio Tut acompañado de los vecinos en el despacho del Señor don Modesto Méndez.

SE ABRE EL TELON

(Aparece el coronel Modesto Méndez en su despacho, hay una mesa ancha, varias sillas antiguas, un escudo, con él se encuentran dos empleados del corregimiento, todos parecen escribir).

NARRADOR:

Entran en ese momento don Ambrosio Tut y los dos vecinos de San José, saludan al Corregidor quien les invita a que se sienten, los vecinos permanecen de pie. Don Ambrosio Tut inicia la narración dándole todos los detalles del relato ¿qué les han hecho los dos campesinos, así mismo da también algunos informes comprobados por él mismo. Don Modesto Méndez extrae un croquis de los que es el departamento o corregimiento de >Petén, lo extiende sobre la mesa y ambos se dedican a localizar el lugar. Acto seguido el Coronel Modesto Méndez manda a llamar a dos empleados de la municipalidad así como a dos ciudadanos de la Ciudad, para esto utiliza a uno de los empleados quien sale a cumplir  su cometido.

Continúan los señores Tut y el Coronel Modesto Méndez localizando en el croquis las famosas y legendarias ruinas que tanta admiración han despertado.

¿Qué misterio encierra el embrujo de esas ciudades perdidas?

¿Qué nueva y grande aportación quedará grabada en las páginas invisibles de la historia patria? El telón de un legado indígena con su grandiosa inigualable cultural quedará expuesto al mundo de hoy y un futuro?

Entran los munícipes y los dos vecinos honorables, a quienes Don Modesto Méndez les expone el motivo de su llamado y la enorme responsabilidad ante la historia que les tocará vivir.

Después de discutir cuál será la mejor decisión a tomar. El coronel don Modesto Méndez manifiesta que hay que comprobar la existencia de las ruinas indígenas y para ello es necesario que una expedición bien conformada salga de la ciudad hacia el lugar mencionado. Se dispone la salida para dos días después. La expedición irá bajo el mando del señor corregidor don Modesto Méndez y formarán parte de ella don Ambrosio Tut, dos munícipes, tres vecinos conocidos de la ciudad, los dos vecinos de San José, como guías y conocedores de las distintas veredas y atajos de la selva, ocho soldados  de la guarnición, así como el dibujante don Eusebio Lara.

Todo queda ordenado y las personas se despiden del señor Corregidor para preparar los últimos detalles de la magna e histórica expedición.

TELON

Durante los días que faltan, se hacen los preparativos, un enjambre de personas se dedican a contribuir aunque sea en una mínima parte. Se alistan las provisiones, las armas, las medicinas, los mosquiteros y todo aquello que servirá para la grandiosa jornada. Así llegamos a los últimos días de febrero de 1,848 y una hermosa y fría mañana color pitahaya sorprende el grupo de valientes exploradores, internándose en la espesa selva al nordeste de San José, después de haber llegado allí atravesando la laguna grande en cayucos.

(se abre el telón y aparecen caminando en la selva)

NARRADOR:

Allá van los héroes en lo más recóndito de la selva, portentosos cedros, chicozapotes, caobas, y otros grandes gigantes vegetales, son testigos mudos de la histórica empresa, las matas de polo, chechén, shate, y bayal, también contemplan absortos la proeza del hombre que busca y hace su historia. A cada instante la selva cobra vida, con la figura del cobolito, del faisán, el pavo dorado, el canto del cobanchac, el imperceptible sonido del venado, el ronco estertor de la boa, y el zumbido constante y monótono de los insectos multicolores que inundan con sus manchas grisáceas las húmedas veredas y el bisbiseo terrible de la nahuyaca.

Las largas jornadas terminan al caer la noche y así alrededor de una fogata (se apaga la luz) y con los ruidos fantasmagóricos de la selva acampa el grupo, siempre atentos con sus vigias, turnándose durante la noche tropical (se enciende la luz) así durante cinco días, pernoctándose en los campamentos del guineo, el Caldero, el Lagarto, el Zapote, el Palmar, llegan hasta el Juleque y desde el cerro del Yesal ¡Oh maravilla! Se descubren las crestas de los templos de aquella gran ciudad sagrada orgullo de los Mayas y hoy llamada Tikal.

Al llegar al lugar quedan asombrados ante la grandeza indescriptible de aquellas joyas arquitectónicas. El corregidor don Modesto Méndez desenvainando su espada pronuncia estas palabras:

“Yo debo cumplir con mi deber pues me sería sensible que otros curiosos extranjeros vengan a dar publicidad a todos los objetos que estoy viendo y palpando. Vengan en hora buena esos viajeros con mayores posibles facultades intelectuales, hagan excavaciones al pié de las estatuas, rompan los palacios y saquen las curiosidades y tesoros que no podrán llevar jamás sin el debido permiso; pero nunca podrán nulificar ni eclipsar el lugar que me corresponde, al haber sido el primero en descubrir estas ruinas sin gravar los fondos públicos les abrí el camino y tuve el honor de comunicar al supremo Gobierno de la República, cuanto interesante y superior se encuentra en la capital de este imperio, sin mirar el interés personal o particular, únicamente satisfecho y persuadido que mi persona y cortos bienes pertenecen a la Patria, al Gobierno y a mis hijos”.

Don Eusebio Lara dibuja a grandes rasgos los templos, columnas y estelas que quedan visibles en aquella maraña vegetal. Así llegó hasta lo más recóndito del mundo la existencia de Tikal y con ellas también la gloria indiscutible del ilustre petenero que por primera vez tomará posesión de las ruinas en nombre del supremo Gobierno.

Loor al coronel Modesto Méndez descubridor oficial del Tikal y que las páginas de la historia rindan también homenaje al insigne don Ambrosio Tut como hombre que vislumbra por primera vez la sagrada ciudad de las voces. Tikal. Hoy y siempre entre los legados imperecederos de la historia, el recuerdo de esta proeza debe vivir impregnado en la conciencia de todo guatemalteco y especialmente petenero, para que las futuras generaciones sepan enaltecer las memorias de estos preclaros varones que durante sus actuaciones siempre lucharon por legarnos un Petén y una patria mejor.

Transcribió: Jhonatan Belisario Cordón Burgos

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