LA SANTA CALAVERA

Posted on agosto 7, 2011

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LA SANTA CALAVERA

Nico cohuoj apuró el vaso de indita en una de las cantinas cercanas a la playa del bello pueblo de San José, Petén. El ambiente era denso por el humo de los cigarros y para hacerse escuchar había que levantar la voz pues el coro caso ininteligible de los parroquianos en las diversas mesas, semejaban el croar de las ranas en la época de invierno.

 

Esas son piras babosadas- decía Nico Cohuoj a su interlocutor,- no se debe confundir los hechos de la iglesia con cosas paganas- replicó. –Estás equivocado- le dijo Pedro con mesura, -son tradiciones de nuestros abuelos.

 

-yo que chingados sé de quines son esas calaveras- dijo , todavía haciendo un gesto feo luego de sorber una vez más medio vaso de indita, al tiempo que tomaba una rodaja de limón.

 

La discusión giraba en torno a la celebración tradicional de ese día, única en San José, pues el 1 de noviembre celebran la procesión dela SantaCalavera, una actividad de mucho contenido cultural y antropológico, que de manera sincrética mezcla lo religioso con un dejo de influencia maya itzá.

 

Ese día a partir de las seis de la tarde, luego de una misa solemne, una de las tres calaveras que permanecen en la iglesia. Saldrá en compañía de toda la población a visitar mediante un ritual interesante, una a una, muchas casas durante toda la noche, en acción de gracias, petición por los difuntos y prosperidad para la gente. Es un ritual que concentra la actividad de toda la población y en el cual es palpable el fervor con que los vecinos esperan ese día año con año, pues es una tradición que perdura por su vinculación religiosa.

 

Ya con la mirada un poco perdida, luego de varias dosis de “agua espirituosa”, Nico Cohuoj argumentaba con mayor fuerza de voz sobre su convicción de que tal celebración debería terminar. No es posible – afirma –que ese montón de gringos peludos y demás gente nos venga a mirar como animales raros, como cuando los conquistadores nos vinieron a joder.

 

Pedro Canté con la voz quebrada por el licor, pero con buen sentido común contestó: entendés mal, voz Nico, ellos están aquí porque se interesan por nuestra cultura.

 

-vayan a la mierda gringos explotadores-chilló Cohuoj.

 

-tranquilo voz, no te alterés- grito un parroquiano de otra mesa.

 

Entre otros tópicos, la plática se fue modulando ante la reticencia de Nico de aceptar esta tradición ancestral.

 

Nico Cohouj, vecino del lugar, diariamente hacia el recorrido por lancha para trasladarse al área central del Petén, donde trabajaba en una oficina gubernamental, por las tarde regresaba, cabalgando la lancha por esas bravías olas, producto del viento del este de la laguna grande, que por la tarde saluda con fuerza al paradisíaco pueblo de San José. Ese día de 1990 era feriado y Nico lo disfrutaba en la cantina, sin importar la tradición dela SantaCalavera.

 

Ya entrada la noche salieron de la cantina Nico Cohuoj y su amigo Pedro. Iban abrazados y desde lejos podía notarse el efecto causado en ellos luego de toda una tarde en la cantina. Como por inercia tomaron la empinada cuesta que conduce hacia la iglesia, danto traspiés ante una inusitada invasión de visitantes.

 

Al llegar a la iglesia y al descubrir en el atrio a un grupo de amigos, Nico con esa voz distorsionada de los ebrios, les dijo: ¡A la puta! ¡Ustedes también vienen a ver esta babosada..!. Los jóvens sonrieron timidamente, haciendo caso omiso de otros insultos con que los terminó de saludar.

 

Ingresó a la iglesia, arrinconándose en una esquina. Un barbado cura español con floridos ademanes y gestos celebrada misa y en el altar, tres calaveras en una urna, llamaban la atención de un conglomerado que abarrotaba la iglesia, y cuya concurrencia-dicho sea de paso- en su mayoría no eran de San José, pues la feligresía del pueblo hubo que quedarse parada, dado que al llegar a la iglesia, las bancas virtualmente habían sido tomadas por asalto por extranjeros y guatemaltecos no vecinos de San José. Además los reflectores de las tomas de video y los flashes fotográficos contrastaban con el parco misticismo que impregnan los pobladores a esta fecha.

 

Con un poco más de respeto, Cohuoj, comentó a un feligrés lo siguiente: -La misa no la deben confundir con esas calaveras, que no tienen nada que ver con el catolicismo-. El otro lo miró de soslayo, no le contestó y de manera disimulada cambió de posición.

 

Acabada la misa, salió la procesion con la calavera al frente y en medio de un prolongado repique de campanas. Un impresionante grupo de seguidores, Nico Cohuoj trastabillando entre ellos seguía al prioste y la calavera. Durante todo el recorrido, Cohuoj siguió profiriendo insultos a las calaveras y descalificando la tradición. Su compañero Pedro sigilosamente se había separado de él al notar que la gente le hacía algunas miradas de abierta desaprobación.

 

-Tiren al carajo esa calavera, ¡Coño! – gritaba Nico de manera seguida y cada vez la procesión salía de una casa para dirigirse a otra. Mucha gente fue a decirle que se callara y lo único que consiguió fue una mayor proliferación de insultos.

 

Como a las diez de la noche decidió abandonar la procesión y desde la pare mas alta de San José, bajó en busca de su casa. Tomó un callejón estrecho, que no pudo reconocer, y al intentar regresar, vio al extremo a una señora embozada en una manta blanca que le obstruía el paso. Al acercarse unos diez metros de lamisca, observó que sus facciones eras las de una calavera, al mismo tiempo que oía una resonante carcajada.

 

Nico Cohuoj sintió un escalofrío que dominaba todo su cuerpo y con un sudor copioso, salió corriendo en la dirección opuesta, doblando el callejón. Al voltear de nuevo, se dio cuenta que la señora lo seguía. Siguió corriendo cada vez mas temeroso, sintiendo las piernas muy pesadas y las carcajadas cada vez más cercanas.

 

Tomó otro oscuro callejón, cada vez más rápido y al voltear nuevamente se topaba con esa mirada fría y cadavérica de la calavera que con una risa diabólica lo seguía blandiendo la guadaña. El corazón le latía aceleradamente y un miedo espantoso invadía todo su ser.

 

Sintió que la calavera le seguía a escasos dos metros, quiso acelerar, pero ya no pudo más. Las carcajadas las sentía justo detrás de la cabeza. Se sintió atrapado, pero aún corría.

 

Una mano huesuda le tomó de cuello con una fuerza brutal. Forcejeó y logro zafarse, corrió de nuevo, con tan mala suerte que tropezó con una piedra y fue a caer estrepitosamente como a dos metros de distancia, dándose un tremendo golpe. Vio la  sombra de la calavera que se le tiraba encima.

 

Se levantó jadeante, la respiración sumamente agitada, esta bañado en sudor. Se dio cuenta que estaba en el suelo. Este incidente no pudo explicárselo jamás y a todo aquel  que se lo contó lo miró con la mirada incrédula de quien recrimina a un farsante. La realidad tiene una frontera sutil con la ficción y los hechos para nosotros son la ficción de los otros comenta Nico al referir su historia.

 

Lo que si es cierto es que Nico Cohuoj se prometió ya no volver a tomar más la víspera a del 1 de noviembre, el día dela SantaCalaveray en cambio asistir religiosamente a la celebración.

 

 

 

 

 

 

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