LOS JUGADORES DEL ATRIO

Posted on agosto 7, 2011

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LOS JUGADORES DEL ATRIO

AEMC. Ascensión E. Morales Cetina

Don Cristino, contaba en el marco de su puerta recibiendo el fresco aire de verano, abrió al antiguo libro y empezó a leer….”Cuando aún dolores era Cabeza de Curato, sucedió el hecho, que para la posterioridad, dejamos aquí escrito así:  todas las noches de los viernes de Cuaresma, a eso de las doce, cuatro embozados se juntaban en el atrio de la Iglesia colonial de este pueblo, se reunían para jugar a los naipes, alumbrándose con una débil luz de ocote”.

Mas tarde, se estableció que los nombres de los jugadores eran; Tomás, Tiburcio, Teodoro y Transito.  Los cuatro portaban en la espalda una T grande de color morado.

Los tahúres nocturnos, por lo regular se retiraban a las cuatro de la mañana, hora que los milperos ya pasaban a sus sementeras.

En esa época, (1800) existía la tradición y costumbre que toda persona al salir del pueblo, debía pasar frente al templo, antes de las seis horas, a por lo menos santiguarse,  Venía esta cuestión consuetudinaria de los mas antiguos pobladores de Dolores.

Continuo leyendo don Cristi:  Ocurrió que a partir del segundo viernes de aquella cuaresma, a los cuatro T, se agregó un quinto personaje, cuyo nombre jamás se supo; como siempre llevaba para jugarlas monedas de oro puro, nunca se opusieron, mas bien lo acogieron sin reparo alguno y sin entrar en sospechas de nada.

Dentro de la población, se sabía de estas extrañas reuniones, pero por el momento, nadie se atrevía a entrar en mayores detalles ni averiguaciones, por lo demás, a esas horas, los moradores ya se encontraban recogidos en sus hogares, solamente salían por alguna emergencia.

¿Pero como se supo todo eso?

Sigamos con don Cristi la lectura de tan añejos infolios, amarillos y casi destruidos por el tiempo….Llegó el Viernes Santo de ese año (1800), los embozados se presentaron como de costumbre a las doce de la noche, a los cuarenta y cinco minutos se les unió el de las monedas de oro, quien llegó muy bien vestido, peinado, zapatos brillantes, bastón con empolladura de oro, reloj de bolsillo y la respectiva leontina, el sombrero era de copa y color negro intenso una plumilla de ave en el ala derecha..

Empezó la primera partida…la segunda…la tercera….la cuarta….la quinta…cada una de las cuales las fue ganando Tomás….Tiburcio, Teodoro y Transito, prácticamente, se llenaron las bolsas de oro en moneda….estaban deslumbrados y como en todo jugador, la ambición

Crecía geométricamente…..A pesar de ser de madrugada, se sentía calor intenso, pesado, no común, las ramas de los árboles estaban quietas, el cementerio cercano se inundaba con el silencio sepulcral.  Dentro del templo, solo ardía la luz del Santísimo, las campanas ya centenarias con su badajo colgante y el rectángulo de la plaza publica, eran los únicos testigos de la casi lúgubre junta de los amigos del “azar”.

A eso de las cuatro y media de la madrugada, el hombre del sombrero negro púsose de pie, arengo al grupo y después de fuertes palabras se armó una seria discusión, los ademanes casi daban  a conocer la forma de una pelea entre “el bien y el mal”.

De repente el extraño personaje, de un soplido apagó la ondulante llama de ocote, con la punta de su bastón, fue dando estocada a cada uno precisamente, a la altura de la tetilla izquierda.  Al cabo de un cuarto de hora, los cuatro T eran cadáveres tendidos en plena gramilla del atrio del templo del pueblo de los Dolores.

Por ultimo se oyó una fuerte y desenfrenada carcajada que como el eco resonó largo rato por toda la comarca.  El sitio donde estuvo parado el visitante, quedó chamuscado y al desaparecer éste, en el área se sintió un fuerte olor a azufre; por ultimo se internó en la parte posterior del templo, desapareciendo por completo.

Al amanecer, los primeros madrugadores dieron cuenta con el macabro hallazgo, inmediatamente tocaron las campanas, llamaron al Alcalde Primero y en cosa de minutos, el atrio se encontró repleto de curiosos.

Al proceder a identificar al Cuarteto T, se supo quienes eran por el anillo que portaban y que tenía inscritos el nombre de cada uno de ellos, asimismo, se comprobó el color lila del embozo.

El señor Cura Párroco que en esos momentos llegaban de Santa Bárbara, actual Machaquila, después de rezar las oraciones POST MORTEM Y derramar agua bendita, exclamó con voz solemne: ASÍ SE VESTÍAN LOS NAZARENOS EN LA MUY LEAL Y NOBLE CIUDAD DE SANTIAGO DE LOS CABALLEROS DE GOATHEMALA……….

Don Cristi, muy pensativo, cerró el Vetusto libro, llenó de tabaco cultivado en las tierra de Dolores su pipa, la encendió, echó varias bocanadas de humo al aire que se perdieron en el infinito, recostó su blanca cabeza en el arco derecho de la casi caída puerta, y casi mentalmente se dijo: DIOS NOS LIBRE DE SATANAS, BAJO SUS DISTINTAS FORMAS, Y DE SUS COMPINCHES…….”Así sea”, respondió su esposa que ya estaba parada detrás de él y traía unos pedazos d camote bien frito con su pocío de café…..

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