NOCHE DE LUCIÉRNAGAS

Posted on agosto 7, 2011

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NOCHE DE LUCIÉRNAGAS

(Representación a dos Cuadros)

Texto: Prof. Rafael Romero Sosa

PRIMERA ESCENA:

EXPLICACIÓN DEL CUADRO:

Un bosquecillo a la orillas del lago  con muchas hojas y olas. Bosque frondoso, obscuro; solamente se ven brillar “Luciérnagas” (foquitos navideños tapados con cartones agujereados, luces intermitentes). Se oye el canto de la lechuza que pasa  (hilo negro). Aparece una pareja de enamorados (sombras), se abrazan, se besan, se sientan en el tronco de un árbol, platican…. (Penumbra: luz muy tenue y a cada rato más clara sin llegar a luz blanca. Mejor luz azul y después verde). Se oye nuevamente el canto de la lechuza y el posarse a un árbol, los enamorados la oyen, se vuelven a verla asustados y siguen sus desvaríos.

NARRADOR: (telón cerrado)

Es una creencia muy arraigada en los pueblos, que las lechuzas traen augurio a las personas que por las tarde o por las noches las miran o las oyen cantar. Talvez ustedes las han visto y oído y no han pensado en las fatales consecuencias  que traen consigo estos pajarracos grises, con sus gritos penetrantes  y fúnebres, calando hasta los huesos y dejando tras sí un escalofrío hiriente. ¿Quieren oírlo? Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt.

SE ABRE EL TELON

Pues bien, sucedió hace muchos años. Una tarde de esas tardes grises cuando el sol empieza a desaparecer, una familia muy tranquila descansa en un jardín contándose pasajes de la vida ya ida. Se disponen ya para alejarse. Terminó la última anécdota y de pie principian a caminar al momento les inquieta el volar de un pájaro que se posa en un árbol de su jardín. No trataron de ahuyentarlo pero al oír el chillido desgarrador Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt…sintieron escalofríos en sus cuerpos y luego se apoderó de ellos una congoja total, tal que estuvieron a punto de echarse a llorar. Se preguntaban por qué? Y no sabían como explicar ese sentimiento de angustia extrema. Así fueron  a la cama. Al otro día, el padre se dirige a sus labores, el sueño había borrado por completo el fatal pensamiento. Ya habían olvidado la intensidad aflictiva, todo había pasado. Las niñas riegan el jardín, los niños se dedican a jugar, la madre en el hogar haciendo los quehaceres domésticos. Así pasa el día, como pasan los días corrientes llenos de preocupaciones, ansiedades, cavilaciones. Al entrar la noche a pocas horas, corre uno de los hijos gritando ¡papá!…¡mamá…! mi hermano se cayó al suelo no se mueve, y echa espuma por la boca. Corren los padres, miran al niño, llaman al médico; y este diagnóstica CONVULSIONES. Una de las vecinas pregunta ¿Qué hora es?…las seis de la tarde. “No”, dice otra, son las seis y media, “si”, comenta otra, a la mismísima hora, que ayer esa maldita lechuza se posó y cantó en su jardín. Si, habla otra vecina, es el aviso del mal augurio que se cernía sobre esta familia, y se cumplió el presagio del canto de la lechuza.

Bueno, éste es un caso de los muchos que se pueden contar y suelen suceder frecuentemente.

Podríamos contarles muchos más…pero mejor…

SE ENCIENDEN LAS LUCES DEL ESCENARIO

Era una noche obscura, obscurísima, tan negra como la boca de una cueva, negro, tan negra que las luciérnagas parecían luces incadescentes tan potentes y brillantes que iluminaban toda la playa con su intermitencia. El concierto de los grillos y sapos no concuerdan ni en ritmo ni en intensidad con la intermitencia lumínica y el chocar ciego de las olas con su nota discordante en la frecuencia natural. Todo este monótono,  brillo y canto, chillido extraño y escalofriante….Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt…es el ave del mal augurio que pasó…¡la lechuza!

Después de esta interrupción, vuelve la vida a la playa. Otra vez al croar el chillar y el chocar de las olas. Un viento más fuerte mece las ramas y las hojas de los árboles y algunas, las más caducas, caen silenciosas con cadencia de balletista. Buscando un lugar tranquilo y apacible, tomados de la mano… se toman de la cintura… se miran… se abrazan….dan unos pasos, siguen… abrazados dan unos pasos pequeños y se sientan sobre el tronco añosos de un árbol olvidado por un leñador. ¡Qué cuadró más hermoso! Aún en la oscuridad.

La pareja está sumida en un éxtasis sublime. Las horas paras desapercibidas. Nada existe a su alrededor, solo un yo. El amor es egoísta. Solamente se quiere para si mismo todo, con un marco imponderable de naturaleza saturada de polen y de sabia, bajo el manto negro tachonado de temblorosas estrellas y luciérnagas. Esa contemplación continúa por horas que parecen siglos. Allá a lo lejos se oye el Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt…Es tan penetrante e imponente que la pareja se estremece y por sus huesos corre un escalofriante temblor, sudando helado. Del susto se han puesto de pié. La novia buscando protección se aprieta  al varón y juntos buscan en la tupida enramada al intruso animal. Y como no haya sucedido nada, el enamorado pone el brazo sobre el hombro de la amada  y se alejan del lugar. ¡Cuántos sueños e ilusiones bullen en sus mentes enamoradas..!

¿Por qué  les causó terror un canto común  de un ave? ¿O es qué éstos jóvenes sintieron en su interior un presagio…? ustedes se interrogaran…Cuál es la causa? El motivo…el por qué de esa impresión? Lo veremos….

(El telón permanece abierto luego se va cerrando)

SEGUNDA ESCENA:

El mismo bosquecillo. Muchas hojarascas. Los mismos ruidos, luces, sonidos, cantos. Los mismos suspensos. Una serpiente cascabel   se desliza, muerde a la muchacha y huye. La muchacha da un grito, corre, cae, se arrastra. El novio busca al animal; ayuda a la muchacha; busca un palo y con el pañuelo le pone un torniquete y se la lleva cargada. La muchacha muere. La mordida a la misma hora que cantó la lechuza.

NARRADOR:

Pasaron los días. La pareja seguía frecuentando el lugar de sus citas diarias. No les importaba las inclemencias del tiempo. Hiciese frío, calor o lloviese, ellos siempre llegaban al lugar de sus ensueños. Y nada ni nadie los separaría y ellos mismos en sus citas se decían que ni la muerte era capaz de ensombrecer su idilio.

Hubo noches encantadoras, de radiante plenilunio. Noches tibias y sudorosas y calladas, pero…también hubo noches de truenos y relámpagos empapadas de aguas torrenciales. Una de estas noches, que parece que el cielo se viene abajo cuajado de nubes tormentosas de rayos y truenos, pareciendo que gigantes misteriosos se movieran en el espacio atropellándolo todo y descargando su puño aterrador.

Una de esta noches fue…(pausa)

SE ABRE EL TELON LENTAMENTE

Ya pasada la borrasca. Todavía chorreaban de las hojas las últimas gotas de agua; a lo lejos aún se ven los relámpagos disipando las tinieblas, un lejano trueno como un bostezo (pausa) La pareja se acerca al lugar del encanto. Las luciérnagas brillan con más intesidad. Siempre obscura y tenebrosa. Se vuelve al escuchar el Shiiiiiiiiitt. Shiiiiiiiiitt. (la pareja entra a escena).

Después de la tormenta se alborota el croar de los sapos y ranas. Una brisa suave y fría entumece los huesos de los enamorados. Se abrazan con más amor que nunca, como que temieran separarse. Se miran queriendo buscar en sus  el más allá que los agobia. Toma de las manos a su amada y le ayuda a sentarse. A este movimiento, con los pies remueve las hojarascas y un vientecillo helado hace rodar helado hace rodar las hojas las últimas gotas de la lluvia pasada. Suenan las croanzas y poco a poco se van interrumpiendo y callando hasta llegar a un silencio sepulcral. Sopla la brisa y como juguete se oye el agitar de un cascabel. (pausa)… los novios sumidos en su entrega, no oyen, ni ven. Se vuelve a agitar la hojarasca y con ello el sonar del cascabel con más fuerza. La hojarasca cede el paso al animal que se va acercando más y más a los enamorados. Vuelve a sonar más fuerte y la hojarasca se agita. La pareja lo escucha con pánico y al pararse, con los pies atropellan al insolente animal que acometa una y más veces (muerde el cascabel a la novia); la novia suelta el grito angustioso: (grito) ¡me mordió! ¡me mordió! Y más gritos de angustia e histerismo y corre asustada.

El novio sin saber que hacer persigue al animal… corre como loco y regresa, toma a la novia, la sienta en el tronco y le ata la pierna  con u pañuelo a la manera de torniquete. Llorando la toma, en sus brazos (ya muerta) y se la lleva a casa (salen del escenario).

Todo pasó como un sueño. La noche sigue igual. Se vuelve a escuchar el croar de los sapos y de las ranas, el chillar de los grillos, el titilar de las luciérnagas… una lechuza fugaz hace sonar un grito fatídico y egorero…  Shiiiiiiiiitt…Shiiiiiiiiitt…Shiiiiiiiiitt…el mal augurio se cumplió. Desde que se posó en el árbol bajo del cual estaban los enamorados, flotó sobre ellos la fatalidad. Fue a la misma hora que se oyó el  Shiiiiiiiiitt… Shiiiiiiiiitt… Shiiiiiiiiitt…Shiiiiiiiiitt… Fue durante una NOCHE DE LUCIÉRNAGAS.

FIN

Trancribió: José Ricardo Obando Requena

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