CATARSIS II

Posted on agosto 8, 2011

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CATARSIS II

Otro episodio de mi vida alcohólica.

Era un cinco de octubre de mil novecientos cincuenta y siete. Yo trabajaba en una aldea, cuando sucedieron los hechos relacionados con esa vida horrenda de alcoholismo.

Un día viernes, una de las pocas muchachas del lugar, cumplía años, por lo que organizamos un baile. En ese baile, yo tenía un propósito muy definido, pues Aurora mi conquista se había ofrecido irse conmigo esa noche después de haber terminado el baile, la condición era, que no llegara al baile, pero como había estado tomando todo el día, en la noche sentí goma y tomando una botella llena me salí a vagabundear, en ello estaba cuando en la penumbra de la noche apareció un amigo que venía con un ojo amoratado, al preguntarle que le había sucedido, me indicó que Pedro Fuentes lo había agredido, aprovechando que estaba bolo, a lo que respondí que como con ese corpachón no había podido defenderse, mas no sabía que el tal Pedro rondaba en lo oscuro. Me encaminé al lugar de la fiesta sin saber que me acechaba el  enemigo, de repente se me abalanzaba queriéndome golpear, cosa que no fue posible porque yo usé mi navaja automática y con el brillo de la luna brilló el metal y Pedro se retiró.

Yo confiado me retiré a para pararme en la puerta, a los pocos instantes sentí un luzaso y luego varios disparos de rifle veintidós, una de sus balas dio en mi espalda y caí al suelo, las personas que estaban dentro del local cerraron las puertas y me dejaron desangrándome. Pedro seguía disparando y gracias a que detrás de mi había un seto de tintos a donce chocaban las demás hasta agotar la carga.

Al fin se acordaron de mi y me entraron a la casa. No omito decirles que una de las balas dio en la humanidad de un señor. David Corzo el que murió instantáneamente.

En una hamaca me trasladaron a mi posada en donde recibí las atenciones del compa Meches y la esposa de don Pedro Hernández quien recomendó se me pusiera una piedra caliente en el pecho, pues la bala permanecía dentro, tenía inflado y morado, así permanecí durante tres días goteando sangre, hasta que un correo a pie salió a avisarle a mi familia, esto fue de madrugada. Por lo que el domingo pasó en vuelo rasante un avión de la fuerza aérea, lanzando papeles diciendo que me trasladara al aeropuerto de la aldea, que era un centro chiclero.

En una parihuela me trasladaron, a cada paso de tropiezo era un tremendo dolor en la herida sangrante, entre tanto mi rostro estaba cenizo y todos decían que no viviría, inclusive mis amigos de Ciudad Flores, me hicieron velorio, lamentando la muerte del amigo y compañero de farras.

Fui trasladado a la ciudad capital, como venía diciéndoles y fui sometido a dos operaciones por medio de las cuales me extrajeron las esquirlas de la bala. Tuve una larga convalecencia de varios meses hasta que quedé medianamente recuperado, habiendo quedado con una atrofia de los dedos de la mano izquierda, por lo que tardé un mes mas, para reintegrarme a mis labores docentes.

Me llamo Ramón y soy alcohólico, aunque lleve doce años sin beber

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