CAPITULO VIII – FLORA DEPARTAMENTAL – EL ARBOL DE CHICO ZAPOTE – EL CHICLE

Posted on octubre 29, 2011

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CAPITULO VIII

FLORA DEPARTAMENTAL – EL ARBOL DE CHICO ZAPOTE – EL CHICLE

En el capitulo anterior se ha hecho especial mención de la madera del chico zapote, por lo fuerte, dura y fina que es, como lo atestiguan las piezas que sostienen los dinteles de los palacios den la ruinas de Tikal, las cuales fueron colocadas por los mayas hace millares de años, encontrándose actualmente en perfecto estado de conservación.

 

Si por la calidad de la madera de este árbol, casi eterna, es famoso, lo es también por contener dentro de su corteza una savia blanca, suave y perfumada, mundialmente conocida con el nombre de chicle o goma de mascar, ya que está universalmente generalizada la habitual costumbre de mascarla.

 

Esta maravillosa goma se obtiene por incisiones a la corteza del árbol, a fin de abrir canales a la savia para que corra por el tronco hasta llegar al recipiente o bolsa ahulada, colocada al  pie del árbol antes de comenzar el pique, como dicen los chicleros, en donde la recogen para cocinarla y prepararla en marquetas de una arroba de peso para la exportación.

 

El chicle lo conocían los monteros, o cortadores de maderas, lo mismo que los huleros, desde la época del establecimiento de las monterías en las riberas del río usumacinta y sus afluentes, salinas y lacantun, en el año de 1874, en que comenzó también la extracción del caucho o hule en las selvas del departamento.

 

La extracción la practicaban los huleros, por medio de rayadores de hierro, en forma de hoz, para sólo rayar la corteza; estos instrumentos era necesario matricularlos en las oficinas de la gobernación departamental para cumplir con el reglamento respectivo. Por las incisiones hechas con los referidos rayadores en la misma forma que se practican en el árbol de chico-zapote, corría también la savia blanca para depositarse dentro de un hoyo que en la tierra y al pie del mismo árbol hacia el hulero y la solidificaba con la savia de un arbusto lechoso denominado bejuco de cuajo.

 

Dicha resina muchas veces queda coagulada y adherida a las incisiones y, en este caso, son arrancadas en forma de tirones, que le denominan hule de burrucha.

 

Durante el periodo de siete meses, comprendidos de Junio a diciembre de cada año, época de las lluvias en el departamento era el tiempo en que, tanto al montero como el hulero, estaba obligado a permanecer en la montaña ocupado en tales tareas, para retirarse a fines de diciembre, o sea para navidad, que como un deber, se presentaban a las oficinas del gobierno para que los contratistas hicieran las liquidaciones de los trabajos, pagando los alcances, así como los derechos de explotación, en la administración de rentas y aduana departamental. Cada año al regresar de las montañas estos trabajadores, traían para sus familiares y amigos unas marquetitas blancas de resina de chico-zapote, que ellos le denominaban chicle, y les servían durante sus trabajos para mitigar la sed.

 

Estas marquetitas bien preparadas en forma de palomas, corazones y otras figuras, y con un peso de tres o cuatro onzas, les servían para regalos en los días de navidad, cuyo gusto era sólo mascarlas por el agradable sabor natural que tenían.

En los primeros días del año de 1897, ingresaron a El Petén (vía Belice) varios científicos norteamericanos con la misión de estudiar las propiedades de ciertos árboles y plantas resinosas, iguales al hule, cuya goma elástica debía de obtenerse en menos tiempo de crecimiento y desarrollo del árbol; permaneciendo varios meses en esta cabecera departamental efectuando tales estudios o investigaciones.

 

Estos extranjeros tuvieron noticias de las consabidas marquetitas de chicle, comprando todas las que existían, las que se llevaron para los análisis respectivos a Norteamérica.

 

Un año después, 1898, comerciantes de Belice, visitaron El Petén durante la festividad de Esquipulas, del 6 al 15 de Enero, y estos señores indicaron a los contratistas de hule, la conveniencia de dedicarse a la extracción de chicle, en cambio de la del hule, por las cuantiosas ganancias o utilidades que les dejaría el chicle, la cual tenía ya mercado en los Estados Unidos de Norte América, ofreciendo, además, comprarles toda la producción del año, puesto en los bosques, de donde lo sacarían para los poblados de Belice.

 

Como la generalidad de los monteros peteneros conocían intactas, ya se puede imaginar el lector, el auge que tomó la nueva industria, que hizo desaparecer a la del hule, que ua durante el decenio de 1910 al 20, se cotizaba el quintal de chile de chicle en El Petén, a noventa y cien dólares, inundándose, como se puede decir, las casas comerciales de billetes bancarios norteamericanos, los mismo que moneda fraccionaria, lo cual dio origen al adagio petenero, que al elevarse los precios de mercancías y artículos de primera necesidad por haberse escaseado estos últimos, decían los dedicados a tal extracción: no es nada para un chiclero, acostumbrados a derrochar cuanto dinero les caía en las manos.

 

Como era de esperarse, los que se consagraron a la referida industria, pronto obtuvieron buenas ganancias; pero los dueños de trabajos agrícolas: caña de azúcar, maíz, fríjol, etc., por la falta de brazos para el trabajo, tuvieron que dejarlos perder, motivo por el cual también muy pronto se dejó sentir la completa escasez de artículos para la alimentación del pueblo.

 

Los comerciantes, que eran también contratistas de chicle, importaban de Belice todo lo necesario, pero era sumamente caro, y así en este estado, vino permaneciendo El Petén, por espacio de treinta años, hasta que el gobierno se vio obligado a cambiar nuestro comercio con Barrios y la capital de la republica, al establecerse el servicio aéreo, a causa del continuo contrabando de chicle ejercido por los capitalistas de Belice, al grado de cerrar la frontera con dicho territorio, últimamente abierta, pero no para el comercio.

 

En el año de 1930 en que se concluyó la construcción del primer aeródromo en playas  de la aldea Santa Elena, frente a esta ciudad, comenzó formalmente el comercio con la capital de la republica y la exportación del chicle por el puerto marítimo de Barrios.

 

Actualmente la compañía nacional AVIATECA tiene construidos en todo el territorio del departamento, catorce campos de aterrizaje para sus aviones, facilitando así la exportación del referido articulo; estos campos se encuentran en  los siguientes lugares: Santa Elena, a orillas del lago y frente a Ciudad Flores, San Francisco, La Libertad, Sogío, Santo Toribio, Poptún, Fallabón, Uaxactún, Tikal, Carmelita, Dos Lagunas, Paso Caballos, Lacandón y Dolores, los cuales prestan un eficiente servicio, tanto para la exportación, como para la importación de todos los artículos de consumo en el departamento y servicio de pasajeros.

 

Durante las últimas temporadas, la explotación del chicle, ha sido de treinta mil quintales, poco más o menos, pero en periodos anteriores, dicha explotación sumaba de cuarenta a cincuenta mil quintales con un producto para la nación de casi un millón y medio de quetzales.

 

Esta industria, aunque constituye ya una fuente de riqueza puede convertirse en una industria mas importante, por se el chicle de El Petén el mejor de América, y estar generalizada la costumbre de mascarlo; siendo de desear, que para que esta industria no decaiga, se trate de evitar a todo costo, los continuos incendios de la selva productora, por se sumamente perjudiciales, ya que no sólo mueres los pequeños árboles que no soportan la acción del fuero, sino que también dan fin con los corpulentos caobos y cedros, que por cualquier  causa permanecen tirados.

 

 

 

 

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