CAPITULO XXVIII – LOS ITZAES

Posted on octubre 29, 2011

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CAPITULO XXVIII

Los Itzáes

Como se indica en el capitulo anterior, entre los años 541 y 628 de la era cristiana, los mayas del viejo imperio, fueron abandonando paulatinamente, el territorio del actual departamento de El Petén, yéndose a establecer en las planicies y costas de Yucatán, por lo cual, una parte, o sea los que se encontraban en el centro-norte del territorio, poblaron las costas orientales de la península, desde la Bahía de Chetumal hasta Cozumel, y la otra prodendente de las regiones del Usumacinta y Chiapas, ocuparon las partes bajas de Tabasco, Kanpich o Campeche y la laguna de Términos de este estado, en donde, según las crónicas, permanecieron por espacio de 260 años.

 

Entre los años de 980 a 1070, comenzó otra vez la dispersión de estos pueblos mayas, y siempre, con el espíritu de conquista, invadieron con su jefe epónimo, “Itzamná”, que llevó consigo a su esposa “Ixchel”, la penpinsula de Yucatán, bordeándola por la costa occidental.

 

“Itzamná fue un gran civilizador; con la población que llegó al norte de Yucatán por occidente, dice un cronista – había un hombre que era como un sacerdote, llamado “Zamná” y que, según los indígenas, dióles nombres, por lo que se distinguen ahora, en sus lenguas, a todos los puertos de mar, las puntas de tierra, los estuarios, las costas y todos los parajes y sitios, montañas y otros lugares de este país. Ciertamente que era cosa admirable, si así lo hizo, por una partición tal, de toda la tierra, que no llamara en su lengua”. Cogollado (Historia de Yucatán).

 

La ruta seguida por la inasión de “Itzamná” puede seguirse fácilmente, por los templos que levantaron estos itzáes en honor a sus dioses y de sus heroes.

 

En una isla de la laguna de Términos dejaron el de Ixchel, luego levantaron el templo de “Itzamná” en Cahmpotón, dirigiéndose de allí al interior de la península y cerca del pozo de Itzá. Reedificaron la ciudad de Chichón Itzá, siguiendo su conquista hacia el este, llegaron al mar de las Antillas y ocuparon Cozumel, en donde levantaron otro templo en honor a “Ixchel”.

 

Regresando al interior de la península, fundaron a continuación, las ciudades de Uxmal y Mayapan, siendo las más importante de estas tres ciudades, Chichón Itzá. Cuando murió “Itzamná”, los itzáes fundaron la ciudad de “Ixamal” y allí erigieron un sepulcro que le llamaron “Itzamatul”.

 

Al mismo tiempo que lo itzáes fundaban las indicadas ciudades de Uxmal y Mayapan y reconstruían Chichón Itzá, se formaba tambien una alianza entre estas tres ciudades que se llamó comúnmente “Liga de Mayapan”, que duró 200 años y rigió los destinos del norte de Yucatán. Con la conspiración de “Humac Ceel”, jefe de Mazapán, surgieron disgustos entre los aliados, y como resultado, el regidor hereditario de Chichón Itzá fue depuesto en 1176.

 

Entonces vino una desastrosa guerra que duró 34 años, y en la que el jefe de Mazapán, parece haber incorporado bajo su estandarte siete guerreros de las montañas de México. Estos hombres tienen el nombre de “Nahua”. Las guerras asolaron la comarca, y por lo tanto, no es posible fijar la fecha de la caída final y abandonó de la ciudad de Chichón Itzá y Uxmal, pero es probable, que esos acontecimientos tuvieron lugar por allá en el siglo XV; Maypán, la última ciudad que sobrevivió, cayó en 1442.

 

Por esa época, un príncipe de Chiché Itzá, de la dinastía de los Canek, se levantó con el pueblo que gobernaba, e internándose en la floresta, hacia el sur, llegó a poblar los alrededores del lago de El Petén y sus islas.

 

El historiador yucateco, Eligio Ancona, se refiere a este acontecimiento y le asigna dos causas, la una religiosa y la otra romancesca; la primera dice, “se debió al temor que tenían los itzáes por las profecías de los magos itzalanos, quienes predecían, con cien años de anticipación, la invasión de esos reinos por grandes legiones de hombres blancos y barbudos (refiriéndose a los españoles), que llegarían del oriente para destruirles sus creencias religiosas, y en caso de oponerse serían exterminados a sangre y fuego; la otra es una causa muy humana; el amor contrariado de un príncipe de Chichón Itzá por una princesa, a quien roba el dia de sus bodas de ésta con otro rival, y huye con ella en compañía de su pueblo que los siguió como jefe, hacia la parte sur de Yucatán a cien leguas de distancia.

 

De los historiadores que refieren este caso, Villagutierre y Sotomayor, acepta la primera y no la segunda, por no estar fundada en ninguna autoridad; pero el señor Ancona, dice: “que reconociendo en los hechos el mismo origen, no sabemos qué razón haya para decidirse a favor de lo maravilloso y rechazar, el que, bien mirado, nada tiene de inverosímil”.

 

La versión romántica que cuenta el historiador Cogollado, dice: “que un príncipe de Chichón Itzá, de los llamados Canek, se prendó de una jóven princesa que sus padres deseaban unirla en matrimonio con otro príncipe de la península, mas poderoso que él, el día de la boda el príncipe Kanek, reunió sus tropas, e invadiendo de improviso la ciudad, aprovechando el desorden en que se encontraba a causa de su llegada, logró arrebatar a su prometida y huyó con ella, mientras sus soldados protegían su retirada. Después de esta atrevida acción, no sintiéndose con suficientes fuerzas para resistir el ataque de su rival, abandonó la ciudad, y en unión de sus vasallos que lo siguieron de Taitzá en una isla del lago Chaltuná (Elidio Ancona, citando a Cogollado, Historia de Yucatán).

 

El historiador guatemalteco, licenciado Antonio Batres Jáuregui, en su libro intitulado “El Indio”, capítulo II, página 24, también refiere este hecho diciendo: “que en los primeros años del siglo XV (1420), un príncipe de Chichón itzá del segundo Imperio de los mayas Itzalanos (Mazapán), se levantó con su pueblo e internándose en la floresta hacia el sur, llegó a poblar los alrededores del lago de El Petén y sus islas; año en que ya, aquellas opulentas ciudades mayas del Viejo Imperio se habían convertido en ignoradas ruinas cubiertas de corpulentos árboles, tal a como se encuentran en la actualidad”; por lo cual, como se dice anteriormente, por un espacio de ochocientos años, poco más o menos, todo el territorio que actualmente comprende El Petén, permaneció completamente oculto, porque aquellos trece millones de seres humanos, que antes fueran el orgullo de su raza, lo habían abandonado retirándose para el norte en busca de nuevas tierras para labrar sus sementeras y en donde las inclemencias del tiempo les fueron mas tolerables: cubriéndose, como era natural, todo este territorio de una exuberante vegetación que sepultó en el olvido, y convirtiéndose en ruinas las populosas urbes que antes habían formado el opulento y primer imperio de los mayas.

En la época de la inmigración de los itzáes al Petén, todo los 36,000 kilómetros cuadrados que forman en la actualidad el departamento  estaban cubiertos por impenetrables bosques cuyos árboles casi milenarios habían enriquecido las ubérrimas tierras para que los nuevos pobladores desarrollaran la agricultura o cultivo de las mismas.

 

Aquí encontró el príncipe “Taitzá” o sea el Canek que capitaneó al pueblo itzalano en dicha inmigración, lugares propios en dónde fundar sus poblaciones, sin temor de que nadie o ningún otro régulo le disputase las tierras que él ocuparía para fundar su nación.

 

Este príncipe o Canek fundó el Reino de Petén Itzá, bajo el gobierno de los Caneces del Petén, cuya capital fue  Taitzá o Tayazal que también el fundó; nación que muy pronto se extendió por un dilatado territorio de más de ciento cincuenta leguas de oriente a poniente, derivándose durante el transcurso del tiempo, las poblaciones de lo mopanes, Cheaques, Lacandones, Chinamitas, Coboles, Choles, Uchines, Ojoyes, Tirampíes, etc., cuyos linderos eran: por el norte, Yucatán; al oriente, el mar; al sur, el reino Tesolutlán, hoy Alta Verapaz; al poniente, el país de los aztecas.

 

Estas poblaciones, ya  con un gobierno bien organizado, pronto trataron de independizarse del Canek de Petén por lo cual vivían en continuas guerras unas con otras, pero los itzáes predominaban en número, valor y percia.

 

En este estado los encontró el celebre Conquistador de México, Hernán Cortes en su paso, en ocasiones de su famoso viaje a Honduras en el año 1525.

 

En carta que Cortés envió al Emperador Carlos V, desde la ciudad de México en septiembre de 1526, en donde hace relación del viaje a Honduras y pasó por estos lugares de la provincia de “Taitzá”, por plásticas que sostuvo con el Canek, se deja ver que los itzáes tenían pleno conocimiento de todos los movimientos que los españoles, tanto en el Golfo de México, como en el Mar de las Antillas, efectuaban, dándole los nombres de lo lugares de Naco y Nito o sea, en donde aquéllos estaban ya establecidos, noticias que fueron del agrado del conquistador, y lo agasajó con regalos, en cuenta su caballo que lo dejó enfermo para que se curara, ofreciéndole también regresar, para ayudarlo en la guerra que sostenía con los de la tribu lacandón.

 

Con respecto a este caballo de Cortés la tradición refiere que poco tiempo después de haberse retirado Cortés para continuar el referido viaje a la Higueras (Honduras), el caballo murió y los itzáes esculpieron uno de piedra para presentarselo al Gran Capitán, como ellos le decían a Cortés.

 

A esta escultura los itzáes le llamaban “Tziminchac”, palabra maya que en castellanos significa “Caballo o dios del trueno”, y la tuvieron en adoración como tal, por espacio de casi un siglo en uno de los adoratorios de su capital.

 

En el año 1618, llegaron a Taitzá los religiosos misioneros, Fray Bartolomé de Fuensalida y Fray Juan de Orbita, por disposición del Obispo de Yucatán, con el propósito de catequizar a los itzáes, por medio de la predicación de la doctrina cristiana, para lo cual les pedían a los naturales, que era necesario la destrucción de sus ídolos que tenían en todos los adoratorios de la ciudad para poder evangelizarlos.

 

Dichos religiosos pidieron al Canek licencia para visitar los referidos adoratorios y al presentarse en un de los principales que estaba en el centro de la capital, que le denominaban “Templo de los Sacrificios”, frente al altar en donde los sacerdotes itzalanos inmolaban a las victimas humanas, sorprendió al padre Otbita ver una estatua de caballo, hincada sobre sus patas traseras y levantadas las de adelante, que en ese momento sahumaban en señal de adoración; por lo cual, dicho padre, no pudo contener su indignación y saliendo a la calle recogió una gran piedra, con la que entró al templo y dirigiendose adonde estaba la estatua la hizo pedazos, ante el asombre de lo itzáes, quienes no pudieron hacer nada para evitarlo; pero al rato de esta destrucción, en actitud amenazadora, todo el pueblo pedía a gritos que mataran a los misioneros por el atropello.

 

Al ver esto, inmediatamente el Canek intervino, y aconsejó a los religiosos que era necesario que se retiraran para Yucatán, para evitar que los itzáes lo sacrificaran; ofreciéndoles sacarlos del pueblo con las precauciones del caso, en la madrugada del día siguiente, sin lograr el fruto de evangelización que ellos con tanto celo deseaban de los itzáes a causa de la aludida ligereza del padre Orbita, y que fue desaprobado por el Obispo de Yucatán, al reconvenirle; que antes de destruir los ídolos, era necesario destruirles la creencia que ellos tenían para adorarlos.

 

Poco tiempo después de esto, los itzáes construyeron otra estatua igual a la que el referido padre les había roto, esta construcción la hicieron en el lugar denominado “Nic-Tún” palabra Maya, que traducida al castellano quiere decir, “Punta de Piedra”, por encontrarse en este lugar grandes peñas y estar en una punta de tierra dentro y al poniente del algo, poco distante del lugar en donde estaba situada la capital de los itzáes.

 

La tradición que hasta la fecha se conserva en El Petén, refiere, que al pretender trasladar este caballo de piedra a la ciudad, por medio de una balsa de canoas, se desató una fuerte tempestad acompañada de un furioso viento, por cuyo motivo la balsa tuvo que zozobrar, yéndoseles la estatua al fondo del lago.

 

Al principio del siglo pasado (XIX) se hicieron varias tentativas para extraerlo del fondo del lago, en donde se decía en aquel entonces, se veía desde la superficie, siendo la mas aparatosa la que llevó acabo el Comandante del distrito Juan Galindo, poco después de la Independencia nacional, aunque sin ningún resultado practico por causas ajenas a su voluntad.

 

En el año de 1623, regresaron al Petén los mencionados misioneros, siempre con el deseo de evangelizarlos, encontrando la misma oposición por parte de los itzáes, quienes seguían más hostiles hasta con los pueblos vecinos. Era tanta la desconfianza que tenían de los pueblos ya catequizados, que no perdían oportunidad para hacerles la guerra, incendiándoles las casas, y matando en sus incursiones, a todo humano que encontraban en las poblaciones; por lo cual, el Rey de España, había ordenado hacerles la guerra hasta la completa dominación.

 

Por parte de la Capitanía General de Guatemala, también no se omitían esfuerzos para conseguir la conquista y pacificación de los pueblos rebeldes del Itzá, despachándose en varias ocasiones otras misiones de religiosos, durante los años de 1626, 32 y 72 del citado siglo XVII, sin lograr, dichas misiones, los frutos que con tanto anhelo se proponían alcanzar; antes bien, encontraban la muerte, al ser asesinados por los indígenas, como sucedió con los padres Vico y Latorre, López, Fray Diego Delgado, el capitán Juan Díaz de Velasco, que un unión de su escolta compuesta de veinticinco soldados, más dos misioneros que lo acompañaban, acabaron con todos ellos, en la orilla sur del lago Itzá, sorprendiéndolos de noche (Villagutierre y Sotomayor “Historia de la Conquista del Itzá).

 

En vista de estos lamentables acontecimientos, el Rey de España ordenó terminantemente, que en cualquier forma se buscara la manera de someterlos a las autoridades españolas.

 

En el año de 1692, el sargento mayor de la provincia de Yucatán, Martín de Ursúa y Arismendi, propuso al rey, que la única manera de llevar a la practica la conquista y dominación de los itzáes, era la de abrir un camino que comunicara a Yucatán con la capitanía general de Guatemala pasando por la capital de los pueblos rebeldes del Itzá;  con lo cual se lograría, también, acortar la distancia en mas de trescientas leguas de mar que existen entre estas dos provincias; que el mencionado camino, él lo llevaría a la práctica hasta las orillas del lago Itzá y de su propio peculio, siempre que el gobernador de Yucatán, Roque de Soberanis, le permitiera en la provincia, reclutar toda la gente y demás pertrechos que se hacían necesarios para llevar a cabo la referida empresa; así que él entraría en relaciones pacíficas con el Canek o rey del Itzá, por conocer perfectamente el idioma de los naturales y, que sólo en caso necesario, le haría la guerra hasta logar someterlo a las autoridades españolas.

 

Como era de esperar, estos ofrecimientos pronto encontraron eco en la Corte y Consejo Superior de Indias, al expedir el rey la orden al gobernador y Yucxatán, para que sin limitaciones de ninguna especie, le facilitara al sargento mayor, Urzúa y Arismendi, todos los auxilios que fueran solicitado.

 

Ya en tal estado las diligencias, se comenzó la apertura del camino en el año siguiente de 1693, logrando Urzúa, como premio a sus esfuerzos, que en los primeros meses del año 1697, llegara a la inmediaciones del lago Itzá, desde conde le mandó emisarios al Canek, solicitándole licencia para pasar el camino por los alrededores del lago.

 

Como Urzúa necesitaba traer también, como compañeras, a las mujeres de los trabajadores del camino para prepararles la alimentación, y así mantener constantes relaciones para con las poblaciones cercanas de Yucatán, varias familias llegaban a establecerse en los lugares que les ofrecían mejores medios de vida y trabajar sus sementeras, por lo que en todo el trayecto se fueron formando pequeñas poblaciones, que no solo influían más confianza a los soldados de la expedición, sino también a los sacerdotes, médicos, músicos y demás personas que acompañaban a Urzúa.

 

Temerosos de los itzáes por los asesinatos perpetrados en las personas de los religiosos, y de la escolta del capitán Juan Díaz de Velasco, contestaban los requerimientos que Urzúa le hacía para rendirse pacíficamente, que siempre que no se les perjudicara, podían entrar en relaciones amistosas con los españoles, ofreciendo además el Canek, rendirse con ochenta mil soldados gente toda de guerra y bien adiestrada.

 

La falsedad del Canek, no la ignoraba Urzúa, por lo que siempre andaba con todas las precauciones del caso; ordenando la pronta construcción de las embarcaciones de suficiente capacidad, con los árboles que se encontraran en las inmediaciones del lago, para lo cual despachó los correspondientes constructores.

 

En los primeros días del mes de marzo del citado año, llegó Urzúa con todo su acompañamiento a las playas del norte de lago de El Petén, y envió un mensajero al Canek, manifestándole su deseo de pasar a la isla y capital del reino, para hacer los arreglos necesarios y convenir, de que todo el territorio por él gobernado, debía pasar a la soberanía del Rey de las Españas y emperador de las Indias Occidentales, arreglos que debían hacerse pacíficamente, porque ellos no pensaban ningún mal, o en última instancia emplear la guerra para lograrlo.

 

El referido mensaje fue contestado por el Canek, en el sentido, de que ya se había llegado el tiempo indicado por sus profecías, de que todos los territorios por el gobernados, debían pasar a poder de autoridades extranjeras; que no haría ninguna resistencia, y en consecuencia, podían pasar a la capital, en donde él los esperaría, cuando dispusieran llegar.

 

Ya con esta respuesta, Urzúa dispuso, que en la mañana del dia 13 de Marzo de 1697, debía trasladarse a la capital del reino del Itzá para cumplir las promesas del Canek, y arengó a sus soldados para que, pena de la vida, nadie podía hacer uso de sus armas sin la orden correspondiente.

 

A las ocho de la mañana del día indicado, después de cumplir los españoles con sus deberes religiosos se embarcaron en número de mas de trescientos soldados en las canoas que Urzúa había ordenado fabricar, y se dirigieron para la isla principal, en donde se encontraba la capital o ciudad de Ta Itzá o Tayazal.

 

Al ves esto el Canek, pidió la opinión de su pueblo, quien resolvió resistir hasta lo último; entonces entablaron un combate naval en la mañana del 13 de marzo, que duró casi cuatro horas, quedando la victoria por parte de los españoles, quienes se dispusieron tomar la capital; serían las once y media horas del día cuando el ejercito español saltó a tierra, con el agua a media pierna fueron rompiendo la resistencia de los itzáes que con gran temor se fueron retirando; con el estruendo de la arcabucería tuvieron al fin que huir, desamparando sus puestos, y aún la isla, tirándose al agua, desde el rey hasta la última criatura que pudo hacerlo para ganar la tierra firma. Los españoles iban caminando Petén arriba (como dice Villagutierre y Sotomayor), al alcance de la victoria y el general Urzúa, son su rodela y espada en la mano; llegado el general y toda su gente a lo alto de la cima, hizo plantar el estandarte con la imagen de Jesús Crucificado y  la de la Virgen de los Remedios, en que también estaban grabadas las armas reales, en lo alto de una casa grande allí había. Era aquella casa el adoratorio más alto de los de El Petén, y en los otros se colocaron las banderas; eligiéndose entre los muchos que habían (eran 21), una para la iglesia católica, que fue aquel en que el Rey Canek, su pontífice y sacerdote, se juntaban cuando habían sacrificios humanos que ejecutar.

 

Al día siguiente, 14 de marzo, para tomar posesión oficialmente de la isla, el general Urzúa ordenó a los cabos militares para que al son de cajas de guerra juntases a toda la gente, y lográndolo en presencia de todos, y de los padres sacerdotes, vicario General y su teniente de cura, bajando el Estandarte real de donde se había fijado el día anterior, lo tomo el General y dijo estas palabras: “Señores, aunque su majestad, Carlos II que Dios guarde, es Rey, dueño y señor absoluto de esta isla de nuestra Señora de los Remedios y San Pablo del Itzá, y de las demás, sus adyacentes pueblos, lugares y territorios a mayo abundamiento, en nombre de su majestad, tomo posesión real, actual y sin contradicción alguna de ella y de todas las demás, y sus pueblos y tierra que han estado bajo la obediencia del Rey Canek”.

 

Acabado el discurso, el General entregó el Estandarte al Capitán de coraceros, don Nicolás de la Haya, para que lo fijase en el punto más culminante, quedando patente a la vista de toda la isla y de la laguna de Chaltuná. A la vez, el Vicario, don Juan de Pacheco tomó posesión, en lo que tocaba y pertenecía a la parte espiritual en nombre del Obispo de Yucatán.

 

Una vez organizada la colonia en este punto, resolvió el general Urzúa regresar a Yucatán, disponiendo antes de salir, que en la isla inmediata, hacia el sur, se construyera un castillo o prisión para asegurar a los principales responsables de los asesinatos de los sacerdotes misioneros y demás personas venidas de la Verapaz.

 

Habiéndose presentado el Canek, el sumo sacerdote Kin Canek, y el profeta Tut, fueron pasados a la prisión tan luego se concluyó.

 

Al retirarse el general Urzúa para Yucatán dejó una suficiente guarnición para sostener la colonia.

 

Dos años después, o sea en el año 1699, regresó Urzúa al Petén, llegando a la vez de Guatemala, el general Melchor de Mencos, y entre ambos jefes se dispuso por real cédula, que todo el territorio conquistado por el general don Martín de Urzúa y Arismendi quedaba bajo la jurisdicción y gobierno de la Capitanía General de Guatemala y sólo en lo eclesiástico, al cuidado del obispado de Yucatán; por lo cual, después de efectuados estos arreglos, se retiraron los jefes para sus respectivas provincias, dejando la guarnición aludida al mando del capitán don Juan Francisco Cortés; como escribano público, don Diego Bernardo del Río; Cirujano, don Pedro de Salazar y como Misioneros, el vicariato general don Pedro de Morales, el Padre Maestro, Fray Diego de Rivas y cuatro más.

 

La expedición del General don Melchor de Mencos al Petén, dio como resultado, que al regresar ésta para Guatemala llevó prisioneros a los reyes del itzá: Canek, Kin-Canek, profeta Tut, dos, por lo cual, en esta forma terminaron sus últimos días en la cárceles públicas de Antigua, capital del reino.

 

Con la conquista y reducción de estos territorios a las autoridades españolas quedó terminada la existencia del Reino de los itzáes del Petén, fundando por el Canek Taitzá que los capitaneó en la inmigración del año de 1420.

 

 La inmigración de los itzáes al Petén en 1420- Fundación del Reino de “Petén Itzá” – Rapto de la Princesa “Sac Nité”.

                 I                                                                                                   II

 

Refiere la tradición                                                    un “Mago” allá pregonaba

Que en tiempos ya muy lejanos                                 la suerte de aquella raza,

Una legión de itzalanos                                             y tan terrible amenaza

Fundaron esta nación                                                al Canek atormentaba.

 

Capitaneaba la grey                                                   ¡Hombres blancos llegarán

Un soldado valeroso                                                 de oriente, se predecía

Quien, al estar victorioso                                           y en crueles guerras, un día,

Se convirtió luego en rey.                                          Esta tierra arrasarán!

 

“Chichón Itzá” festejaba                                           ¡Borrarán la religión,

La ceremonia nupcial                                                los templo serían destruidos,

De una pareja imperial.                                              Todos los reinos caídos

Que “Ta Itzá”, vigilaba.                                            En la gran conflagración!

 

“Sac-Nite” casada ya,                                                           Oyó el Canek, con horror,

Con “Ulmil”, su admirador,                                      las predicciones fatales,

Fueron presa del raptor                                             y con pretexto, de tales,

El Canek de “Ta Itzá”.                                              Cumplió el “papel” de raptor…

 

Este, loco, enamorado                                               Y reuniendo a su grey

De la princesita bella,                                                que también le acompañó

Juró fugarse con ella,                                                 al Petén se dirigió,

Bajo un plan premeditado.                                        Constituyéndose en Rey

 

Mas, siempre fiel a su hogar                                      “Sac.Nité” fue entonces quien,

Aquella mujer, altiva                                                 cual un “Hado”, misterioso

No se arredró, ni cautiva,                                          a “Ta-Itzá”, caprichoso,

Pudo el Canek conquistar.                                        Trajo a fundar El Petén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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