CAPITULO XXXVII

Posted on octubre 29, 2011

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CAPITULO XXXVII

nmigraciones llegadas al Petén en épocas pretéritas – Origen de la raza indo española en el departamento y la misión de ella en la hora presente.I

 

 

El hecho de haber sido quienes habitaron el territorio de El Petén eminentemente agrícola, motivó los cambios sufridos en el pasado hasta la llegada de los españoles. Ello originó la creación de un pueblo nuevo, o sea la raza indo española, a la cual pertenecemos.

 

El propósito de este ligero articulo es el de enseñar a la juventud que se levanta a tener  horas de meditación, para analizarse a sí misma, preguntarnos quiénes fueron nuestros antepasados; quienes somos nosotros; y que debemos hacer, en vista de nuestra capacidad concienzudamente medida.

 

Nosce te ipsum, decía una frase latina que se encontraba escrita en el frontón del tempo de Delfos, que significa, Conócete a ti mismo.

 

Para dar lleno a este cometido comenzaré por hacer una ligera descripción de las inmigraciones llegadas al territorio en épocas pretéritas.

 

Como ya sabemos, todo lo que hoy se denomina departamento de El Petén, fue primeramente ocupado por los mayas, pertenecientes al Grande y viejo imperio de los mayas formado, según el calendario arcaico encontrado en Chichón Itzá, en el año 3,600 antes de la era cristiana, abarcaba todo el territorio que hoy comprende los Estados Mexicanos de Yucatán, Campeche, Tabasco, Chiapas; El Petén, Belice y una parte de la república de Honduras.

 

Las largas sequías, el hambre y las pestes fueron causas de la disolución de este gran imperio, la cual tuvo lugar, según las ultimase exploraciones hechas por eminentes arqueólogos, entre ellos el sabio mayista Mr. Morley  en el año 610 de nuestra era; quedando EI Petén abandonado por sus pobladores que se retiraron hacia el norte, estableciéndose una parte de ellos en las tierras

De Champotón, cerca de Campeche y la otra, en las costas orientales del mar de las Antillas; en dónde permanecieron 260 años, o sea, hasta mediados del siglo X, cuanho se retiraron hacia eÍ norte de Yucatán, estableciendo la ciudad de Chichén Itzá, y fundando a la vez las ciudades de Mayapán y Uxmal.

 

Todo este dilatado territorio qué átrorá forman los cuatro Estados mexicanos y las dos repúblicas centroamericanas en cuenta Belice, fue asiento de populósas ciudades, abandonadas y destruídas, unas por las guerras civiles, y otras, por la obra inconsciente y criminal de lo conquistadores que convirtieron en escombros los maravillosos monumentos. són tantas estas reliquias

arqueológicas. Existentes en el vasto territorio de El petén y es tal

su importancia que en la actualidad son el asombro de los hombres

de ciencia.

 

Después de la fundación de las ciudades de Mayapán y uxmal y de la reconstrucción de chichén Itzá, estas ciudades formaron una alianza que duró 200 años. Con la conspiración de Humac ceel, jefe de Máyapán, surgieron disgustos entre los aliados y como resultado, el Regidor hereditario de Chichén Itzá fue depuesto en 1176.

 

Entonces vino una desastrosa guerra que duró 84 años, y en la que el jefe de Mayapán incorpóró bajo su estandarte siete poderosos guerreros de lás montañas de México. Las guerras intestinas asolaron otra vez la comarca siendo abandonada definitivamente. Chichén Itzá; ocurrió esto en el año 1420; originándose así el advenimiento de los itzáes al peten.

 

En el citado año, 1420, un príncipe de Chichén ltzá de nombre Ta-Itzá, como canek o rey, se levantó con su pueblo e internándose en la floresta hacia el sur, llegó a poblar los alrededores del lago de El Petén y sus islas, formando el reino de petén Itzá”, bajo el gobierno de los canekes o reyes itzalanos, cuya capital fue Ta Itzá, y más tarde Tayazal, ubicada precisamente en donde hoy está la península de San Miguel.

 

De los Itzáes se derivaron con el tiempo los lacandones, choles, cheaques mopanes, chinamitas,  que con los itzaes ocupaban un dilatado tu territorio de más de 150 leguas de oriente a poniente o sea, desde el mar de las Antillas hasta los dominios de México, y desde el norte, colindando con Yucatán, hasta el sur, con la Alta Verapaz.

 

Estas tribus se mantuvieron en continuas guerras entre si; Pero los Itzáes dominaban, sobre todo, or su valor, su numero y su pericia. En estas condiciones las encontró el célebre Conquistador de México, Hernán Cortes, a quien por ser el primer europeo que dio a conocer estos territorios se le considera como el descubridor de Petén. En 1525 en su viaje a Honduras, el gran capitán, como le llamaban,  permaneció aquí tres días durante los cuales se le dispensaron muchas atenciones por parte del Canek y su Corte.

 

El gobierno de Castillo, sabedor de la existencia de estas tribus, comenzó sus esfuerzos por conquistarlas, haciendo varias tentativas, pero sin ningun resultado practico. Además enviaban misiones de sacerdotes tanto de Verapaz como de Yucatán , encontrando varios de ellos la muerte al tratar de someterlas por medio de la predicación del evangelio. Los presbíteros Vico y Latorre, López y varios otros perecieron en el petén, en el desempeño de su misión asesinados por los. itzáes, demostrando éstos siempre su celo Por la libertad.

 

La gloria de la conquista estaba reservada para el general don Martín de Ursúa y Arismendi, gobernador de Yucatán quien a principios de marzo de 1697 llegó a las playas del lago de El Petén y tomó posesión de todo el territorio el día 14 del mismo mes y año.

 

En 1700, tres años después de la conquista se trasladó definitivamente la población a la isla. en donde se encuentra ubicada Ciudad Flores; este pueblo como capital del distrito del Itzá, conservó siempre en nombre de Isla de Los Remedios de Itzá, hasta el año 1825, en que por acuerdo legislativo se le concedió el título de Villa, cambiándose el nombre por el de Petén Itzá; años más tarde el 2 de mayo de 1831 recibió et título de Ciudad Flores, con que hasta la actualidad se le conoce.

 

He aquí pues, los cambios que han sufrido los pueblos que ocuparon el territorio del Petén en las diferentes épocas’ y como consecuencia la aparición  en estas tierras de la raza indo española, la gran raza latinoamericana, llamada por mil razones, en la hora actual a desempeñar un gran papel para desarrollar su alto destino, en el mundo del presente y del porvenir.

 

Por su parte vemos que somos ramificaciones de una raza heroica que hasta nuestros  días se agita indómita en un rincón de México, allá en la península de Yucatán y Quintana Roo, en donde la tiene reducida por presión la civilización actual y en donde vive añorando las grandezas de un pasado glorioso.

 

De una raza que defendió, y aun defiende con increíble persistencia patriótica un terruño que fue, un lenguaje que es y un derecho que será.

 

Por la otra, descubrimos al ejército español, a ese puñado de valientes que, ávidos de honores y de riquezas, se aventura  á penetrar en número relativamente reducido, a un territorio desconocido, probablemente hostil y seguramente nutrido en población enemiga e inclemencias climatéricas. A este  grupo .de esforzados, que representa a una raza, que a cada paso tiene brotes

maravillosos  de la talla de un fray Bartolomé de las Casas que redime al indio; de un Cervantes Sáavedra, que escribe el Quijote; “y de un Hernán Cortés, que incendia sus naves.

 

Empero, cualesquiera que hayan sido los papeles que desempeñaron los actores de aquel drama y su’ finalidades en aquel momento histórico, lo cierto es que, tías los ardores colectivos de la guerra, vinieron las tibiezas individuales del amor que engendró” una nueva raza, la raza indo española; nuestra raza, a la cual tenemos el orgullo de pertenecer.

 

Ahora, lo que nos toca, es conocer nuestro papel en la hora presente, y cual debe ser el de nuestra raza, de nuestra joven raza en el futuro

 

Debemos estudiar los defectos de una y otra de las razas progenitoras, para que, conociéndolos, nos apartemos decididamente de ellos.

 

Debemos escudriñar las virtudes de una y otra, para que estando seguros de ellas, las combinemos y desarrollemos en el más alto grado y así, la nueva raza deberá cultivar el patriotismo y la sabiduría de los mayas y la intrepidez y sabiduría de los españoles.

 

Y cuando logremos extirpar nuestros vicios, y desenvolver nuestras virtudes, estaremos en aptitud de desempeñar papel que nos dignifique, cómo raza nueva, hija de dos troncos vigorosos, injertada por la mano del destino.

 

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