EL PORQUE VINE A QUEDARME A POPTUN, QUE ES PETEN

Posted on octubre 29, 2011

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EL PORQUE VINE A QUEDARME A POPTUN, QUE ES PETEN

Luis Vicente Gil Pérez

Revista Poptún Petén No. 15 1995

Página 5

Corría el año 1969 y se organizaba la campaña presidencial Aranista y con el fin de reunir fondos para los gastos,la CentralAranistame comisionó para que trabajara parte de la zona occidental, fijando como sede a Coatepeque, mi tierra natal, al recordado y buen amigo José Luis Arenas Barrera, famoso Tigre del Ixcán, hombre idealista, con quien cultivamos una buena amistad. Cuando llegó a Coatepeque como correligionario de Arana a cumplir su cometido, buscó personas de su conocimiento y de la misma causa, que gozaran de buen crédito para que colaboraran con él y de paso le sirviéramos de garantes y evitar los malos entendidos, por tal razón, nos habló a Manfredo Hemerling, Excequiel Martínez y a quien esto escribe. Las andanzas de esta actividad sirvieron para estrechar un poco más la amistad y como él era agricultor como nosotros, nuestras pláticas mas versaban sobre cultivos y tierras. Durante esas correrías ni de chiste hubo quien se imaginara que iba a ser promotor del Fydep, q.e.p.d.

 

Cuando Arana llegó a la presidencia, lo nombró Promotor del Fydep, por lo que fueron a entrevistarse con él cos amigos de Coatepeque con el fin de pedirle tierras; José Luis ofreció darles pero les dijo que no vinieran solos y acordándose de nosotros, de nuestras pláticas, les sugirió que al regresar nos buscaran y que si aún estábamos con la inquietud nos uniéramos y también otras personas que tuvieran interés de trabajar, pues era la oportunidad de realizar nuestras aspiraciones, que él nos ayudaría, que le encantaría colonizar una zona, no con gente de machete y garabato, sino con agricultores con más capacidad agroganadera y con alguna posibilidad económica, que él nos ofrecía tierras con topografía y clima algo parecido a Colomba, El Asintal, Coatepeque. Aquí eran San Luis, Pusilá y Chacté.

 

Fue llegando amigos con el mensaje y al ponernos en contacto con mas gente la noticia fue bien aceptada, formando un grupo de 25 personas y luego se envió una comisión a hablar con el promotor con el objeto de transmitirle nuestra entusiasta decisión e informarle que vendría otra comisión a inspeccionar las tierras.

 

Esta segunda sección fue integrada por Edmundo Morales y Francisco López Castillo, q.e.p.d., Antonio Sarg Atabal, Walter Hernández, Horacio Velásquez, Manuel Cayuela y quien esto escribe. Preparamos nuestros batimóviles, mosquiteros, alimentos enlatados, etc. y nuestras familias nos hacían bromas de que era un safari al África. Sería largo contar las peripecias del viaje. La carretera estaba excelente, la acababa de inaugurar el gobierno de Julio César Méndez Montenegro. Los ríos se pasaban en lanchones, pero a Dios gracias llegamos felices y contentos a San Luis. Allí iba a comenzar lo bueno. Toda la carretera, desde que se entraba ala Ruidosa, era hermosa selva, en esa recta de Rio Dulce había descombros con no mas de500 metrosde la orilla de la carretera, y así por Chacté y San Luis.

 

Llegamos a San Luis como a las tres de la tarde. Allí nos esperaba el delegado de colonización, Mario Morales Cifuentes. Nos recibió como saben hacerlo los occidentales: todo corazón. Nos asignó para hospedarnos lo mejor que el Fydeo tenía: una galera de guano, sin cerco y con piso empedrado, que tendría a lo sumo 6 x10 metros, era oficina y bodega. Como buenos exploradores nos acomodamos lo mejor que pudimos, en el patio cocinamos nuestra primera cena, menos mal que no era la última, pues en San Luis no existía no un pinche comedor.

 

Al otro día, muy de mañana, llegaron las cabalgaduras que Mario consiguió y, a ojo de buen cubero, cada humano escogió su acémila, unos con mejor suerte según sus conocimientos, y partimos hacia lo que hoy esla Unión, en ese tiempo ni señas. Por allí nos introducimos en la selva, en fila india, pues no podían caminar dos bestias a la par; al poco andar, tal vez dos kilómetros, comenzó la odisea salpicada con alegría, pues a dos les tocó montar en aparejo. A uno de los compañeros no le obedeció el macho el jalón de la rienda, que no llevaba freno sino bozal y el cuadrúpedo continuó en “primera” y en un bejuco, leáse liana, no bejuco de viejo, como nos dicen ahora los muchachos imberbes a los que ya tenemos nuestro tanate de añitos, pues bien, el tal bejuco se le acomodó bajo la barba al cristiano y allá viene para atrás, de espalda, gracias a Dios que el semoviente era mas o menos manso que una casada y se quedó quietecito. ¿Qué te paso vos, no te golpéaste? Pero el otro Yo del Dr. Merengue, riéndose. Montó de nuevo y los bizarros caballeros continuaron la marcha. Adelante llegamos a un río de no gran caudal pero con el lecho normal de los ríos peteneros, con pequeñas gradas en la roca y sus pozas, esta vez, la sedienta mula que montaba un amigo joven de origen español, en lugar de atravesar el riachuelo, tascó el freno y se desvió río arriba, se metió en la poza y el agua la cubrió. Como la mayoría de personas cuando van a una finca se compran botas tejanas, sombrero y pantalón vaqueros, nuestro cuate venía estrenando un pantalón de lona8 onzas; dejo a la imaginación del que lee como salió. Pero lo bueno fue cuando como a las tres de la tarde se desmontó, el pantalón estaba tan tieso que se paraba solo, ¿Y las escaldaduras? Lo peor es que no había sebo.

 

Salimos de San Luis como a las siete de la mañana y llegamos a pusilá a las tres de la tarde, quizá no por la distancia, sino por lo accidentado del terreno, era el mes de julio, y en las bajadas de la lomas habían unos resbaladeros que las pobres bestias bajaban sentadas y sobre las patas traseras y la inexperiencia de algunos jinetes hizo que más de uno quedara sentado en el lodo. Traíamos escopeta, rifles 22, otros pistola, todo lo que cazamos fue una hermosa Barba Amarilla.

 

Pusilá era una aldea con ocho ranchos, siete habitados por aborígenes kekchíes. Tomamos plaza del único rancho en galera que esta desocupado, pues los lugareños fueron amables, algunos conocían a Mario. En ningún momento vayan a pensar que llevábamos espejitos.

 

Cuando ya entrada la noche, nos dijeron que no se fuera a quedar alguien en el suelo, porque venían los “coches”, que pusieramos altas la hamacas; así lo hicimos los que traíamos, y los que no, se acomodaron en tapezcos de varas que habían sobre las vigas y casi todos a fumar su cigarrillo predilecto, en aquel silencia de la selva, amenizado por el croar de los sapos y ranas, que abundan, el grito de alguna lechuza y tecolottes, los lejanos y potentes gritos de los zaraguates, el zuzurro del viento al chocar y mecer la ramas de frondosos árboles, el crepitar y chisporroteo de los trozos guarda fuego; silencio interrumpido por el rechinar de los lazos de las hamacas y por las risas de los del grupo causadas por algunos chistes colorados, sin faltar alguno con la sal y pimienta del chiste alemán a costa de Fritz y Hans. Como a las siete de la noche comenzaron a llegar las piaras de cerdos por los cuatro puntos cardinales, por el estruendo que hacían calculamos que por lo menos eran unos cien o mas, Mario nos dijo que, como los campesinos no podían sacar al mercado el maíz de sus cosechas chas, engordaban cerdos, que en el día se internaban en la montaña y por la noche regresaban a pornoctar en los aleros de los ranchos y en nuestro apartamento.

 

Uno de los compañeros era un magnífico amigo, pero muy volado de carácter, bravo, jodóm, pero cuando se le tocaba se enojaba y se ponía pálido, por eso le pusieron “cara pálida” como apodo. Como siempre, en los grupos hay alguien con agudeza, uno luvo la ocurrencia de pasar la idea en secreto, que ofrecía una botella de whisky a quien le dijera “Cara pálida”. Pasados unos minutos hubo uno que dijo*-silencio muchá!!!….. les voy a narrar una anécdota de la vida real, esto no es un chiste. Todos callaron. Silencio absoluto. El tipo comenzó a improvisar e hilvanar una historia a la cual, después de darle un montón de rodeos y suspensos, vino a terminar así: “… y cuando este fulano tan bragado y vilente, el otro le quitó el cañón del Galil del pecho, el infeliz tenía la cara pálida y la pobre mujer que estaba viéndolo también tenía la cara pálida…” Fue lerminando y oyéndose las carcajadas de algunos y eljí, jí, jí de otros. El ofendido reaccionó y dijo:’agradecé vos cabro grande que allÍ abajo está ese putal de coches y por eso no me bajo a qu€ nos rompamos la cara”

 

Al día siguienle, al despertar con el canto de los gallos, el relajo de los coches, el grito de un becerro, el bullicio de los loros, cotorras y guacamayas que pasaban volando sobre la punta de los árboles y entre ellas una que otra paloma, el estruendo de una rama grande de árbol que se quiebra, sintiendo el aire húmedo y fresco con olor a licor de corozo, comentando el dolor de huesos por lo mullido de la cama de varas, fuimos poniendo los hueso de punta y a lijar la ruta de exploración a seguir. Como a cincuenta metros pasa un riachuelo y a su orilla un nacedero de preciosa agua, allí nos dirigimos para lavarnos, caminando se m€ acercó el amigo y poniéndome el brazo sobre el hombro me dijo: -Sos un desgraciado Chentillo, ya me contaron, pero esa botella de whisky te la tenés que tomar conmigo- Chécala mi hermano, le dije, y nos dimos una abrazo. -Pero no crean que les voy a tolerar queme vayan a seguir diciendo así, hijos de ménade.

 

Cinco días estuvimos recorriendo la montaña, cruzamos el río Blanco y otros, llegamos a una aldea casi en la línea divisoria con Belice y, según nos dijeron, está frente a San Antonio. Salimos por Chacté donde sólo había tres casitas y una tienda. Contralamos ados muchachos para que nos llevaran las bestias a San Luis y pagamos al dueño de un “picop” para que condujera nuestras mattrechas humanidades, algo olorosas a zorrillo. Fue ilegando a San Luis y a darnos un chapuzón a un pequeño pero muy limpio, en esa época, río que pasa como a300 metrosdel pueblo; ya limpitos, cambiados, rasurados y perfumados, nos lanzamos a buscar que comer, “naranjas”, no conseguimos pero ni queso; ante lan fatídica y hambrienta situación, dispusimos halar para Poptún. Al llegar nos dijeron que podíarnos hospedarnos en el Hotel Rivera. Resultó que el propietario era paisano occidental, casi de todos conocido, pero

 

el hotelito estaba en construcción y, como en ese tiempo presumía de soltero, Paco tenía que multiplicarse para atender la farmacia y el hotel con su comedor. Las pocas habitaciones estaban llenas de huéspedes, pero nos atendió solícitamente y nos dijo que solo había libre un cuarto sin terminar, le faltaba  pared del lado del patio, -Si se avienen y la quieren, tómenla dijo…La ocuparnos depositando todo nuestro menaje de viaje un rifle calibre 22 y una colt, menos mal que en ese tiempo no habían sacado el “curso” los ladrones, Poptún era sano. Si había algunos centros nocturnos donde las “señoritas” ejercían la profesión más antigua del mundo. Restaurantes, sólo existía recién inaugurado El Bosque, propiedad de mis queridos amigos Quique Hernández, q.e.p.d. y su esposa Fabiola. Comedores, tres muy sencillos, había uno donde pasaban a comerlas tripulaciones y pasajeros dela Fuentedel Norte, donde los “bistecs’ los freían en olla, de un jalón 12 ó 15, salían escurriendo aceite.

 

Esa noche había baile en el salón que existía en el instituto, en principio creímos que la fiesta era por nuestro arribo ¡Qué desilusión! el comité pro celebración de las fiestas septembrinas promovía la elección de la “Señorita Independencia”. Paco nos invitó y lo honramos acompañándolo, vanidad de vanidades, fue él quien nos honró al llevarnos al salón¡ y presentarnos con sus

amistades. Al principio nos sentimos como pollos comprados en patio ajeno, pero al calor de las primeras copas de la botella de whisky, que buena angustia me había costado, nos ambientamos: en esa ocasión conocí a Chema Villeda, Mingo Burgos (amigo muy rogado para ir a las fiestas), Meme Castillo (todavía no me atrevo a decirle el apodo que le decían), Tomás Zepeda, Coronel Méndez Ruiz, Reynaldo Arroaza, q.e.p.d.y varios que no vienen a mi memoria. Nuestro compañero Mundo Morales, q.e.p.d. se identificó declamando Las Águilas, de Félix Calderón Avila preciosa composición, y Mundo declamaba muy bien. Fue, pues un arribo feliz. Al otro día recorrimos el pueblo, me fascinó por su gente, por su clima, por sus sabanas de vetustos y erectos pinos, por sus amplias y bien trazadas calles en la mayoría, qué calles parejas y blancas como entrecruzadas cintas de plata tanto a la luz de la luna como en la oscuridad.

 

Después de nuestro trajinar por estos lares, regresé a mi casa con inquietud, eufórico; fue tal el entusiasmo que estas tierras impactaron en mi ser que al año siguiente, después de haber rendido al comité información amplia y pormenorizada de las bondades que ofrecían las tierras recorridas, en enero del 73 regresé a Poptún con todos mis bártulos y cuatro chilpayates que vinieron a dejar aquí su adolescencia. Por vicisitudes de la vida me fui ala Capitalen enero del 83 y, como dicen que la que es, vuelve, el 15 de noviembre del  93 regresé a esta explotada tierra, que como madre perdonara y amorosa, mece en planicie de su pecho a un pueblo de edad adolescente que en lontananza vislumbra un positivo futuro mejor, que como el tiempo inexorable, más tarde o más temprano serála CabeceraDepartamentaldel Petén del Sur.

 

Vecinos, aunemos esfuerzos, ya que es mejor dar que recibir, conservemos, no destruyamos, ayudemos y no denigremos, porque no son los lugares los que mejoran al hombre, es el hombre el que mejora los lugares que Dios bendiga esta tierra que posiblemente me va a albergar en sus entrañas, el día que El Señor me llame a rendir cuentas.

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