HACIA LA RECUPERACION DE NUESTRA HISTORIA

Posted on octubre 29, 2011

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HACIA LA RECUPERACION DE NUESTRA HISTORIA

 

Dr. Julio Castellanos Cambranes

Plumsock Mesoamerican Studies

South woodstock. Vt., EE.UU

 

El 13 de marzo de 7997 se cumplirán tres siglos del aciago día en que nuestra querida isla de Flores Petén llamada Por nuestros antepasados mayas-itzáes Nohpetten, “Isla Grande” – fue ocupada por una abigarrada soldadesca al mando de Martín de Ursúa y Arismendi, gobernador de Yucatán. En una acción de guerra sin precedentes en nuestro Nohukun, ” Gran Lago”, casi doscientos hombres descendieron de una galeota artillada, disparando armas de fuego y matando innumerables isleños que se atrevieron a hacerles resistencia. Por esto, esta fecha no debe servir para hacer apología de la “conquista del Petén”, ni ser motivo para discursear sobre sus resultados integradores y el gozo de saberse producto de

un mestizaje ejemplar, sino para tratar de recuperar nuestro glorioso pasado y recordar la voluntad de hierro de los mayas-itzáes, que prefirieron resistir y morir antes que convertirse en vasallos de los invasores.

 

La historia de la invasión española al actual departamento del Petén ha sido la más oscura y menos difundida de las historias de las invasiones españolas a las diversas regiones que ocupan la geografía de Guatemala. Sobre el tema de su supuesta conquista sólo existe la obra de un oscuro cronista de la época, Juan de Villagutierre, que aún hoy en día tiene la marca del pasado español y pese a ser conocidas sus múltiples deficiencias, durante tres siglos han bebido de ella los historiadores como si se tratara de un manantial en medio del desierto. No existe una explicación para la desidia de los investigadores, que han preferido glosar hasta el infinito ésta obra mediocre y especular con los fantásticos relatos del autor, que acercarse a consultar los documentos de archivo en donde obtuvo su información.

 

A estas alturas, descubrir que la invasión de los españoles no significó la conquista del Petén no es un hallazgo; es una obviedad que, por lo tanto, necesita de muy poca demostración. También es sabido que el alcance de la acción militar de Ursúa, su verdadera dimensión, sólo es evaluable a través de su herencia, de lo que quedó después de su muerte. Y esto, naturalmente, depende en buena medida, del historiador que relato los acontecimientos. Así, como quien cumple un destino, la empresa de conquista de Martín de Ursúa, puede ser vista corno un empeño meritorio, un gran logro, o una farsa, según la perspectiva desde la cual se vea. Viilagutierre,

como relator del Consejo de Indias, se encontraba al servicio de ia Corona española (y hay quien sugiere que a sueldo del mismo Ursúa). Su versión de una supuesta conquista fue escrita con la finalidad de convertir a Ursúa en una figura mítica, capaz de brillar con luz propia ante el rey de España y su Corte. En este afán, no escatimó halagos y proezas para su héroe, a la par que le faltaron palabras para denigrar a nuestro pueblo itzá, al cual acusó ante sus contemporáneos y las generaciones futuras, de salvaje, brutal, carnicero, cobarde y traidor, entre otras cosas. Con esto pretendió robarnos el alma, ya que un pueblo sin el conocimiento de su pasado jamás podrá tener futuro. De ahí que en esta fecha, de triste recordación, es imprescindible señalar que el relato folletinesco que hace Villagutierre de los antecedentes de la invasión de 1697 y de la ocupación de Nohpetten no es acorde con la historia real, con  la manera de cómo sucedieron los acontecimientos. Pese a que el autor aparenta describir con sumo cuidado los detalles históricos del proceso de penetración española en nuestro territorio, hasta su “conquista”, todo el libro está lleno de nombres, lugares, personajes y hechos equivocados, y de otros errores de bulto y falsedades. Además, la primera parte del libro no es más que el plagio descarado de lo que diversas personas escribieron sobre los itzáes y Nohpetten antes que él. De la rica documentación que cayó en sus manos para escribir la segunda parte de la obra, sólo aprovechó aquella que le era útil para el lucimiento de Ursúa, no teniendo ningún interés en desvelar los aspectos más oscuros de la invasión española a nuestra tierra.

 

De acuerdo, Villagutierre hizo lo que tenía que hacer, escribió una serie de disparates sobre una imaginaria conquista de infieles, y Ursúa, su señor, logró su propósito de ser premiado con un “Título de Castilla”. Por decisión del mismísimo rey, fue convertido en el flamante “Conde de Lizárraga”, De esta manera, “ellos” hicieron su versión de la “conquista” y r” sintieron muy satisfechos con su obra; ahora nos toca a nosotros, los peteneros descendientes de mayas-itzáes, contar nuestra versión. Tenemos la obligación de despertar la memoria histórica del pueblo petenero sobre nuestros heroicos antepasados. Y lo que tenemos que hacer, es desechar todas las versiones existentes acerca de nuestra “conquista”, comenzando con ia versión de Villagutierre, y reconstruir Ia historia del asalto y ocupación de Nohpetten tal y como en verdad sucedió, poniendo luz en las zonas sombrías de la misma.

 

Siguiendo este cometido, quien esto suscribe ha trabajado durante varios años en el Archivo General de Indias, en Sevilla, transcribiendo más de 8.000 folios de valiosos documentos del período de1670 a1730, entre los que se encuentran cédulas reales, autos, despachos y testimonios oficiales, informes de fiscales y otros prominentes miembros del Real Consejo de Indias y de altas – y no tan altas – autoridades civiles y eclesiásticas de España, Nueva España, Yucatán y Guatemala, incluyendo numerosos escritos y cartas personales de Ursúa, de varios Presidentes dela Audienciade Guatemala, de misioneros religiosos, capitanes y oficiales subalternos,  soldados y primeros colonos que participaron en la invasión y en el primer asentamiento

español de Nohpetten, así como los testimonios de diversos dignatarios, guerreros y campesinos itzáes interrogados por oficiales reales y padres misioneros.

 

Como resultado de mi labor investigativa, encontré interesantísimos datos sobre la verdadera historia de ia heroica lucha que libraron los campesinos itzáes contra los invasores, que pronto daré a conocer, s Basta por ahora declarar en este Número Conmemorativo de la revista PETEN ITZA, que en los documentos del Archivo de Indias pude comprobar que el verdadero nombre de nuestra actual Ciudad de Flores no era Tayasal, ni ninguno de sus múltiples variantes, como se ha creído durante siglos gracias a la torpeza de los españoles, sino Nohpetten, como la denominaban los itzáes que la habitaban.6 Logré constatar, además, que la documentación sobre la pretendida conquista sólo fue utilizada en una mínima parte por Juan de Villagutierre, quien no tuvo ningún interés en revelar el verdadero perfil de una empresa fracasada, ni de poner en evidencia los verdaderos valores ni la condición humana de sus participantes, comenzando por Ursúa y sus secuaces, Del estudio riguroso de dichos testimonios históricos de primer orden, es posible narrar la trama y el sentido de sucesos reales, de personajes cuyos acciones de conquista militar, evangelización cristiana, por un lado, y lucha de resistencia a una pavorosa agresión, por la otra, son verdaderamente impresionantes.

 

Los documentos del Archivo de Indias, revelan que inmediatamente después de poner las plantas de sus pies en nuestro sagrado suelo, los invasores extranjeros se dedicaron a demoler sistemáticamente los templos y a destruir todos los vestigios religiosos de nuestros antepasados. Esa ingrata labor duró desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde, hora en que, extenuados y satisfechos de su obra, los depredadores dieron por finalizada su acción.  Según un testigo ocular, Martín de Ursúa, además de dirigir personalmente la acción destructora mencionada, se robó los códices  mayas que encontró en los templos, en donde estaba escrita Ia historia del pueblo itzá (esto lo calló mañosamente Villagutierre), dedicándose después, con gran codicia, a buscar las

inexistentes minas de oro y plata que lo habían movido a armar y encabezar ia expedición de conquista a nuestra tierra.

 

Por medio de falsas promesas y engaños, Ursúa hizo comparecer ante si al mandatario itzá Can Ek, a su lugarteniente, el rnáximo sacerdote Quin Can Ek, y a otros dignos guerreros, a fin de averiguar la ubicación de las mencionadas minas. Después de humillar los públicamente, los hizo encarcelar, encadenar, encarcelar y someter  a bochornosos interrogatorios semejantes a los que solía hacer el Santo Tribunal de la inquisición. Tanto – Can Ek, como sus compañeros, demostraron una gran capacidad de resistencia física y moral a lo largo de los dos años que estuvieron en prisión en Nohpetten. Durante todo este tiempo no tuvieron una actitud pasiva ante sus esbirros, va que en más de una ocasión intentaron fugarse y levantarse en armas, antes de ser conducidos engrilletados a Guatemala. En los documentos que he tenido a mi vista, encontré que Quin Can Ek y otro aguerrido itzá fueron asesinados por sus conductores en medio de la selva, a causa de rebelarse y preferir morir antes que ser esclavos. El heroísmo de estos hombres estaba lleno de valor, melancolía y dolor apagado ante la ausencia del poder perdido y la arrogante presencia de invasores blancos en su sagrada Nohpetten. Descubrí que a estos invasores los itzáes los llamaban demonios. Y esto, porque ante sus ojos – que solían identificar los rasgos y aún el carácter de las personas con los de ningún animal, los barbudos animalizados y con tufillo de azufre que invadieron su territorio en calidad de conquistadores, de naturaleza inquietante y temible, sólo podían ser demonios blancos.

 

Como los mayas-itzáes tenían plena conciencia de pertenecer a un pueblo que poseía un brillante pasado y un gran espíritu de lucha, nacido de sus deseos de vivir en libertad, permanecieron leales a sus antiguos dioses, escenificando diversas explosiones de revueltas, que a corto plazo no sólo significaron una derrota política a las aspiraciones Ce conquista de los españoles, sino una muestra de  que no estaban dispuestos a aceptar pasivamente un cambio profundo en sus tradicionales formas de pensar y de vivir. Esto se puso en evidencia inmediatamente después de ser expulsados de Nohpetten. La humillante sobrevivencia en los pueblos de la rivera – el trago hizo de los campesinos-guerreros itzáes -se sintieran prácticamente en una jaula, por lo que buscaron en las montañas adyacentes la libertad que proporcionaba la vida en el gran océano verde sin fronteras. Así, la proclamada conquista de los itzáes, se convirtió en una inclaudicable lucha de resistencia campesina a la invasión española, que lamentablemente terminó cuando ia inmensa mayoría del pueblo itzá fue aniquilada físicamente, muerta por enfermedades contagiosas traídas por los “conquistadores”, o sometida a un proceso de mestizaje mediante matrimonios de mujeres indígenas con soldados y colonos españoles establecidos en nuestro Nohpetten.

 

La penetración extranjera en el territorio petenero solo logró romper la cerrada cultura maya hasta en el siglo XX. Después de casi aniquilar a la población itzá resquebrajar su monolitisrno religioso. Lo singular de este proceso es que fue muy larga duración. La dominación española se Iimitó casi exclusivamente a Nohpetten y produjo negativos efectos sociales y una fuerte crisis de los valores culturales y en el modo de vida tradicional. El establecimiento del Estado de Guatemala, en 1821, y las nuevas formas de organización política, social y económica que le acompañaron

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