CHONA, SOY VICENTE…EL HOMBRE QUE TE AMA

Posted on octubre 30, 2011

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CHONA, SOY VICENTE…EL HOMBRE QUE TE AMA

Vicente es un traba¡ador de la selva petenera. Sus oficios son chiclero, milpero, shatero, pimientero y hasta guechero, cuando se presenta la oportunidad. Vicente ha hecho de todo lo que termina en ” ‘ero’ “, menos ratero, pues es muy honrado.

Vivió mucho tiempo en Uaxactún, donde ya había echado raíces, pues desde que llegó como aprendiz de chiclero de Carchá, Alta Verapaz, su tierra natal, le gusté ese lugar para vivir. Vicente nunca tomaba licor, cosa rara en él, pues en Alta Verapaz es famoso el boj de caña, bebida tradicional entre ellos.

Cuando soltero y joven, Vicente siempre era apacible y sereno, pero nadie sabía que dentro de su ser bullía un cúmulo de pasiones por una mujer que lo traía desesperado y loco por el gran amor que sentía.

Hacía mucho tiempo que le gustaba la Chona, una mujer joven también indígena, trabajadora, de 25 años de edad, y quien vivía sola desde hacía dos años por haber enviudado y con un hijo de tres años.

La Chona se dedicaba a comprar chicle y shate que luego revendía. A Vicente le gustaba la Chona, pero no se atrevía a decirle nada, aunque la visitaba a menudo, ya que él también le vendía su producto forestal.

Lo que le provocaba celos, era que siempre que llegaba a verla encontraba a más de un pretendiente platicando con ella, por razones de negocio.

Cuando Vicente estaba solo, ensayaba todas las cosas bonitas que esperaba decirle, pero ya frente a ella, los sentimientos se convertían en un temblor incontrolable. Se rascaba la cabeza, para encontrar qué decirle a la bendita Chona. Su tormento noche y día.

La miraba con desesperación y pensaba: “‘Te amo Chona..” te quiero, pero, no sé cómo expresarlo ” ” . Al recibir la mirada de la Chona, Vicente inclinaba el rostro, vencido por los penetrantes ojos. Siempre era lo mismo, platicaban de todo, menos de amor. Lo vencía el miedo.

Un día, muy desesperado y rabioso consigo mismo, se golpeó el pecho con furia pues sentía ahogarse con las palabras. Abrió la puerta y mirando el cielo, elevó una plegaria a Dios pidiendo fuerzas para declarar su amor. Por primera vez sintió deseos de libar y se fue a la única cantina que había en ” el pueblo, donde tomó varios tragos sin saborear. Se sintió diferente y pensó en la mujer de sus sueños. Cerca de las   siete y media de la noche, un tanto tambaleante se dirigió a la casa de la Chona, llevando entre sus ropas media botella de licor.

Al llegar, tocó la puerta y la Chona, que estaba sola en ese momento, abrió en seguida. El niño ya estaba dormido” Los ojos de Vicente centelleaban, corno el toro frente al matador. La miraba fijamente sin decir palabra alguna. La Chona se asustó, pues jamás lo había visto embriagado.

Una fuerza extraña lo impulsó a tomarla entre sus brazos y la besó con fiereza. La Chona sin oponer resistencia, correspondía a sus bestiales besos, Gemían.

Después de muchos besos ardientes, se separaron jadeantes por el éxtasis pasional. En la penumbra, permanecían abrazados y de pié. El débil candil amenazaba con apagarse, cuando por fin, e enamorado rompió el silencio y gritó:

– Chona, soy Vicente, el hombre que te ama!

– Yo también te amo, Vicente.

Se volvieron a besar.

A los pocos días, muy enamorados decidieron unir sus vidas ante el alcalde auxiliar de Uaxactún, con la presencia de dos testigos”

Chona le procreó tres hijos a Vicente aparte el de ella. Hace cinco años salieron de Uaxactún.

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