EL ANTIGUO TIKAL: VISTO POR UN VIAJERO

Posted on octubre 30, 2011

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EL ANTIGUO TIKAL: VISTO POR UN VIAJERO

Alice J. Hall

Los dioses mayas deben haber favorecido a esta ciudad, con sus pirámides cuales templos coronados, con sus grandes residencias

para los nobles, con su atractivo mercado y sus canchas con palcos

para juegos de gran habilidad y riesgo mortal.

Es que el solo hecho de ver Tikal puede paralizarnos el corazón. Esto es lo que el joven forastero –llamémoslo Chan y supongamos que viene de – cualquier aldea remota- se pregunta al acercarse a la ciudad.

Se da cuenta que una pared protege a Tikal, al pasar a cuatro kilómetros y medio en el camino norte. Aquí paga un impuesto por el pesado atado de leña de zapote que lleva en su primer viaje al gran mercado de Tikal; su padre le ha prometido que la mitad de sus ganancias será usada para ayudarlo a comprar una novia.

A dos kilómetros de aquí, Chan observa un santuario en la entrada. De ahí se encamina en un sacbe pavimentado de 26 mts. de ancho, a la izquierda inferior. Casi inmediatamente divisa uno de los estanques que abastece agua durante la temporada seca.

Chan llega a la Plaza Este. Mas adelante esta la Acrópolis Central, con sus escuelas religiosas y dormitorios, oficinas del gobierno y palacios.

GOBERNANTES PODEROSOS ERIGEN TEMPLOS NUEVOS SOBRE LOS VIEJOS.

Una multitud de trabajadores construyen un templo nuevo a los dioses de la lluvia en la Acrópolis Norte, Escena que Chan hubiera presenciado si hubiera llegado un siglo antes. Un gobernante murió y fue enterrado en un templo más antiguo en este mismo lugar, pero ahora su tumba ha sido sepultada por un monumento aún más importante.

Las técnicas de construcción son realmente maravillosas. Los obreros unen paredes de piedra con cemento, rellenando el espacio de en medio con piedras, argamasa y desperdicios. Luego las emparejan con yeso y construyen otra hilera.

LOS PALACIOS OFRECEN UNA VIDA PLACENTERA A LA NOBLEZA.

Rodeada de adornos aristocráticos, la familia de un noble descansa antes de la comida de mediodía. Estos aristócratas viven en un ala de un palacio de dos pisos en la Acrópolis Central de Tikal. Sobre la escalera una cabeza del Dios Jaguar proclama protección divina para los miembros de la dinastía del jaguar real.

El jóven noble, sentado sobre pieles de jaguar y cubierto de jade, ofrece fruta a su hermano mientras charlan sobre asuntos de estado. Detrás de una cortina de algodón a medio levantar, su esposa acomoda al bebé sobre una dura banca cubierta de cojines y sábanas de algodón para mayor comodidad. (la enorme máscara de pájaro hecha de papier-mache y plumas, extrema derecha, cuelga lista para la próxima ceremonia en la ciudad. En el soleado patio un obrero parcha el yeso de la pared que la lluvia malogro, una tarea interminable, otros echan agua potable y sacan maíz para hacer atole. Un coati enlazado parecido al mapache busca comida en los despojos que se acumulan hasta ser llevados al basural de la comunidad, fuente de relleno para construcciones como se puede ver en estas paredes cortadas por el dibujante. La casa esta construida tan sólida como un templo.

Paredes construídas de piedra, con relleno de por medio, se inclinan progresivamente una hacia la otra, hasta que la separación se cierra formando una bóveda típica del Maya Clásico. A medida que la población aumenta los  residentes hacen remodelaciones,

siempre buscando independencia, sellando los marco de las puertas y añadiendo secciones con patios privados.

LA GENTE QUE ALIMENTA A TIKAL.

Vagando por el campo, Chan conoce a una familia que le recuerda a la suya. Siguiendo el ciclo de sus cosechas, cultiva hortalizas para venderlas en el mercado central de Tikal. Alrededor de un patio, un padre y sus hijos casados han construido casas de palos y estuco con techo de paja. Arrodillada sobre un metate, una madre muele

nueces recogidas del árbol ramón; horneara panes con sabor a castañas.

Usando un telar una hija teje una tela de algodón de diseños complicados. Animales salvajes que han sido atrapados en el bosque, como son los monos araña y los coatis, se han vuelto mascotas consentidas de los niños.

Los venados tiernos y los pavos son sacrificados para los banquetes en ocasiones especiales. En pequeñas terrazas construidas para contener Ia tierra y evitar la erosión, los hombres cuidan una variedad de cultivos como son: maíz, frijoles, chiles, tomates, zapallos y calabazas. Huertos de papayas y aguacates ricos en proteínas florecen alrededor.

LA FERIA DE TIKAL: ESCENARIO DE ABUNDANCIA TROPICAL

En el mercado central, gran variedad de mercadería local e importada compite por la atención de Chan. Regateó duro antes de vender su leña y ahora lleva en su bolsa 20 gramos de cacao que es la moneda de Tikal. Debe resistir la tentación de gastar su dinero mientras camina entre las largas galerías. Aquí un cazador ofrece pieles curtidas y carnes de conejo, pavo, venado, armadillo e iguana. Más allá un mercader exhibe sus finos textiles. Los talleres de Tikal producen otros objetos tales como vajillas de diario, recipientes de calabazas, herramientas de sílex, velas de cera de abeja y canastas tejidas.

Desde montañas y orillas remotas llegaron navajas de obsidiana tabaco, sal, filete de pescado seco y metates de piedra volcánica. En las gradas a la derecha, una mujer cocina un guiso que burbujea sobre la fogata de carbón. Detrás de la cocinera, un hombre doblado bajo la bolsa de red, entra a la parte inferior, donde venden artículos sagrados y de lujo; máscaras, hierbas medicinales, incenciarios, figurillas, pitos, plumas de quetzal, cuchillos con navajas de formas raras y espina de raya usadas para sangrar. Escondido de la vista del público está el precioso jade de la sierra que es usado de adorno y como ofrenda.

Chan sabe que al igual que en los mercados de pueblo, los administradores de mercados fijan los precios máximos. Los contratos, aunque nunca escritos, son validos cuando las partes deben juntas en público. Mucha gente usa como dinero granos de cacao iguales a los de Chan, pero los ricos según lo que él ha escuchado, se consumen su dinero en una forma conspícua, tomándoselo en chocolate. A veces falsificadores le sacan la cáscara al grano y lo rellenan de barro.

Por doquier que Chan miere, ve prosperidad. No hay ni sombra del futura que le espera a Tikal en el año 900, cuando estará realmente abandonada. El comercio por vía terrestre desaparecerá y será reemplazado por canoas que navegarán transportando artículos entre México y Panamá alrededor de la Península de Yucatan. Pero aún cuando los españoles lleguen en el siglo 16, los mayas seguirán siendo mayas. Como informara el Obispo Landa: “El oficio que más les atrae es el Comercio”.

CEREMONIA Y DEPORTE: EL JUEGO DE PELOTA MAYA

Los gritos del público, los golpes de la dura pelita de hule contra la pared, el ruido de los cuerpos que chocan, toda esta bulla de un juego de pelota, atrae la atención a Chan.

A los jugadores les está prohibido usar las manos; le pegan a la pelota con las caderas mandando la pelota alrededor de la cancha. Si la pelota cae al suelo está “muerta” y quizá la misma suerte corran los del equipo perdedor. El juego es tomado tan en serio que a veces los jugadores que pierden son sacrificados.

En este juego en Tikal los nobles privilegiados pueden vitorear sentados encima de las paredes, mientras que el resto del público en los baños de vapor y habían murmurado cantos mágicos para ganar. Un sacerdote bendecía la cancha y el juego comenzaba. Entonces los ágiles jugadores saltaban para bloquear o para contestar una jugada.

Este rápido y violento juego preocupa y confunde a Chan quien vuelve a su casa en el campo con su montón de dinero de granos de cacao intacto. Si solo hubiera sabido que su visita  a Tikal le había mostrado una de las principales ciudades de su época. Ciudad que rivaliza con Roma, Alejandría y los grandes centros de la China.

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