EL TITULO DE CIUDAD FLORES DADO A LA CABECERA DEL DEPARTAMENTO DE EL PETEN

Posted on octubre 30, 2011

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EL TITULO DE CIUDAD FLORES DADO A LA CABECERA DEL DEPARTAMENTO DE EL PETEN

Año de 1831, Mayo 2. Se da a la cabecera del Distrito del Petén, el título de CIUDAD FLORES, en memoria del vicejefe de Guatemala señor Cirilo Flores.

MARURE – EFEMERIDES DE CENTRO AMERICA

Todos sabemos, quien más quien menos que a raíz de la conquista  de Petén Itzá (Marzo de 1697) los españoles bautizaron a la capital

itzalana con los nombres de “Nuestra Señora de los Remedios y San Pablo”. Más tarde por decreto de la Asamblea de Guatemala fecha 29 de Octubre de 1825, se le concedió a esta isla el título de “Villas de los Remedios Petén” Y por último, por otro decreto legislativo de 2 de Mayo de 1831, se le honró con el título de Ciudad y con el nombre de “Ciudad Flores”, que actualmente lleva. Pero no todos están al corriente de los motivos que se tuvieron en cuenta para otorgarle este título a la cabecera de nuestro departamento.

Para divulgación y conocimiento de los que tal vez entre nosotros lo ignoren, me permitiré explicar brevemente este hecho, que debe ser conocidos por todos los peteneros y así poder rendir el debido homenaje al ilustre prócer liberal Dr. Cirilo Flores, que fue sacrificado en Quetzaltenango en aras de la libertad, siendo vicejefe del estado de Guatemala, en la Federación Centroamericana.

En Septiembre de 1826 eran respectivamente presidente de la República Federal de Centro América el ciudadano Manuel J. Arce; Jefe del Estado de Guatemala el ciudadano Juan Barrundia; y el vice-jefe el ciudadano Dr. Cirilo Flores.

No andaban por ese tiempo muy bien los asuntos políticos en Guatemala por divergencias entre las autoridades superiores.

El Jefe Barrundia había sido reducido a prisión por el Presidente Arce, bajo la acusación de ser el motor de un movimiento rebelde

contra el mismo presidente; Y al vice-jefe Flores, al notificársele el

arresto de su superior jerárquico, conminósele para que tomara la

Jefatura del Estado.

No encontrandose seguro en la capital, por Ia hostilidad del Jefe supremo, dispúsose la traslación de las autoridades del Estado a la

ciudad de Quezaltenango.

El domingo 8 de octubre de 1826 entró el Dr. Flores a Quetzaltenango, acompañado de algunos Diputados, siendo recibido con demostraciones de regocijo, regando flores a su paso y

engalanando los balcones de las casas con colgaduras y gallardetes.

Nadie hubiera podido imaginarse que aquellas demostraciones de júbilo y simpatía se conviertan cinco días después en la más espantosa tragedia. El populacho inconsciente, impulsado por agitadores apasionados, enemigos del prócer, dió al traste con el ídolo de ayer, asesinándolo en la Iglesia Parroquial de aquella Ciudad, el día13 del mismo mes de Octubre, de la manera más infame y cobarde.

El Dr. Flores no merecía ese tratamiento.

Era patriota distinguido por sus acreditados conocimientos en la ciencia médica por su Iaboriosidad infatigable, por su carácter dulce y humano, y especialmente por su amor a la Independencia y a la causa de la libertad. Estas prendas le crearon enemigos y envidiosos que, al  fin, lograron hacerlo perecer en medio de un pueblo que lo había adorado, en cuyo seno había fijado su domicilio y que por espacio de muchos años había sentido la influencia de sus virtudes benéficas.

Flores fue padre de Quetzaltenango; en el desempeño de los cargos públicos, Flores dedicó constantemente sus desvelos al bien de aquella Ciudad; en lo privado, los infieles haIlaron siempre favor y protección en su alma generosa; y en fin, Flores acreditó al pueblo quetzalteco,  que lo amaba y que deseaba sinceramente su felicidad, por eso, a su entrada el 8 de Octubre, fue recibido con demostraciones de regocijo y engalanaron sus balcones con colgaduras y gallardetes.

Pero, ¡Oh qué sarcasmo de la vida y flaquezas de Ia humanidad! Las intrigas y la pasión política pudieron más que las credenciales

que adornaban al patricio, y aquel pueblo, ofuscado e ingrato, lo traicionó, tratándolo como enemigo peligroso del cual había que salir pronto.

El partido liberal al que pertenecía Flores, consideró este crímen como el resultado de una combinación particular de Arce y sus partidarios, mientras que éstos sostuvieron que había sido efecto de la casualidad, o más bien de las violencias que ejercieron los liberales en Quetzaltenango y que excitaron nerviosamente al pueblo en su contra.

Lo cierto es que los errores, el desconcierto y las pasiones políticas de la época determinaron  ese crimen que ocasionó tantos males a la naciente república de Centro América, en sus primeros años de vida independiente.

Consumado el sacrifico del Flores, sus matadores arrastraron su cuerpo y Io dejaron expuesto todo aquel día a los insultos de una plebe bárbara. Los demás funcionarios del Estado que lo acompañaban, buscaron la salvación en la fuga, y de esta suerte quedaron disueltos de hecho los Poderes del Estado de Guatemala.

Encontramos cierta similitud entre este horrendo asesinato y el domingo de Ramos, en el cual el divino Maestro entró triunfante en Jerusalén montado en una borrica. A su entrada la gran muchedumbre de gente tendía por el camino sus vestidos, otros cortaban ramas de los árboles y los tendía or el camino. Y tanto 1as gentes que iban delante, como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosama al Hijo de Davidi ¡Bendito sea el que vienen en

nombre del Señor! Tres días después, ese mismo pueblo vociferaba

ante el Pretorio de Pilatos: ¡Crucifícalo! Y el dulce Jesús movió clavado en una cruz en la cumbre del Gólgota, víctima del odio y de

la furia de los sacerdotes y fariseos que azuzaban al pueblo ingrato y valeidoso.

A través de más de cien años, dice un escritor contemporaneo, refiriéndose a la muerte del Dr. Rores, parece que el eco devolviera los alaridos del odio, de furia y rencor y de venganza de aquellos aciagos días.

La asamblea restaurada en 1829 decretó honores fúnebres a Ia memoria del ilustre desaparecido, y mandó colocar en el salón de

sesiones un cuadro con la siguiente inscripción: AL INMORTAL YICE-JEFE, CIUDADANO CIRILO FLORES, MARTIR DE LA r MERTAD, SACRIFICADO EN QUETZALTENANCO EN ARAS DE LA LEY.

Y por Decreto de la Asamblea legislativo fecha dos de mayo de 1831, se concedió a la cabecera del Distrito de El Petén, el título de

CIUDAD FL,ORES, en memoria del ilustre muerto. He aquí el Decreto:

DECRETONUMERO 28

LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL ESTADO DE GUATEMALA

CONSIDERANDO:

Que por el celo del Jefe Político del Petén se está verificando Ia empresa útil de un nuevo camino entre la Ciudad de Cobán y aquel

distrito, por una dirección en que habrán de ahorrase más de sesenta leguas; ha tenido a bien de decretar. y …

Se concede exención de derechos por un año al comercio que se

haga por el nuevo camino que se está abriendo del Petén a Cobán.

2. El gobierno presentará gracias al Jefe Político ciudadano Julián

Segura por su celo en la verificación de esta obra así como todos los individuos del Petén que han contribuido en ella.

3. Que la cabecera de aquel Distrito se conceda el nombre de CIUDAD FIORES, en memoria del ilustre Vice-Jefe Dr. Cirilo Flores, que fue víctima en Quetzaltenango.

Comuníquese al Consejo representativo para su sanción. Dado en Guatemala, a dos de mayo de mil ochocientos treinta y uno

M. GALVEZ VENANCIO CASTELLANOS

Diputado Presidente Diputado Secretario

Sala del Consejo Representativos del estada de Guatemala en la corte, a diez y siete de mayo de mil ochocientos treinta y uno.

J.M. NORIEGA J. M. COBAR

Presidente Secretario Accidental

Tal es lo que hemos podido averiguar acerca del Dr. Cirilo Flores,

como hombre de Estado, y del legado de su glorioso nombre a esta

cabecera.

En el decreto preinserto, se hace también reconocimiento de méritos de un notable petenero; Don Julián Segura, nativo de esta

ciudad y que fue Jefe Político del Departamento durante los años 1829 y 1831.

Nosotros los peteneros, especialmente, debemos rendir pleitesía a

la memoria del Dr. Cirilo Flores, y colocar su esclarecido nombre en

el santoral político de nuestra historia.

JULIAN A. PINELO

Ciudad Flores, Petén, enero de 1941.

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