EL VERDADERO FUNDADOR DE LA REVISTA PETEN ITZA

Posted on octubre 30, 2011

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EL VERDADERO FUNDADOR DE LA REVISTA PETEN ITZA

Marco Puga

Cuatro meses antes de su muerte, don Alejandro Martínez H., acepto conceder, precisamente para esta publicación, una entrevista que, cosa del destino habría de ser la última que el distinguido escritor petenero brindara a un medio de comunicación . Fue como era del caso. Una entrevista en profundidad.

Pese a su delicado estado de salud, que restaba vitalidad a su voz, don Alejandro, comprendió la importancia de aquel acto y decidió llevarlo adelante con el objeto de dejar para la posteridad, su pensamiento, el fruto de sus experiencias y la síntesis de sus anhelos por un Peten próspero y bien consolidado.

Durante las dos horas que duró el encuentro, estuvo con nosotros su esposa doña Chevita cuya aportación resulto muy significativa por cuanto sus breves intervenciones sirvieron al entrevistado como una especie de aidemeoire y valioso auxiliar que le permitió clarificar sus recuerdos y conceptos.

Procedo, pues, sin más preámbulos, a transcribir las grabaciones.

Marco Puga:

¿Cuáles son los recuerdos más remotos que tiene usted de El Peten?

AleJandro Martinez:

Son recuerdos muy agradables. El Peten que yo viví en mi niñez era tan tranquilo, tan paradisíaco en su belleza natural, que bien podría ser comparado con un país de utopía. Claro que los problemas nunca faltaron pero estos en su mayoría fueron siempre de orden político por lo demás, que podría decir de una diminuta isla bajo el sol, enclavada en uno de los lagos de agua dulce mas majestuosos del mundo, donde todo era parejo, desde la arquitectura de las casas, hasta la vestimenta; un lugar donde no había mayores diferencias entre ricos y pobres. Era en verdad, un exótico modelo de democracia en su forma mas primitiva o, quizás, rudimentaria.

MP: Problemas políticos ha dicho usted: ¿Podría elaborar un poco en torno a ese concepto?

AM: Bueno, para quienes conocen de cerca la historia del Petén, tan dramática como apasionante, no constituye ninguna novedad la contradicción que se dio en nuestra tierra desde la invasión española: la vida parroquial se desenvolvía en un marco de paz, tranquilidad y armonía, pero paralelamente las relaciones de aquel

pueblo con el poder gobernante siempre estuvieron plagadas de aristas. Es una historia llena de abusos, de opresión, de desencanto y de crimen. De distintos niveles e intensidades, desde luego, pero

el juicio vale tanto para el genocidio cometido por don Martín de Ursúa como para los actos de corrupción del último promotor del FYDEP, sin olvidar el rosario de vicisitudes padecido por nuestro pueblo con estoicismo e integridad. Estos atropellos fueron especialmente crueles a la vuelta del siglo y a resultas de ello hubo un desmembramiento doloroso pues más de la mitad de la comunidad petenera buscó alivio en el éxodo hacia Belice.

MP: ¿No fue ese un periodo particularmente interesante?

AM: Yo diría que eso de depende mucho del lente con que se mire. Para mi, pus si, indudablemente que interesante si que lo fue.

MP: ¿Porqué?

AM: Porque yo fui uno de los poquísimos privilegiados por el régimen de aquel entonces.

MP: ¿Privilegiado? ¿En que forma?

A.M.: Vea mi padre, quien tenía el mismo nombre que yo, Alejandro

Martinez, fue desde muy temprano adoptado por el licenciado Clodoveo Berges Penados, aquel intelectual de altos vuelos que se significo como uno de las puntales de la cultura petenera. Pues bien, don Clodoveo fue durante 22 años, como bien lo decía la conseja popular, el Sota, Caballo y Rey del Petén. El se preocupó por mi educación. Y yo sentía por él una gran admiración que terminó por despertarla simpatía de “Papaíto”, como entonces Ie decíamos, lo que con el tiempo llegé a pesar lo suficiente como para  convertirme en su favorito.

MP: ¿Quiere esto decir que fue usted un hombre de confianza de don Clodoveo?

AM: Hasta cierto punto.

MP: Hasta qué punto?

A.M: Hasta donde se puede tener confianza en un niño. No hay que perder de vista que yo nací en I906, un II de enero, y aunque él me conocía porque su relación con ml padre lo convertía de hecho en ml abuelo, no fue sino hasta que tenía yo 8 años cuando él cuando el comenzó a verme con interés. La cosa ocurrió así; durante una de sus rutinarias visitas a la escuela de varones de la isla, don Clodoveo me oyó recitar un poema de carácter patriótico. De timido no tenía no tenía yo un pelo y mi desparpajo lo tomó por sorpresa. Desde aquel moemtno decidió animarme a prender más poemas de aquella tónica, con el objeto de que saliera yo a declamarlos durante las fiestas patrias. De esa suerte, y siempre a su favor y conveniencia, me volví una especie de propagandista.

M.P: ¿Aprovechó usted esa circunstancia?

AM: ¿Cómo así?.., No le entiendo.

MP: Pregunto si tomó usted ventaja de aquella relación de simpatía para acercase más a don Clodoveo, obtener de él algún favor, conseguir que le revelara alguna información más, digamos íntima. ¿Le contó don Clodoveo algún secreto?

AM: Me confió el telegrafo y eso, creo yo, era un secreto dpero de los gruesos.

MP: O, quizá, ¿una máquina de secretos?

AM: El me confio el telégrafo porque tenía ciega confianza de que yo sería una tumba” Fui por ello un testigo mudo de su tribulación. Me refiero a los días que marcaron la caída del régimen. Ese tipo

de secretos. Información más íntima sobre su vida la compartió en cambio con mi padre. Mi padre más tarde la compartiría conmigo. Y fue así como llegué a saber casas interesantes que, ahora vengo a caer en la cuenta” explican el por qué de su recia personalidad.

MP: ¿Por ejemplo?

A.M.: La historia comienza con el descubrimiento de don Clodoveo por el presbítero Manuel Salvador González. Asombrado por Ia inteligencia superior de aquel niño, el sacerdote jesüita decide llevárselo en I867 para que continuase estudios en Quetzaltenango. En Xela, Clodoveo Berges es victima de la discriminación que por entonces se practica con mayor crueldad contra los estudiantes pobres que llegan de otras provincias, las estudiantes se agrupan

en clanes y en uno de estos coincide y traba amistad con Manuel Estrada Cabrera” -el hijo de la Bolichera-, quien con el correr del tiempo se cobrará caro aquellos insultos. Los estudiantes se gradúan de abogados y parten hacia la capital donde ejercen su profesión y entran en la policía” Manuel Estrada Cabrera es ya Ministro de la Guerra cuando es asesinado eI Presidente Reyna Barrios. EI Consejo de Estado busca un sustituto y selecciona, ¿adivina usted a quién?, pues nada menos que a Clodoveo Berges,

quien es llamado para hacerle la propuesta oficial correspondiente. Pero antes de la audiencia Estrada Cabrera sostiene con don Clodoveo una conferencia, lo pone al corriente de los hechos y le pide que decline su postulación y proponga en cambio la de él para ocupar la presidencia Don Clodoveo no tiene aspiraciones políticas

tan elevadas y accede. El Consejo de Ministros acepta la sugerencia de don Clodoveo y Estrada Cabrera es entronizado. Inmediatamente el nuevo presidente convoca a su amigo incondicional y lo invita a ocupar el cargo que más le agrade, Le ofrece una cartera la Corte Suprema de Justicia y por último el Registro dela propiedad. Don Clodoveo le responde que todo lo que él quiere es volver a su tierra. Y así, de un plumazo es nombrado Jefe Político y Comandante de Armas Departamental, Administrador

de Rentas, Juez de Primera instancia y con media docena de títuIos más. Entre ellos el grado de Coronel, regresa al Peten donde gobierna con mano dura y poder absoluto.

MP: ¿Esto se lo dijo don Clodoveo a su padre?

A.M: Así es y mi padre me lo dijo a mi. Ahora yo se lo digo a usted para que usted se lo diga al resto de nuestro pueblo.

MP: ¿Figura esto en alguna Historia?

A.M.: No, pero no por ello deja de ser verdad.

MP: ¿Y cual es la verdad sobre lo que don Clodoveo hizo con aquel poder absoluto de que estuvo investido?

A.M.: La verdad es que hizo cosas buenas y cosas reprobables. Estas últimas, por desgracia son inherentes a todo ser humano. Pero ya verá usted cómo reaccionó el pueblo cuando puso en la balanza los actos buenos y malos de don Clodoveo. Nada más vayamos por partes para que el asunto se comprenda mejor. Veamos primero las buenas acciones de don Clodoveo. Quizá lo mas importante haya sido su celo por mantener la integridad del territorio petenero. De esa guisa repelió las invasiones mexicanas

de 19l6 y 1917 y mantuvo a raya a los piratas ingleses que intentaban violar el territorio nacional para extraer nuestras maderas preciosas, Luego, y esto es lo mas importante para el pueblo petenero, dio un impulso vigoroso a la educación. Hizo que los más sobresalientes partieran a seguir estudios en Cobán, en la Capital

y en Quetzaltenango; introdujo una férrea disciplina en las escuelas locales y acabó con eI analfabetismo. Fue célebre su moción a la Municipalidad de Flores en 1882. Fue una sacudida psicológica cuyas ondas expansivas todavía repercuten en nuestros días,, ‘El Peten, dijo, mas o menas,… El Peten y con particularidad, Ciudad Flores, lo debe esperar todo de sus propios esfuerzos”. Una verdad del tamaño de la Santa Catedral del Peten, y que todavía tiene y seguirá por mucho tiempo teniendo plena vigencia.

Bueno, pasemos a los actos que convulsionaron al pueblo. De todo esto hablo en detalle en mi libro Petén ltzá de mis recuerdos- que constituye mi herencia Es cierto que dio de palos a don Federico y que luego le unto sal en la espalda pero actuó a petición de la madre de aquel que había sido groseramente ofendida” Es cierto que obligó a la Sra. de Frutos a preparar totopostes en la plaza pública bajo el sol de mediodía pero esta había desacatado una orden suya y haberla dejado sin castigo había sido un mal ejemplo  para el resto del pueblo. Es cierto, también, que estuvo a punto de quemar vivo a su sobrino, pero ello se debió a que el sobrino de mérito había incendiado varia propiedades en la isla. Además fue muy duro con el pueblo sobre todo aI tildarlo por su fanatismo religioso. Qué pueblo en un aislamiento de siglos no se aferra a la religión como una tabla de salvación, más aún cuando ha tenido que sobrevivir en medio de la imponencia de la naturaleza.

MP: ¿Y este pueblo cómo lo juzgó a final de cuentas?

A.M: Con generosidad y benevolencia. Recuerdo que toda la isla se reunió por la noche en el Palacio de Gobierno, así se le denominaba a la Gobernación. Era la culminación de la Semana “Trágica”, especialmente la noche del 14 de abril de 1920. Había sido aquél un día extraordinariamente largo para mí, pues don Clodoveo, como ya dije, me había encomendado vigilar de cerca el telégrafo.

Si no transmiten algo urgente, me había dicho, “despiértame a como dé lugar.” -Pero,Papáito le dije yo, “usted tiene el sueño muy pesado-. -No importa-, me respondió. Salga corriendo a mi casa loma una piedra y dale duro a la puerta derríbala si es necesario”. Pues, estaba yo bien dormido, cuando a las dos de Ia madrugada comenzó a zumbar el aparato. Había unas grandes pilas de níquel y cobalto que duraban meses en extinguirse. Hasta sabía combinar

aquellos químicos verduzcos para recargarlas. Bueno, pues me levanté aturdido, agarré papel y lápiz y comencé a tomar nota por órdenes de Clodoveo, el señor Angel Castellanos me había enseñado la clave de Morse. Había sido un magnífico maestro” pues, al cabo de unas pocas semanas llegué dominar a tal punto los símbolos telegráficos que hasta le solía yo transmitir el contenido de los periódicos atrasados que nos llegaban, mientras el se regodeaba orgulloso orgulloso en su hamaca en plena oficina de correos. Por todo ello no me costó trabajo alguno interpretar las señales que surcaban el espacio de aquella noche de pesadumbre.

Primero  entró un mensaje del Presidente Estrada Cabrera fecha de fechado en la Palmita por medio del cual se despedía de su íntimo amigo, don Clodoveo Berges, y le decía que debido a la traición de sus amigos y de pueblo, se veía forzado a dejar el cargo. Por ultimo le agradecía su fidelidad y le deseaba los mejores parabienes, después, entró otro mensaje, este firmado por los diputados de la Asamblea Constituyente donde desconocían al gobierno de Estrada Cabrera y sus adláteres. Yo tomé el papel y hecho un energúmeno, con el corazón rebotándome a mil por minuto, bajé a grandes saltos los escalones que comunicaban a la oficina de telégrafos con la Plaza Mayor. Tropecé en medio de aquella obscuridad y caí al suelo. Me repuse luego y sobándome la pierna bajé corriendo hasta la casa de don Clodoveo (en la que ahora vive doña EvaTáger de

Morales). Sin titubear tomé una piedra y comencé a golpea la puerta con tanta fuerza que crei haber despertado a toda la isla. La esposa de don Clodoveo ordenó a los guardias que me capturaran

pero en eso, apareció el Licenciado Berges enfundado en unas  pijamas blancas y con una capucha en la cabeza para protegerse del sereno. Le entregué eI mensaje ” levanto el candil, se ajusto las

gafas y lo leyó despacio, -Vayan a dormir’, nos dijo al cabo; “ ya todo ha terminado”.

Durante el día hubo intranquilidad por todos lados. La gente levantaba bolas a granel. Todo mundo quería saber qué estaba pasando. Y mas importante aún, qué iban a hacer con don Clodoveo. Así, a las ocho de la noche convergió el pueblo en la plaza, mayor para celebrar un cabildo abierto. Luego don Clodoveo

y tomó asiento al frente dentro del Palacio de Gobierno. Se le veía agobiado, silencioso, más serio que de costumbre. Acaso demasiado triste. Me rompió eI corazón verlo en aquel estado lamentable. Y mientras los oradores hablaban de un nuevo período de democracia, de revolución, de consticionalismo , en mi mente de niño repasaba yo aquello heroicos versos que a papaíto tanto le había gastado. En esas estaba cuando tomó la palabra un Concejal, ya no recuerdo quién, y dijo que a pesar de Ios desatinos cometidos

durante la administración del Licenciado Berges, el pueblo petenero veía en él a uno de sus hijos más preclaros y de noble corazón. Que sus actos y decisiones fueron hechas con la intención de reivindica al Peten y de darle el lugar que merece, a través de la educación de las nuevas generaciones de peteneros y de la cultura y que por lo tanto, no habiendo en el espíritu del pueblo ningún ánimo de venganza y sí mucho de consecuencia era del caso permitirle vivir tranquilo y dejarle a la Historia la carga del juicio final. Y ahí, arrinconado tras una columna detrás del gentío que también había enmudecido, me comenzaron a resbalar Ias lágrimas hasta que avergonzado de mi debilidad, di la vuelta y me fui a la cama a termina de llorar.

MP: ¿Cómo termina la historia del Lic. Berges?

A.M: Don Clodoveo ya no pudo seguir en la isla. Debe ser muy duro para un hombre descender al nivel de la gente común y corriente después de haber disfrutado de tanto poder. El caso es que enfermó. Sufría intensos dolores a causa de unas llagas que se le formaron en la planta de los pies. El Doctor Boburg lo curaba todos los días. Pero, decaído y sin poder caminar, dispuso volver a la ciudad de Guatemala, donde al poco tiempo el general José María Orellana le pidió hacerse cargo del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, cartera que no quiso aceptar debido a que su organismo estaba ya severamente minado. Así, auxiliado con los últimos sacramentas, don Clodoveo Berges murió el 24 de septiembre de 1924. Tenía 66 anos y había dejado un considerable donativo en dólares para los hospitales del Petén y Quetzaltenango. Y lo más

curioso de este caso es el hecho, digno de figura en las vidas paralelas, que tanto el Lic. Berges como el Lic. Manuel Estrada Cabrera nacieron el mismo día se conocieron el mismo día se graduaron el mismo día subieron al poder y luego fueron dasentronizados el mismo día y finalmenle, bajaron a la tumba el mismo día, sólo que Estrada Cabrera fue inhumado en Quetzaltenango mientras el Lic. Berges lo fue en el cementerio general de la ciudad capital donde descansan sus restos mortales.

MP: ¿Fue aquel donativo en dólares todo lo que el Lic. Beryes legó al Petén?

A.M; No. Don Clodoveo es, hasta el día de hoy, según mi humilde criterio, el mejor escritor petenero. Y lo digo en presente porque aún no ha sido superado en cuanto a su talento para las letras. Su estilo sobrio, mesurado y pulcro, puede apreciarse con suma claridad en algunos capítulos que le fueron plagiados sin que se le diera el crédito que merecía. Yo tuve la suerte de tener alguna vez entre mis

manos un manuscrito debido a su pluma el que más tarde fue enriquecido por la brillante puma de otro petenero insigne, don Julián Pinelo, por eso sé de qué le estoy hablando.

MP: ¿Qué tipo de manuscrito era aquél?

A.M: Era un libro de historia pero, si me permite, preferiría cambiar de tema porque no es mi intención herir susceptibilidades y menos la memoria de gente que ya no se puede defender.

MP: Hábleme de su trabajo como periodista

AM: Mire, todo mi libro autobiográfico gira en torno a mi trabajo periodístico de modo que ahí encontrarán las generaciones futuras la reconstrucción de lo que fue El Peten desde mi nacimiento hasta mi retiro en 1960. Para no caer en redundancias sólo me permitiré esbozar un sumario de lo más destacado que contiene. Está ahí la narración en detalle de lo que puede apreciar en don Clodoveo Berges, esta también un segundo incendio que devastó la isla la llegada del primer avión; el vuelo de Carlos Lindberg el primer encuentro de fútbol que se celebró en La Libertad; las intimidades sobre la fundación de la revista Peten ltzá, la inundación de los años treinta, el primer accidente aéreo que costo la vida de 27  jóvenes artistas, etc.

MP: La revista Petén ltzá me llama la atención…

A.M: La revista Petén Itzá fue una iniciativa mía No hubo tales fundadores. Yo consideraría como co-fundador únicamente a don Tirso Morales Baldizón pues fue él quién me brindó todo su apoyo al extremo de haberse quedado trabajando conmigo hasta altas horas de la noche, puliendo editando artículos mal redactados, porque, como usted se puede imaginar, en aquella época nadie sabía en El Petén sobre técnicas de redacción y nosotros lo único que podíamos hacer era copiar el estilo de otras publicaciones como Bohemia y la revista Life que comenzaron a salir también en 1956. Tuvimos la gran suerte de contar con un excelente fotógrafo, don Víctor M. Vadillo y con el apoyo y simpatía de los linotipistas de  El Imperial, cuyas máquinas eran nuevas, Creo que a eso se debe principalmente que aquellos primeros 4 números llamaran tanto la

atención al extremo que muchos los consideren superiores a todo lo que se ha hecho hasta la fecha debo confesarle, sin embargo, que siento mucha admiración por los nuevos periodistas. Sé que la revista tiene un gran futuro y me causa enorme satisfacción saber que su cometido se está cumpliendo.

MP: ¿Qué cometido es ese?

A.M.: Perpetuar la Historia del Petén. Pues no puede haber pueblo sin Historia Ia misión de la revista es la de testimoniar para las generaciones futuras las grandezas y miserias de nuestro pueblo,

para que este pueblo tan amenazado por toda una avalancha de circunstancias típicas de esta época” no vaya a disolverse, como todo individuo está llamado a desaparecer, acaso para siempre, en laberinto sin fin del Universo.

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