ERMITAÑO

Posted on octubre 30, 2011

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ERMITAÑO

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Nació un martes de San Antonio en Salsipuedes, aldea situada en el corazón de las montañas peteneras. Se llamaba Ermitaño, porque así le pusieron, como pudo haberse llamado Hotentosio. Pero no. . . Su padre honrado y bueno de ño Justo-, tuvo justas razones para nombrarle así, pues el abuelo de éste, muerto siete años atrás de piquete de culebra, también se llamó Ermitaño, Era, pues, por ascendencia.

Desde su infancia, Ermitaño constituía los ojos de su padre; no conoció afectos maternales, pues su madre había fallecido de fiebre puerperal, quedando el recién nacido en riesgo, y desparecida la esposa de rio Justo, éste abandonó Salsipuedes, para trasladarse a Lo Veremos, donde era dueño de una faja de terreno que heredó de su pádre, éste a la vez del suyo, éste del bisabuelo del primero y así en sucesión directa hasta el infinito…

Dichosa sé deslizó la vida de ambos, aIIá en su parcela, cultivando la tierra y viviendo de la caza y de la pesca, hasta que Ermitaño cumplió los diez. Así las cosas, ño Justo dispuso que pasara a recibir el pan de la instrucción al pueblo vecino en la escuela que dirigía a la sazón de el maístro José. En efecto, un día lunes, padre

e hijo penetraban al templo de la enseñanza y después del saludo de rigor, ño Justo con voz de padre enérgico, se expresó así, ante aquel apóstol y mentor: -Señor, aquí le traigo a mi Ermitaño para que me lo enseñe; quiero que estudeye; que aprienda y para que no malogre el tiempo, que no salgá a recreyo; en la hora de recreyo que se quede liendo para que mañana seya un hombre léido y escriturado y ponga muy arriba el nombre de su agüelo que tres veces fue alcalde de la aIdeya.

EI maístro José prometió al buen padre cumplir con todo aquel recado y aunque entre otras cosas le contó que hacía dos años que eI gobierno lo tenía a rigurosa dieta, eso no era un óbice para que dejara de cumplir con su evangélica misión.

Corrido el tiempo, Ermitaño se tornó en un pozo de ciencia. ¡Era el timbre de la escuela! Ya no tenía qué aprender, en gramátic, ¿quién le metía el dedo? ¿En geografía? Conocía de memoria todas las aldeas situadas en las márgenes del Usumacinta. ¿En historia? Sabía de pe a pa lo del caballo de Hernán Cortés. También en inglés era fuerte y si no hubiera, sido porque tenía frenillo en la lengua, lo hubiera pronunciado bien. En aritmética sabía al dedillo las cuatro reglas y si no llegó a la extracción de raíces, fue porque su padre agricultor  le había enseñado lo suficiente en materia de horticultura y extraía las raíces sin lastimarlas. Con todo eso, había para elevar a la quinta potencia el nombre de su abuelo.

Ante tales adelantos, el cuerpo municipal y a solicitud del maistro José, gestionó para que se le nombrara profesor de kindergarten; es decir, contrarnaistro, como se decía entonces. El porvenir se abría paso ante el novel pedagogo; pero un día su padre cayó en cama a consecuencia de comer iguanas. Fué trasladado al pueblo

en estado de gravedad y en la fecha misma en que su hijo cumplía los diez y siete, ño Justo en medio de contorsiones dolorosas, se despedía de este mundo y devolvía su alma a Dios..

Rudo fué el golpe para Ermitaño; lloraba a moco tendido y llegó a tanta su desesperación, que del cementerio hubo que regresarlo a cuestas. ¡ Pobrecito ! Se había pasado de caña. . .

Ermitaño ya no quiso regresar a Lo Veremos y procuró dar en arrendamiento aquella tierra. Vivía meditando ante su soledad hasta que hubo un momento en que se hizo la siguiente reflexión: soy huérfano; no tengo padre ni madre, ni perro que me ladre… Debo atenuar mi orfandad; pero para ello debo tener una base: el matrimonio. ¡Me casaré!

Sus ojos se iluminaron de gozo. Saltó a su pensamiento la imagen de Remedios. Su prometida. La dulce Remedios con quien tantas veces había hablado de amor, con quien tantas veces había bailado el Agua Tibia, danza muy en boga por aquel entonces. ¿Lo aceptaría? ¡Sólo Dios! Ella no se mostraba reacia a sus insinuaciones. No había más que tener valor…

¡Una mañana, saliendo Remedios de la iglesia, fué súbitamente abordada por Ermitaño, quien en frases claras lle expuso su decisión al matrimonio. Luego, su joven corazón se desbordó; vibró tan sonoramente la cuerda de su .Setimentalismo, que el pobre de Ermitaño bebió amargas lágrimas en prueba de que le sería fiel!

La joven le abrió un horizonte de esperanzas. Casi, casi consintió, no sin antes decirle que lo decidiría su padre y si a él le avoluntaba no habría inconveniente. Ella trabajaría en su favor.

Las visitas del enamorado a casa de Remedios fueron cotidianas. ¡La adoraba! Adoraba su rostro moreno. Sus ojos mansos. Sus manos pequeñas. Sus dedos gráciles, hechos para el piano, para el bordado, para la caligrafía y aunque sus amores con ella siempre fueron verbales, se suponía que escribía muy bien; que tenía muy bonita letra, sin tomar en cuenta que desde el fallecimiento de su madre, Remedios era la doméstica de su propia casa, relacionada

directamente con asuntos culinarios.

Al principio, ño Sebastián -padre de Remedios-, no se había resuelto del todo; pero viendo que el partido no era málo, se dijo para sí: 1o que se ha de empeñar que se venda. ¡ Que se casen!.

De común acuerdo la familia dispuso que los padrinos debían ser gentes caracterizadas y de relieve y al efecto recayó la designación en ño Carmito y ña Tomasa; pareja octogenaria respetable por su hacienda y por su edad. Pareja cuya existencia en este pícaro mundo no tenía ninguna razón de ser, pues hasta esa fecha no habían dado  ningún retoño a Ia humanidad; pero en cambio ño Carmito había sido cinco veces alcalde y mayordomo de la iglesia.

A ojo cerrado aceptaron el nombramiento de padrinos y aquella pareja dispuso que para aquel fausto día, era necesario estrenar algo y con tal fin, ño Carmito mandó a confeccionarse una filipina (especie de saco) de color atabacado -su color predilecto, compró una banda de regia torcida a mano, un sombrero aludo; menos zenetos, porque tenía un par de botines que se había estrenado el día de la virgen y los cuales ha,bía pedido directamente a Tenosique.

Si el gusto de ño Carmito estaba diametralmente opuesto a la mo.da, el de su costilla, no. Ella había preparado su enagua de vuelos con crinolina, su blusa de escarolas y su pañolón aceituno de marca mayor.

Llegó el día señalado para la boda. Reunidos todos, parientes y extraños, Iugareños y foráneos, autoridades y demás asistentes, en el salón municipal, por ser el día y hora señalados para dicho acto frase sustancial del ‘t secretario- se dió principio leyen’do el escrito de solicitud. El alcalde preguntó a los contrayentes si era su gusto unirse en matrimonio. La respuesta de ambos fue sonora, vibrante, rotunda, ardiente… Fue un sí como un pilar de gloria sobre el cual debía levantarse el templo de la felicidad conyugal. Leída que fue el acta y autorizada por el alcalde, éste llamó a Remedios para que la firmara: la blanca desposada se dirgúió palmerilmente, aviolentó dos pasos hacia la mesa, retrocedió un tanto la silla, tomó asiento, extendió con destreza su torneado brazo, paseó Ia mirada sobre los concurrentes, ¡ un rayo de, alegría iluminaba sus pupilas ! En seguida tomó la pluma, aproximó el secante, volvió a pasear la mirada sobre todos, De súbito sus carrillos se tornaron rojos… Transcurrió un instante… Se tornó pálida, gris, verde, todos los colores del iris cruzaron por su rostro. . . Se le escapó un suspiro. . . otro. , . y en medio de aquella situación y aquella escena escalofriante, Lanz6 un grito desesperado y convulso y rodó por el suelo desmayada. .. Se le había olvidado firmar…

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