ITZAES

Posted on octubre 30, 2011

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ITZAES

ALFONSO ARRIVILLAGA CORTÉS

 

Este año, 7997,es clave en la historia del grupo Itzá. Se cumplen 300 años de la llegada de Martin Ursua Y Arismendi procedente de Yucatán. 300 años llenos de historia, con un resultado fatal para la población indígena de Petén, de la que solo Itzáes y Mopanes sobrevivieron.

 

ESTRUCTURA LINGÜÍ STICA

 

Los idiomas ltzá y Mopan, provienen del tronco lingüístico Maya, derivado de la rama y grupo Yukateko. EI Itzá de San José Petén y de San José Soccotz se puede considerar como una variante dialectal de la lengua Yukateka, también conocida como maya peninsular. Schumann (1977:78), define algunas relaciones de los ítzá con los pipiles (nahuas). A través del análisis lingüístico define

algunos elementos que aún persisten. a) La presencia de palabras nahuas en el itzá; “camut”, camote; “jacal” rancho de paja. b) Apellidos pipiles: Quetzal, Tesucún, Suntecún. (fonología pipil y sin relación con la náhuatl del centro de México). c) La liana llamada “cocolmeca” de la que se hace una bebida, conocida por los pipiles del sur de Veracruz, también es usada por los itzáes. d) Algunas creencias, como que las mujeres se conviertan en brujas. Esto no permite establecer, si el grupo itzá es un grupo nahua mayaizado o bien un grupo maya con algunas influencias nahuas. Los Itzáes definen su idioma como “Maya”, y se autodenominan como “Mayeros”. Schumann (1977) indica que el itzá’ tipo San José, es más conservador, que el hablado en San Andrés, que tenía características más cercanas a la variante yucateca, debido a las migraciones “campechanas” a lo largo de este siglo. A pesar de que los itzáes de Soccotz tienen mas oportunidades de intercambio con la pobiación maya yucateca asentada en el vecino país, la variante itza’ de San José Petén se ha mantenido.

 

ETNOHISTORIA

 

Textos indígenas como el Chilam Balam (de la tierras bajas de Yucatán) o el Popol-Vuh (de las tierras altas de Guatemala) hacen mención de los Itzáes. En sus escritos los describen como grupos de extranjeros, procedentes de Tülán y asociados a Quetzalcoat. Este grupo después de andar por la península se asentó en Chichen Itzá e Itzamal, el que hicieron su centro de peregrinaciones. En este período (siglo V) podemos asumir que el grupo, fue mayaizado, a pesar de que sus prácticas rituales, influyeron de manera determinante en la religión maya. (Arrivillaga:7995a:4). Producto de éstas luchas intestinas con los Xiu de Uxmal, se vieron obligados a abandonar territorio yucateco. Salieron en oleadas sucesivas del siglo XII al siglo XV, a refugiarse al sur en la espesa selva petenera. Allí fundaron su asentamiento Noh-Petén en la mayor de las islas del lago de Peten-ha o Chaltunha, también conocido como (Arriviilaga: 1 995a:5).

 

PRIMEROS CONTACTOS

 

El primer contacto que tuvieron con los españoles, fue con Hernán Cortés durante su viaje de México a Honduras. Los ltzá lo recibieron en Tayasal y le prometieron convertirse al cristianismo. El panorama

Étnico de la región al momento de la llegada de los españoles debió de ser complejo. Martín Ursua y Arismendi dice que habitaban “indómitas naciones de indios gentiles; Itzáes, petenes, lacandones, coaches, mopanes, choles. chinamitas caboxes,.. y muchas otras más”. Este mapa población sería modificado sustancialmente a lo largo de esta historia, y finalmente borraría del escenario a todos los grupos étnicos mencionados, quedando solo ios Itzáes y los Mopanes, como testigos de este encuentro (Arrivillaga :1995 b:5).

 

UNA CONQUISTA TARDIA

 

Los intentos de reducción fueron varios años, ganando la fama de “bárbaros, feroces y crueles” los itzáes. En esta empresa de conquista participaron los gobiernos de Yucatán y de Guatemala los cuales necesitaban ejercer dominio en el territorio y establecer un “camino real” que uniera ambos territorios. Las empresas de los frailes fracasaron por diversos motivos. Fuensalida y Orbita, intentó

llegar en 1618 por la vía de Bacalar a territorio itzá, pero estos opusieron resistencia. Fray Diego Delgado, nos dice en su intento por reducir a los Itzáes en1627, “todos los soldados fueron muertos”.

 

En 1695 se retoman los esfuerzos. De Guatemala se planifican dos entradas: una fracasa por la vía de Santa Eulalia, Comitán y la otra que avanzó parla Verapaz, llega a las riberas del Lago de Itzá en 1696.

 

La empresa que partió de Yucatán al mando de N4artín Ursua y Arismendi, tuvo mejores resultados, al llegar un 13 de marzo de7697 aterritorio Itzá. Fray Andrés de Avendaño y Loyola quien acompañaba a Ursua y Arismendi anunció en este hecho “… yo soy quien viene a cumplir nuestras profecias…”. Es indudable que Fray Avendaño tenía conocimiento de esta situación, razón por lo que los

procesos de conquista tuvieron otro desenlace. (Arrivillaga: 1995 b:7). Bricker (1989), indica que la llegada de Martín Ursúa y Arismendi, coincide con el “katun 8 ahau”, fecha en que según las

predicciones del Chilam Balam, ia capital ltzá habría de ser conquistada. El hecho que los mismos itzáes mandaran una embajada propiciando la llegada final de los conquistadores, hace que se cumpla la profecía, por lo que en este caso la conquista debe mas bien ser considerada una conversión profética.

 

En 1820 estalló en Yucatán “la guerra de castas” que hizo del territorio petenero un refugio de muchos de estos mayas sublevados, que sin duda se mezclaron con los itzáes contribuyendo a la conformación cultural de este grupo. Las autoridades españolas habían logrado reducir a los itzáes en San José Petén pero debido a los malos tratos fueron emigrando a otras tierras. En 7876 algunos itzáes emigran inicialmente a Tikal y Yaxhá v finalmente a San José Soccotz en Belice. Estas migraciones continuarían y llegarían a su máxima expresión durante la dictadura de Estrada Cabrera cuando se dispuso que los itzáes deberían abandonar su idioma por el español.

 

HISTORIA RECIENTE

 

Los itzáes son depositarios de una marcada tradición yucateca. Como todos los grupos mayas, centran su subsistencia en la agricultura de maíz y fríjol. Actividad determinante, a tal grado que a  finales de siglo pasado, las propias municipalidades debieron incentivar a los indígenas a Ia “milpería”, para evitar que el hambre doblegara a las comunidades. Por su proximidad al lago de Itzá los hombres son pescadores y grandes remadores, por lo que son buscados para transportarse de un lugar a otro. En la actualidad usan motores fuera de borda para la locomoción acuática, y las canoas han dado paso a grandes lanchones. Con anterioridad fabricaban redes para la pesca, arpones y otro tipo de trampas. Cultivaban el Henequén que “torcían”, para fabricar “mecates”, con los que hacían hamacas. De la selva recolectan frutos y obtienen madera para la construcción de sus viviendas, muebles, bateas y canoas, que son hechas por los hombres. La elaboración de utensilios domésticos como canastos, petates, es hecha con las técnicas de cestería utilizando el barral y el tul. De igual manera la fabricación de cerámica, tejidos (hoy extintos) y bordados es una labor propia de las mujeres. De la selva también extraen las plantas

medicinales, que usan para el control y prevención de las enfermedades por Io que cuentan con grandes conocimientos en etnobotánica.

 

Las enfermedades más comunes del área son las endémicas, paludismos, parásitos y otras producidas por picaduras de bichos, como ia mosca chiclera o el colmoyote. Para todos estos padecimientos tienen un antídoto extraído del bosque, quinina, hoja de tres puntas, látex de chicle, té de hierbas, etc. Muchos de los síntomas producidos por estas enfermedades, fiebres y dolores, se atribuyen a 1os cambios atmosféricos bruscos. Debido a ello estas enfermedades son conocidas como ” aire” o “viento”, las que son curadas por medio de punzaciones, hechas con las espinas de la cola de una manta-raya “cocan”, o de un cuerpo-espín. Se dice que las espinas de este último animal, tienen la capacidad de reproducirse, si se saben alimentar al ser guardadas dentro de un frasco. Cuando se padece de “vientos profundos”, se usan ventosas de jícara (Schumann:1971). Este trabajo es realizado regularmente por las mujeres quienes además son las que realizan las labores propias de las comadronas. Los hombres por su parte se les atribuye la capacidad de curar huesos y golpes, actividad en 1a que algunos se desempeñan.

 

Desde finales del siglo los itzáes se sumaron a una de las empresas más importantes para el desarrollo de la economía petenera; la extracción del Chicle. Sus amplios conocimientos para desplazarse en la selva les hizo claves en la conducción de las empresas madereras, luego en la extracción del Chicle y en los años recientes en la extracción de Xate y Pimienta Gorda.

 

Su vivienda es elaborada de paredes de bajareque el que consiste en una estructura de varas que es cubierta por lodo y recibe una capa final de cal, de ahí sus paredes blancas. Estas son rectas pero de esquinas encurvadas y los techos son hechos de palma de guano. Adentro se encuentra hamacas y camas, además en una pequeña mesa se encuentra instalado el altar doméstico, con imágenes de santos de su devoción y candelas. Continuo a la casa de habitación se tiene una cuarto más pequeño donde se tiene la cocina con un pequeño fogón elevado sobre una plataforma de barro.

 

Esta tradición yucateca también se presenta en su oralidad en donde sobresale sin ninguna duda la “lxtabay” hermosa mujer, sobrenatural, que habita en la selva (en las gambas de la ceiba o cerca de los cuerpos de agua) y que enloquece a ios hombres enamorados que transgreden ciertas prohibiciones, o que acostumbran a trasnochar. También se encuentra personajes como el Duende, el Tzisimite, los aluxes, las luces del lago y las Brujas. Esta última creencia, dice que estas suelen salir por la noche a comer carne descompuesta en los cementerios. Al igual que en la miología Nahua, estas siempre son descubiertas por el marido.

 

Una de las leyendas más recordadas es la del Tzimin tun (caballo de piedra) que también llaman Tzimin Chac o caballo de lluvia o de rayo (Dary: 1995:14). Esta leyenda hace referencia al caballo dejado por Cortés en su paso a Honduras, las narraciones dicen que al esconderlo, el caballo cayó al agua, entre lo que hoy es la punta de Nijtú y la isla de Lepete.

 

Su ciclo ritual se encuentra bastante adulterado y las “comidas” o “velaciones” que solían brindar a las deidades protectoras han caíc1o en desuso, por que aducen que “les agarramos miedo”. La festividad de las calaveras que se realiza en 1ro. de noviembre, dedicada a 1os santos difuntos, es sin duda refugio de manifestaciones culturales de carácter pre-hispánico hoy sincretizadas. Este rito se conserva en San José, en donde se utiliza las calaveras de tres priostes. Estas son sacadas en procesión, y son motivos de súplica de favores, a cambio de ofrendas en alimentos, gallinas, guaro, candelas y anteriormente en dinero. Dentro de la procesión, las calaveras se hacen acompañar de personas que las siguen con cirios y faroles de papel de china y una persona que toca la campana, rezadores y devotos. La procesión realiza visitas a las casas de los penitentes, que esperan acompañados de rezadoras. Aquí son expuestas las ofrendas en un

altar, como una muestra de hospitalidad para las ánimas. En otra mesa se presenta otro tipo de platillos, como los famosos bollos, el atol de Ixpashá (también acostumbrado como ofrenda) y las empanadas de Xiquinché. El encargado de la organización del evento es el prioste, de gran respeto dentro de la comunidad, encargado de cuidar la iglesia y sus imágenes. También existe una serie de oraciones para los montes en los que practican una serie de ritos en la montaña. Los ancianos son los únicos que mantienen sus creencias sobre nahualismo y refieren que si una persona se coloca la piel de alguna fiera selvática, esta se convertirá en la fiera misma, razón por la que no es recomendable usar la piel de los animales recién cazados. Otra de las ceremonias que perduran, aunque transformada, es la conocida como Jetzmeek. Consiste en nombrar como padrinos a personas jóvenes que iniciaran a los infantes en las actividades cotidianas, por los principios de imitación.

 

La vestimenta los hombres ya no la usan y las mujeres son pocas Ias portadoras. Esta vestimenta ha sufrido transformaciones a lo largo de su historia, desde los camisones similares que usaban los lacandones durante el período republicano a un traje muy similar al usado por las mujeres yucatecas en la actualidad, que consiste en dos piezas, la que se conoce como “bata”. La blusa llamada “camisa” es de tela blanca y escote redondo al cuello. Cuando se sale de visita se coloca sobre este un güipil, blanco. De boca cuadrada que cae a la altura de las rodillas.

 

Este no se fabrica con la técnica del telar de palitos, usándose tela de origen industrial, Ia falda es amplia de algodón, de dos caídas, alforzas y encajes que llega hasta el tobillo. El güipil es una blusa también de algodón blanco con bordados de cruceta alrededor del cuello y en las mangas que son de tres cuartos. En las mangas que caen a la mitad del brazo, también lleva alforzas. Este güipil cae sobre la falda hasta la altura de las caderas. Cuando las mujeres salen a la calle se tapan la cabeza con una toalla o bien con una manta blanca. En el caso del traje masculino que consistía en el famoso calzón y camisa de tela blanca con alforzas, este ha desaparecido. Hasta hace unos años su uso persistía en personas de edad, sobre todo durante las jornadas de trabajo. Hoy por hoy los Itzáes a pesar de ser una minoría en el contexto de Petén, conservan su lengua y en sus apellidos puede apreciarse su pasado histórico y el reflejo de antiguos linajes precolombinos en apellidos como Canek, Cohouj (Couoh), Cocoms y otros como Pech, Moo, Batab, Cahuiche, Chayax, Colli, Tezucum, Zuntecum y Zac,

 

A MANERA DE CIERRE

 

Al inicio de esta exposición advertimos los límites de trabajo, y el interés de prestar condiciones de reflexión sobre el proceso de “conquista” en territorio del ltzá. Los itzáes y mopanes son los únicos sobrevivientes de tan semejante barbarie cometido por los conquistadores. No es tiempo de reclamos irreversibles, sino de acciones concretas, ante lo que pareciera ser los últimos portadores de la tradición maya de tierras bajas: los itzáes. Además vale destacar que la perspectiva de los 500 años vuelve a tomar relevancia, al hacernos recordar este hecho las vicisitudes de este proceso. Con todo aún hoy es posible observar en ia cultura petenera los aportes de esta cultura milenaria y los esfuerzos de los pocos portadores de este grupo, por hacer de sus manifestaciones una forma digna de etnoresistencia, es indudable que la tarea del reconocimiento e identidad de los derechos de los pueblos indígenas se plantean grandes retos, dentro

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