LA X – TABAY (ISTABAY)

Posted on octubre 30, 2011

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LA X – TABAY (ISTABAY)

Tomado de la Obra “Leyendas Mayas”

2a. Edición, autor: Dr. Narciso

Souza Novelo.

Se cuenta que al principio de la venida de las tribus Mayas a tierras, de Yu kal petén existió, en uno de; los cacicazgos, una preciosa india de noble abolengo que lucía dos hermosos ojos negros que desprendían fulgores hechizadores; Y en su diminuta boca anidaba la sonrisa más subyugadora. Era la princesa SULUAY.

En las tardes luminosas, perfumadas por las flores campestres, la joven se sentaba a la puerta de su casa, desataba la mata de sus cabellos y con verdadera fruición los alisaba para aumentar su brillo; luego los dejaba caer sobre su espalda y emprendía el paseo por las ondulantes calles de la población’

Pasaba majestuosa, llevando como manto la negra cabellera que besaba sus tobillos tiernos y tibios y en las hebras se iban prendiendo los suspiros dé los mozos que, palpitantes de emoción, la seguían con la mirada; ella satisfecha sonreía y pasaba como pasan las flores dejando una estela de perfumes…

Numerosos eran los donceles que codiciaban el amor de tan delicada criatura del Mayab; mas la princesa permanecía indiferente ante las solicitudes, parecía que los dioses se hubieran olvidado de ponerle corazón.

Así se pasaba los días y las lunas; la joven luciendo sus encantos, los corazones consumiéndose en las llamas del amor.

” En la misma población vivía una joven X-pul-yaah (1) que estaba enloquecida por la prestancia de un joven guerrero que, por medio de arte de magia, quería rendirlo a sus pies, más el valiente soldado parecía inconmovible a las acechanzas de la joven, amiga de consultar a los luceros, al Sots (2) o al Tunkuluchú (3).

El guerrero sólo vivía pensando en la de la larga cabellera, en la de los ojos inmensos y soñadores, en la de la dulce sonrisa arrobadora; y por eso todas las tardes se le veía parado, cual estatua viviente junto al tronco del Yaaxché (4) que con sus grandes Y verdes ramas extendidas parecía proteger la plaza en cuyo centro se erguía desafiador; y allí contaba los instantes antes de que apareciera la esbelta figura de la dueña de sus pensamientos Y de sus amores. Y desde allí la veía pasar arrogante, envuelta en negra cabellera, desafiando a la luz, con la luz de sus morenos ojos Y endulzando la brisa con las mieles de su sonrisa inigualada.

La X-pulyaah quiso saber a qué se debía la indiferencia del guerrero y por qué no respondía a las llamadas que le hacía a través de los hilos de la luz lunar; y se propuso seguirle sus pasos; y así fue como una de tantas tardes, cuando el Dios Sol se arropaba en su manto de oro y de púrpura para prepararse al descanso nocturno, descubrió al bien amado bajo el Yaax-ché. Ella, a corta distancia se ocultaba entre los bejucos del Meex-nuxib (5) que a la sazón estaba cubierto de flores y semejaba una sábana blanca; y desde allí observa, observa, y descubre el paso de su rival que es envuelta en las amorosas miradas del guerrero hasta que se pierde en un recodo de la población la mujer de la larga cabellera bruna.

Ahora lo ha comprendido todo; hay otra mujer que se interpone en el camino de jsu dicha; y la hechicera no Puede permitirlo. Pondrá, en juego todos sus conocimientos y logrará perderla.

En un pequeño homá (6) la X’PulYaah coloca agua cogida en un cenote oculto en el bosque a donde no llegan los hombres y Por tanto no está manchada; después va edrando diversas hierbas de propiedades milagrosas; y luego coloca el envase sobre unas ramas en llamas para que el calor se forme un filtro, que será su arma vengativa

Con toda paciencia, durante siete días con sus siete noches consecutivas, la X-pulyaah no descansa de mover Y revolver el menjurje, al mismo tiempo que invoca a los espíritus malignos que son sus aliados. Concluida la operación quita del fuego la vasija y de ésta decanta. Un líquido viscoso. Ya está preparado el filtro vengador.

En una mañana serena las X’hailes lucían la belleza de sus delicadas corolas en las ramas de los árboles y cubrían con sus guirnaldas las Piedras de las “albarradas” la X’PulYaah salió de su choza llevando en un Ch’uyub la blanca luch llena de aromoso aak’sa’ (atole nuevo), que había mezclado con el filtro vengador.

Con paso resuelto llega hasta la morada de la encantadora criatura que encendía los celos de la echicera; aquélla estaba dedicada a torcer K’uch y al ver a la desconocida visitante salió a su encuentro y le preguntó: Qué quieres linda mujer?, .a lo que ésta respondió: vine a poner a tus pies el atole de los primeros elotes que brotaron de mi milpa. Estoy deseosa que sea endulzado con la miel de tus labios.

La joven india de carne tibia y piel de color de canela, sin sospechar que aquella ofrenda encerraba algún  peligro, se puso a saborear el atole nuevo.

A medida que pasaban las horas un calor desconocido fue invadiendo el cuerpo de la doncella que sintió que una pasión desconocida se apoderaba de todo su ser; visiones eróticas pasaban ante sus ojos encandilados y sintió una abrasadora sed de amor carnal.

Los nobles sentimientos de la princesa maya libraban terrible lucha contra sacudimientos de su cuerpo virgen que se consumía como la leña en la hoguera; y se paseaba desesperada de un lado a otro de su morada. Y ya cuando iba a morir el día salió de ésta para dar su paseo acostumbrado, mas al Pasar junto al yaax´ché, al encontrarse al joven guerrero que la envolvía en el fuego de sus miradas, olvidando todo miramiento a su nombre y a su casta, se acercó a él, le tomó la cabeza con las manos calenturientas, se erguió sobre sus diminutos pies, y antes de juntar sus húmedos labios, con los del guerrero exclama: Aquí estoy; recíbeme entre tus brazos; es para tí mi corazón, es para ti mi alma. es para tí la dulzura de mi cuerpo para siempre…

Cogidos de las manos salieron de la población protegidos por las sombras de la noche que caía sobre el Mayab Y se perdieron en el boscaje lleno de misterios. En las ramas del yaax´ché la X-t’ oka-xnuk se puso a avisar la partida de la muchacha que durante los atardeceres luciera su abundante cabellera, cual un manto negro que llegaba hasta los morenos. tiernos y tibios tobillos; y en el pueblo todos escucharon el canto de mal augurio: t’o. t’o, t’o, t’o, t’o, t’o…. sintiendo que se les erizaba el espinazo, y los kokayes salieron de sus linternas de luz intermitente para buscar a la joven que se había marchado en pos del amor.

La noticia de la fuga. de la linda muchacha se difundió rápidamente por todo el cacicazgo y el Halach-Winik se llenó de cólera por la indigna conducta de su hija que mancilló su nombre y su casta, y la maldijo con estas palabras: Que la cargue el demonio; que acabe en el infierno.

Con la partida de SuluaY el Palacio Y sus derredores quedaron sumidos en el silencio; y en el penacho de los guanos ya no cantaba el Hom-Xámil; y sólo durante las calurosas horas de la siesta se escuchaba el melancólico arrullo de la Itlukuy con su: Tikin-Ntu, tikin-mú, tikim, mú… llenando de tristeza a quienes la escuchaban, pensando en la suerte que los dioses del Mayab deparaban a la hechizada princesa.

La joven pecadora, insaciable en su pasión carnal, paso de brazo en brazo, de lecho en lecho, entregando su cuerpo moreno y tibio, ya en la sombra de las cavernas o sobre el césped de los prados en las noches lunares, cuando las sombras se posan en las ramas de los árboles.

Después de algún tiempo, el velo del olvido envolvió a la desdichada joven, quien prematuramente agotada falleció abandonada en el monte sin más compañía que el tétrico Ch’om que vigilaba a su próxima presa. La pecadora murió…

Y… dice la leyenda, que poco después, durante las noches en que la luna invade los campos del Mayab, se ve a una bella mujer vestida de blanco, de larga cabellera y cubierto el cuerpo de largos velos que se posa entre las ramas del Yaax-ché para esperar el paso de algún hombre, principalmente si es joven, a quien seduce con sus promesas amorosas; y si éste, por su inexperiencia, se deja engañar, no regresa más a su morada y si regresa se siente poseído de una gran tristeza que poco a poco va agotándolo, poniéndolo

amarillento como esas plantas faltas de sol hasta que enloquece y en medio de

amoroso delirio muere.

A esta aparición en las tierras del Mayab se le ha dado el nombre de X-tabay (lshtabay); no poco de sus habitantes aún creen en su existencia; y muchos de los que en ella nacernos y desde niños conocemos esta leyenda, sentimos cierto temor cuando de mocosos pasamos junto a un Yaaxché, cuando todo es luz al encenderse el fanal de la luna en la comba del firmamento.

1) X-PUL-YAAH (Encantadora, hechicera)

2) SOT.S  (Murciélago).

3) TUNKULUCHU {Búho).

4) YAAX-CHE (Ceibo).

5) [MEEX NUXlB (Barbas de viejo).

6) JOMA (Cajete, especie de plato hondo  de barro).

7) H-Hail: Campanilla

8) CH´UYB: rodaja con cuerdas para suspender objetos

9)LUCH: Jícara

10) KÚCH: Hilo de Algodón

11) X-TIKA-XNUK: Viejita (Buho Pequeño)

12) KOKAY: Cocuyo, Luciérnaga

13) HALACH WINIK: Gobernador

14) HOM-XANIL: Oropéndula

15) MUKUY: Tortolita

16) CH´OM: Zopilote