ESTAMPA DE LA INDEPENDENCIA

Posted on febrero 2, 2012

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ESTAMPA DE LA INDEPENDENCIA

(Ricardo Estrada)

Es la mañana del 15 de septiembre de 1821. este es salón de la Real Audiencia del Palacio de Gobierno. Las mujeres y los alguaciles van de un lado a otro preparando el salón para una junta extraordinaria. Sobre la mesa hay unos documentos muy importantes. Un correo extraordinario los trajo desde el día 13 de septiembre. Uno de los secretarios hojea los papeles. Esos papeles traen una noticia: los ayuntamientos de ciudad Real, Comitán y Tuxtla han proclamado y jurado su independencia de España y piden que el Reino de Guatemala haga lo mismo. Muchos patriotas guatemaltecos han exigido al jefe político, el Brigadier Gabino Gainza, una junta extraordinaria para que se discuta el asunto de la independencia.

Desde la ventana del salón de la Real Audiencia se contempla un día espléndido. Un cielo intensamente azul se ve cruzado por blancas nubes. El día es brillante. Allá está la catedral.. entre la catedral y el palacio de Gobierno está la plaza Real, en cuyo centro se levanta la fuente de Carlos III. La estatua representa el poderío español por el portal de los mercaderes caminan, presurosas, muchos gentes de la ciudad. Vienen a la junta extraordinaria que se celebrará en el Palacio del Gobierno. Allá se divisa el carruaje que trae al Jefe Político, don Gabino Gainza. Trae una guardia vistosa de alabarderos y corchetes. El señor Arzobispo sube a su lujoso carruaje para dirigirse al palacio. El señor Acalde, seguido de síndicos y regidores, sale del Palacio del Ayuntamiento, también con dirección al Real Palacio. Los señores del Claustro Universitario vienen hacia acá. Todas las autoridades civiles, eclesiásticas y militares vienen hacia el Palacio de Gobierno.

Brillan los trajes fastuosos, las espadas, las cruces y las condecoraciones. Algunos señores visten casaca y calzón corto de terciopelo negro, media de seda, vuelta y chupa de tisú de oro, zapatillas con hebilla, encajes en el cuello y los puños.

Otros visten capas de seda negro y flameantes chumpas bordadas de hilo de oro y plata. La púrpura del traje del señor Arzobispo entre el negro de las sotanas y los hábitos blancos. Por las calles de la cuidad, la gente del pueblo se encamina a hacer sus compras. Los presos de la Cárcel de Cadena barren la plaza real. La noche anterior ha llovido mucho. Todavía se ven enormes charcos entre el empedrado de las calles.

Anoche, pese a la lluvia, fuerte y constante, muchos patriotas han recorrido los barrios de Guatemala invitando a todos los vecinos para que se acerquen al palacio donde se va a discutir la independencia.

El doctor Pedro Molina, don José Francisco Barrundia y don Mariano Aycinema han recorrido los barrios del Calvario, Santa Isabel, Danto Domingo, San José, La Candelaria, La Parroquia Vieja, Santa Teresa, San Sebastián y la Recolección. Ahora, buen número de vecinos viene y se aglomera en el portal del palacio de Gobierno, en las graderías y en los corredores. Cerca del Portal de los mercaderes, donde las gentes del pueblo instalan sus ventas, hay dos señoras: una es Antonia Aquino. Conversan con don Basilio Porras, un patriota que desea la independencia. Están haciendo preparativos; tienen buena cantidad de cohetes y bombas, y han contratado a un grupo de músicos que encabeza el maestro Eulalio Samayoa.

En este momento, las autoridades del Reino de Guatemala hacen entrada al Salón de la Real Audiencia. Entra el Brigadier don Gabino Gaínza, Jefe Político del Reino; el secretario, don José Domingo Diéguez el Canónigo don José María de Castilla; el Arzobispo Causas y Torres; don José Francisco de Córdova; el Deán, García Redondo; el Regente de la Audiencia, don Francisco de Paula Vilches; el doctor don Mariano Gálvez y otros distinguidos personajes. (Ocupan la mesa; algunos se quedan distribuidos aquí y allá. Al centro,- Gaínza, el Arzobispo y otros principales).

El Brigadier don Gabino Gaínza (toca una campanilla) anuncia que se abre la sesión. El secretario de la junta, don José Domingo Diéguez, da lectura a los pliegos que han venido por correo extraordinario: los ayuntamientos de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla han proclamado y jurado su independencia y piden que Guatemala haga lo mismo.

Desde hace algún tiempo, muchos patriotas se han interesado por la independencia del Reino de Guatemala; la gente leía y comentaba lo que publicaban en sus periódicos don Pedro Molina y don José Cecilio del Valle. Son las 10 de la mañana. Todos han escuchado la lectura de los documentos.
El Brigadier Gaínza pide opinión a los asistentes. El primero en hablar es el Canónigo don José María de Castilla. Con voz tranquila habla sobre los beneficios de la libertad y de la independencia; vota a favor de la emancipación de España y propone que la independencia se proclame en ese mismo instante. Se escuchan gritos que provienen de afuera’ ¡Viva la Independencia! ¡Viva! ¡Queremos la independencia!

Se levanta el Deán García Redondo, quien apoya todas las ideas del Canónigo Castilla y pide que se proclame la independencia.

(Se levanta el Dr. Mariano Gálvez). El doctor don Mariano Gálvez es un joven y talentoso abogado. Es consejero de Gaínza y siempre se ha mostrado como un ferviente amigo de la libertad. Su voz se alza patriótica, y entusiasma el corazón de los guatemaltecos. Levanta la mano, votando a favor de que la independencia se declare inmediatamente(Clamor desde afuera).

Desde la ventana del Palacio, don José Francisco de Córdova hace señales a don José Francisco Barrundia; éste y don Pedro Molina tienen informado al pueblo sobre lo que está sucediendo en la sesión.

Don Basilio Porras, también abajo, va de un lugar a otro incitando a los ciudadanos. Se oyen gritos vivando la independencia. (Gritos y vivas).

El Arzobispo Casaus y Torres va a tomar la palabra ahora. Sus gestos y su voz son apasionados, pero es contrario a la idea de la independencia. Pide a los asistentes a la junta que se esperen más noticias de México; cree que lo más conveniente es mantener la sumisión al Rey y respetar a las autoridades.

(Se levanta José Cecilio del Valle). Igual piensa don José Cecilio del Valle, quien ahora se pone de pie. Don José Cecilio del Valle expresa que es mejor esperar la opinión de los pueblos que forman las provincias del Reino (clamor, silbidos y bullicio del pueblo: “¡Hoy o nunca! queremos la independencia! ¡Abajo el gobierno español¡ ¡Abajo el gobierno español¡¡Abajo!) Del Valle sigue hablando violentamente, muy molesto por el bullicio del pueblo.

Ahora se levanta uno de los patriotas más enérgicos, el licenciado don Miguel Larreinaga. Larreinaga “, un distinguido abogado; muy sabio y gran político; es un apasionado por la libertad.

El Canónigo Castilla vuelve a hablar, y muchos de los concurrentes se deciden porque se suscriba el acta de la independencia- Algunos titubean. El Jefe Político, don Gabino Gaínza, está temeroso; pero al fin se decide.

El señor Arzobispo quiere abandonar el Salón de la Real Audiencia. Pero los patriotas están decididos. Veintitrés votos en favor de la independencia. El mismo don José Cecilio del Valle dicta el acta. El secretario, don José Domingo Diéguez, empieza a escribir: ‘¿Siendo públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno español, que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta capital…” Todos esperan anhelantes. Todos quieren estampar su firma al pie del acta, menos aquellos que se opusieron y que ahora salen del palacio.

Afuera, la alegría del pueblo es enorme. (Bullicio, cohetes, bombas, música). Truenan los cohetes y las bombas. La música alegra los corazones. Empiezan a repicar las campanas del Calvario. (Repiques). Todas las campanas de las iglesias se alzan en vuelo. Allá, abajo, don José Francisco Barrundia, don Pedro Molina, doña Dolores Bedoya, doña Antonia Aquino, don Basilio porras y don Eulalio Samayoa se abrazan con el pueblo. Ha sido proclamada la independencia del Reino de Guatemala. Guatemala es, ahora, un pueblo libre, soberano e independiente.

El día es espléndido. Un cielo intensamente azul se ve cruzado por blancas nubes.

Posted in: CARTILLA CIVICA