Posted on febrero 17, 2012

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DEPARTAMENTO DE ALTA VERAPAZ

Provenientes de la rama k’iche’ oriental , los idiomas q’eqchi’ y poqomchi’ dominan el panorama lingüístico de Alta Verapaz, desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días.
Actualmente se habla poqomchi’ en los municipios de Santa Cruz Verapaz, San Cristóbal Verapaz, Tactic, Tamahú y Tucurú. En el resto de los municipios se habla el q’eqchi’ y desde 1540 se inició el uso del español.

FIESTAS TITULARES.

Cultura Social

Municipios

Fechas

Patrón

Cobán 4 de agosto Santo Domingo de Guzmán
Cahabón 6 de septiembre Natividad de la
Chahal 28 de agosto Virgen María
Chisec 29 de junio San Agustín de Hipona
Fray Bartolomé de 3 de mayo
las Casas San Pedro y San
28 de agosto Pablo
Lanquín
30 de agosto La Santa Cruz
Panzós
25 de julio San Agustín de
San Cristóbal Hipona
Verapaz 29 de junio Santa Rosa de Lima
San Pedro Carchá 24 de junio Santiago Apóstol
San Juan Chamelco 3 de mayo San Pedro Apóstol
Santa Cruz Verapaz 13 de junio San Juan Bautista
Senahú 15 de agosto La Santa Cruz
Tactic 25 de enero San Antonio de
Tamahú 29 de septiembre Pádua
Tucurú La Virgen de la Asunción
San Pablo Apóstol
San Miguel Arcángel
Cofradías y hermandades
Sin lugar a dudas la cofradía más fuerte por su número de miembros y su cohesiva estructuración es la de Santo Domingo de Guzmán, en la cabecera

departamental. Otras cofradías fuertes son la de San Pedro Apóstol en Carchá, San Juan Bautista en Chamelco, la de la Virgen de la Asunción en Tactic, la de San Pablo Apóstol en Tamahú y la de San Miguel Arcángel en Tucurú.
Cada una de ellas guarda una gama de tradiciones ancestrales que la vida moderna no ha podido penetrar y desarticular totalmente. Unase a esto, la exuberante vegetación de los bosques cerros y selvas del departamento, que ofrecen posibilidades infinitas de ritos mágicos y religiosos. Las hermandades resultan debilitadas ante el poderío de las cofradías, todas encargadas de la realización de sus propios paabanc. (Paabanc: ritual específico de petición y gratitud ante una imagen de culto y fe religiosa ancestral, sincretizada con el cristianismo católico acompañado de comidas y bebidas sagradas), por lo que el paabanc más grande del departamento es el que ofrece la cofradía de Santo Domingo de Guzmán, cuya capilla para su culto religioso puede albergar hasta doscientas personas y posee , además, lugares específicos para el consumo de alimentos.

Danzas y bailes
Las danzas tradicionales del departamento son abundantes. Algunas guardan características propias de rituales danzarios prehispánicos, y otras representan rituales que han sido mezclados con elementos medievales coloniales. Con todo ello, persisten hasta hoy representado una carga de identidad cultural insustituible en la cultura de los altaverapacenses. Estas danzas se distribuyen así:

Danza

Municipio

El Venado Cobán
Santa Cruz Verapaz
Cahabón
De Toritos Santa Cruz Verapaz
Moros y Cristianos San Juan Chamelco
(Rey Tardecindo)
De Diablos Cobán
Tactic
El Convite Tucurú Lanquín
La Catarina Cobàn

La región norte de Guatemala es una de las zonas más ricas, misteriosas, mágicas y únicas en la historia y la antropología del país, lo que la hacen diferente y única en el contexto de la cultura guatemalteca.
La presencia de rasgos prehispánicos mayanses en la cultura de las verapaces es significativo, ya que guardan una constante desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, aunque resemantizados, hibridizados y mestizados, conservan con todo el vigor, la concepción del mundo y de la vida de las etnias poqomchi’, q’eqchi’ y de la k’iche’ en parte de algunos municipios de esta inmensa zona.
No obstante, debe subrayarse que la etnia q’eqchi’ constituye uno de los cuatro grupos étnicos linguísticos mayoritarios de Guatemala.

La población prehispánica estaba asentada en valles y montañas, con señoríos bien establecidos. Durante la conquista y colonización española, en el siglo XVI, la región de la Verapaz juega un papel preponderante, ya que sus habitantes presentaron tenaz y eficaz resistencia a la conquista, razón por la cual los españoles dominaron a este vasto territorio con el nombre de Tezulutlán, que significa “Tierra de Guerra” en idioma q’eqchi’.
Por otra parte, la región de la Verapaz en estos tiempos de conquista y colonización española, fue escenario de cada uno de los experimentos más excepcionales de la evangelización cristiana en el siglo XVI en el nuevo mundo: La Conquista Pacífica a través de la evangelización cristiana propugnada y llevada a cabo por el fraile dominico Fray Bartolomé de las Casas, en los primeros años del siglo XVI. Este proceso se inició con un convenio en 1537, siendo gobernador del Reyno de Goathemala, Alonzo de Maldonado, por medio del cual el territorio estaba bajo la jurisdicción de la Orden Dominica y de la Corona directamente, sin que pudieran penetrar ni encomendederos, ni
hacendados españoles seglares. Esta conquista pacífica se puso en práctica lentamente. Por otro lado, al territorio llamado Tezulutlán por los conquistadores, el Emperador Carlos V decidió cambiarle el nombre por el de la Verapaz, según Real Cédula del 30 de octubre de 1547.
En la zona se desarrolla, por un lado la conversión pacífica que dura casi tres centurias, hasta el siglo XVIII, y por la otra, continúa la resistencia tenaz de los q’eqchi’es a terminar de rendir su mundo y su cultura.
En la memoria histórica q’eqchi’ contemporánea, se tiene aún muy presente la resistencia y final conversión al cristianismo del último Señor q’eqchi’, Juan Metalbatz, Cacique de San Juan Chamelco. Con ello los indígenas dieron por concluida su total resistencia. Sin embargo, actualmente se dice en la tradición oral que Juan Metalbatz aún vive, por lo que se ha convertido en la figura mítica que algún día liberará a sus súbditos del yugo mestizo. Juan Metalbatz se constituye así, en uno de los personajes más importantes de leyendas míticas de las verapaces.
Asimismo, hay que subrayar que otros procesos históricos marcaron el desarrollo sociocultural de la Verapaz y sus moradores, como lo fue la introducción de esclavos negros africanos durante el período colonial y el establecimiento de grandes haciendas, obrajes e ingenios de caña como los de San Gerónimo en Baja Verapaz. Así como la presencia de alemanes en su territorio desde finales del siglo XIX hasta antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando se introdujo el cultivo intensivo del café.

Por razones administrativas, el vasto territorio de la Verapaz fue dividido en dos departamentos por el Gobierno de Guatemala, según Decreto 181 del 4 de mayo de 1877, surgiendo así la Alta y la Baja Verapaz.
De tal forma que la cultura de la región está profundamente amalgamada. Los procesos históricos señalados le dieron una impronta única, en la cual a la herencia prehispánica de las etnias mayanses, q’eqchi’ y poqomchi’, se suma la cultura occidental de ascendencia española, la negra colonial, la de otros grupos de inmigrantes asentados y desarrollados en territorio en un extraordinario y rico mestizaje. No obstante, por esos mismos procesos históricos, la cultura indígena se sobrepone en el proceso de simbiosis cultural y sincretismo religioso a las otras formas socioculturales, y es lo que actualmente se encuentra en el departamento de Alta Verapaz.
Por lo tanto, las tradiciones orales del departamento de Alta Verapaz mantienen una elevada presencia de elementos tradicionales q’eqchi’es y poqomchi’es, aunque también existen rasgos y formas literarias occidentales muy resemantizadas y casi absorbidos por la cultura q’eqchi’.
Las especies literarias orales que más privan en la región son las leyendas míticas, históricas y animísticas de espantos, aparecidos y ánimas en pena, así como antiguos tipos de cuentos populares maravillosos, de bandidos mágicos, de bobos e ingenuos, así como de animales y de fórmula.

Hasta el momento no se han reportado antiguas formas literarias de ascendencia occidental en verso como romances, romancillos y coplas, en el extenso departamento, a Por razones administrativas, el vasto territorio de la Verapaz fue dividido en dos departamentos por el Gobierno de Guatemala, según Decreto 181 del 4 de mayo de 1877, surgiendo así la Alta y la Baja Verapaz.
De tal forma que la cultura de la región está profundamente amalgamada. Los procesos históricos señalados le dieron una impronta única, en la cual a la herencia prehispánica de las etnias mayanses, q’eqchi’ y poqomchi’, se suma la cultura occidental de ascendencia española, la negra colonial, la de otros grupos de inmigrantes asentados y desarrollados en territorio en un extraordinario y rico mestizaje. No obstante, por esos mismos procesos históricos, la cultura indígena se sobrepone en el proceso de simbiosis cultural y sincretismo religioso a las otras formas socioculturales, y es lo que actualmente se encuentra en el departamento de Alta Verapaz.
Por lo tanto, las tradiciones orales del departamento de Alta Verapaz mantienen una elevada presencia de elementos tradicionales q’eqchi’es y poqomchi’es, aunque también existen rasgos y formas literarias occidentales muy resemantizadas y casi absorbidos por la cultura q’eqchi’.
Las especies literarias orales que más privan en la región son las leyendas míticas, históricas y animísticas de espantos, aparecidos y ánimas en pena, así como antiguos tipos de cuentos populares maravillosos, de bandidos mágicos, de bobos e ingenuos, así como de animales y de fórmula.
Hasta el momento no se han reportado antiguas formas literarias de ascendencia occidental en verso como romances, romancillos y coplas, en el extenso departamento, a excepción de la ciudad de Cobán y sus barrios, que es donde se han encontrado verdaderas joyas de este tipo de literatura entre sus moradores mestizos.
En Alta Verapaz existen varios tipos de narradores tradicionales. Entre los q’eqchi’es, los contadores de historias se denominan Aj seereq’ najteril na’leb’; en el área poqomchi’ se les conoce como Aj q’orol re’ najtiir laj b’anooj y en Cobán, en los barrios mestizos se les llama “leng¸eteros” o “cuenteros”.
excepción de la ciudad de Cobán y sus barrios, que es donde se han encontrado verdaderas joyas de este tipo de literatura entre sus moradores mestizos.
En Alta Verapaz existen varios tipos de narradores tradicionales. Entre los q’eqchi’es, los contadores de historias se denominan Aj seereq’ najteril na’leb’; en el área poqomchi’ se les conoce como Aj q’orol re’ najtiir laj b’anooj y en Cobán, en los barrios mestizos se les llama “leng¸eteros” o “cuenteros”.

Estos contadores de historias son ancianos muy respetados en sus comunidades, por la versatilidad de su narración y la vastedad de sus conocimientos. Como en toda Guatemala, la acción de narrar se desarrolla en situaciones sociales tales como velorios, cabos de novena; atrios de las iglesias y en los parques de los poblados. Asimismo, se desarrolla en forma íntima en el hogar, alrededor de la casa paternal, en los patios y corredores de las viviendas.
En Alta Verapaz destacan los contadores de historia que sólo narran los mitos en ceremonias sagradas, en ocasiones rituales, y que reúnen todas las características del sacerdote maya. Así en la región q’eqchi’ se les denomina, con inmenso respeto, Aj k’atol utu’uj y entre los poqomchi’es Aj k’atool. Estos dignatarios resumen en sí mismos toda la sabiduría e historia de su pueblo y su etnia.
La figura mítica literaria de Alta Verapaz es la de Tzultuká, Señor de los Cerros y Valles de la región.
El término Tzultak’a expresa el carácter bisexual de la divinidad, lo cual para el q’eqchi’ es manifestación de la perfección y de la plenitud: cerro igual Tzul, es el hombre; y, valle igual Tak’a, que es la mujer.

Una característica de la persona o de la comunidad es su relación con Tz¸ltak’a , cuando se le ofrecen candelas o copal pom, y se le hacen las oraciones correspondientes, se espera recibir lo que se le ha pedido casi inmediatamente. Si no llegara a ocurrir así, la persona cargará la culpa sobre sí misma, asumiendo que no realizó bien las oraciones y los ritos. Generalmente el q’eqchi’ busca las causas de los acontecimientos negativos en las oraciones y ritos no realizados adecuadamente.

Tz¸ltak’a tiene un contenido muy profundo para el q’eqchi’; es como el rostro, la cara de Dios, es el cerro, el valle y la tierra, el lugar donde siente y experimenta más frecuentemente la presencia del Dios Mundo.
Los q’eqchie’s hacen mención de que existen trece grandes cerros o grandes Tz¸ltakaes que son: Raxón Tzunum, Shubyuc, Cha, Chajcoj, Tzunkín, Tac’caj, Chisguajagua, Cubilg¸itz, Chajmaic, Chijaal, Siab, Belebjú y Cojaj; éstos son de carácter masculino, la excepción de Caná Itzám

que es la única mujer entre ellos.

El sincretismo religioso ha provocado que se identifique la deidad del cerro con el Dios cristiano; es por ello que para reverenciarlo colocan cruces en todos los puntos estratégicos de la naturaleza.
El etnólogo David Saper, afirma que “resulta curiosa la confusión india venerando simultáneamente al Dios Tz¸ltak’a y el Dios Cruz”, y choca extrañamente ver cómo coloca en sus altares, lo mismo en las iglesias que en sus casas, imágenes de santos y cruces de madera, junto a antiguos ídolos de barro o piedra. Cuando el indio permanece en poblado, suele dirigirse solamente al Dios cristiano Cruz; pero al salir al campo, cruzar montañas y valles, atravesar bosques y llegar a tierras vírgenes que pretende colonizar, entonces se acuerda exclusivamente del Dios “de cerros y valles” (Tz¸ltak’a).

El q’eqchi’ también reza o se comunica con Cacua Sak’e (Señor Sol), ésta es una relación más trascendente e incluso dentro de su práctica religiosa, menos frecuente, ya que es una figura más lejana, y por eso cree que no le escucha. Además del dios Tz¸ltak’a, y del dios cristiano de la Cruz, los q’eqchi’es veneran una tercera deidad que es el Sol (Cacua Sak’e), por ser el supremo dador y dispensador de todo bien para el hombre y para la tierra.
Dentro de la literatura oral y la cosmovisión del área, aparece una figura opuesta a Tz¸ltak’a: el K’ek (negro), que es considerado como un espíritu maligno que se le aparece de noche en forma de vaca o de otro animal. Este ser causa toda clase males.De esta manera, se cree en Chahal y en Chisec, área q’eqchi’, que Tz¸ltak’a se enamoró de una mujer, llamada Dominga, a quien regaló una flor en señal de compromiso para que le fuera entregada al padre de la muchacha. Cuando “la niña dio al padre la flor del Tz¸ltak’a, se convirtió en monja blanca de plata”. De este modo, el padre de la Dominga se convence que es Tz¸ltak’a el que desea casarse con su hija.

La muchacha se va a vivir con el Tuztaká al interior del cerro, después de realizar las ceremonias rituales correspondientes.
Cuando no se llevan a cabo “las antiguas costumbres”, para pedir permiso a Tz¸ltak’a, para cazar animales, cortar árboles o utilizar las fuentes de agua, el Señor del Cerro castigo al transgresor. Así, aseguran en Cahabón que un hombre llamado Juan Cajbón llegó al pueblo viniendo de otras tierras y se asentó en las tierras de la aldea Setacalcab; allí tenía buenas cosechas de maíz, frijol, chile, yuca y otras plantas, también le gustaba el lugar porque había muchos animales. Juan se puso a trabajar. Así hizo su ranchito, su roza, cosas del campo y empezó a prepararse para la caza. Entonces, un día, salió acompañado de Miguel, su hijo mayor que era el encargado de guiar a los perros por aquellos guatales donde vive el venado, los tepezcuintles y el armadillo. Pero no encontraron nada, fueron varias veces, pero no encontraron al venado, cada vez que Juan tiraba le fallaba la puntería. Sólo cazaba uno que otro armadillo.
Entonces un día se fueron a cazar el venado a como fuera; pero lo que pasaba era que Juan no quería cumplir con la costumbre de quemar candelas, copal, pom, velar una noche antes pidiendo ante el altar de Tzultak’a, el permiso para entrar en sus campos a tentar a sus animalitos, pues Tz¸ltaká que es el señor de los cerros y los valles de por aquí, los tenía bien cuidados. El tenía que hacer muchas cosas que mandaba el señor del cerro; tenía que desahumar a sus perros con copal, pom; desahumar su casa, sus armas, dormir en el suelo frente al altar y, en fin, no hizo todo lo que mandaban los antiguos, que eran mandados por el señor de los cerros. Entonces Juan y su hijo Miguel salieron muy temprano para el cerro Julgix, allí se fueron seguidos de sus dos o tres “ezentzies” de los meros perros cazadores. Miguel que llevaba los perros se metió al guatal, mientras Juan se encargaba de atajar el paso del venado. Empezó pues la carrera y los gritos de Miguel alentando a sus perros; pero todo se arruinó porque los perros no ladraron y el venado no pasó por donde Juan estaba. Pasaron las horas y Juan no quería regresar a su casa sin su hijo, pero se cansó, y pensó que Miguel había regresado sin avisarle, cuando llegó y
no lo encontró, regresó al monte a quien llamaba y silbaba, incluso la gente de la aldea lo ayudó, pero no lo encontraron. Al tercer día apareció Miguel y no podía hablar. Lo entraron, lo desahumaron con copal, pom, se le rezó por último hasta que Miguel contó que cuando estaba a medio guatal llegó un patojito que no conocía y le dijo que su tata quería verlo. Lo llevó al cerro Julgix y en la entrada de una cueva se le desapareció el mandadero, sólo entonces se fue por la vereda de la cueva hasta llegar junto a un viejo, que estaba en la cueva al fondo, ahí lo esperaba un señor en una hamaca de colores muy alegres; pero al verlos bien se dio cuenta que el trenzado de la hamaca era de culebras de colores, los muebles eran animales, como armadillos y venados. Habían muchos animales como si aquello fuera un hospital. Entonces el viejo le dijo: -decíle a tu tata que deje de estar molestando a mis animalitos, vos podés ver todos heridos por ustedes; mirá que me voy a vengar. Se van a acordar de mí, les voy a mandar mis culebras si siguen molestando en mis lugares sin pedirme permiso.
Luego Miguel se enfermó y a los tres días se murió, pues resulta que ningún curandero quiso hacer nada, porque era venganza del señor del cerro de Tzultatká.
Fue en balde todo lo que hicieron. Por más que Juan ofreció riquezas a los curanderos, que en aquel lugar habían famosos, no quisieron llegar por tratarse de un caso grave. En él estaban puestos el “Dios Guarde”, las manos del señor de los cerros y valles, Tzultaká”.
Tzultaká, señor dueño de la cosmovisión la literatura oral-q’eqchi’, tiene como su alter ego (su otro yo) la leyenda del Negro Aj K’ek. Cuentan en Senahú, que los peones q’eqchi’es, que trabajan en las haciendas de café, temen acercarse a los patios del beneficio, pues puede salirles el Aj K’ek, un hombre negro, muy grande, de aspecto feroz, que según los q’eqchi’es es hijo de las vacas con el sisimite, y que por las noches cuida, danzando y tocando tambores, que los indios no se roben los granos y los sacos de café.
Existen también leyendas históricas que se refieren a la fundación de los pueblos y de los santos patronos. De las más famosas por su belleza es la de San Cristóbal Verapaz, donde se cuenta que San Cristóbal, en los primeros tiempos, pidió permiso al Dios Mundo (Tz’aqol-Bitol), para atravesar el río

Cahabón y dejar al Niño Dios y su palmera al paraje Coyolares, pues estaba muy cansado, y le solicitó también al Dios Mundo “que le diera permiso” para fundar un pueblo y convertirse en el Santo Patrón. El Tz’aqol-Bitol le dijo a San Cristóbal que “con mucho gusto”, pero que juntos deberían pasar al Niño Jesús por el río Cahabón y ambos serían los patrones del pueblo. San Cristóbal aceptó. Por eso es que en la región poqomchi’ las deidades ancestrales comparten con la misma jerarquía el nivel sacro de los santos patronos cristianos.

En la región de las verapaces existen otras leyendas ancestrales de origen mayanse como “La Boda del Sol y la Luna” en Santa Cruz Verapaz, de ascendencia poqomchi’, que toma el nombre de “El Señor Sol, la Señora Luna, el Señor Nube y C’agua’ Tsa’ “, en Chisec. En Lanquín se le denomina “Amores del Sol y la Luna”; en Tucurú, “Amores de C’agua’choc y C’ana’po” y en San Juan Chamelco “C’agua’sa’que’ busca a C’ana’po”. Esta es una de las más extraordinarias leyendas de la literatura oral guatemalteca.
Uno de los personajes más importantes de las leyendas de Alta Verapaz es el de Juan Noj, quien es una figura que aparece ligada a los ríos y a las faldas de los cerros, en las tardes de niebla o cuando cae “chipi-chipi”. Sobresalen las que narran en la región q’eqchi’ de San Pedro Carchá. En Fray Bartolomé de las Casas toma el nombre de Juan el Gordo y en el Chahal se le asocia a la leyenda del negro Aj K’ek.

También perviven innumerables leyendas de aparecidos y ánimas en pena en todo el departamento, una de las más famosas es la del “Duende en Lanquín”, que conserva todas las características de un espíritu que vive entre cuevas y que molesta a las mujeres. También en Tamahú se habla que el espíritu del río o “animal del agua” asusta a hombres borrachos y enamorados. Las leyendas de la Siguanaba, la Llorona y el Cadejo, viven con gran vigencia en toda el área de Alta Verapaz, tanto en pueblos como en caseríos y aldeas.
Leyenda muy característica de Alta Verapaz, es la del Pozo Vivo en Tactic. Cuentan los ancianos poqomchi’es, que en tiempos idos una mujer muy bella cayó en ese pozo y ya no pudo salir porque “El Espíritu del Agua” se enamoró de ella y
no la dejó ir. Desde entonces este pozo, parece estar en ebullición y tira pañuelos de seda, fichas doradas y plateadas, y perrajes, que son parte del tesoro del Señor del Agua. Quien intenta recogerlas, cae dentro del pozo y ya no vuelve a salir, pues se convierte en sirviente de la mujer del Señor de Agua.

Otro tipo de literatura oral, diferente a la anterior, se desarrolla en la ciudad imperial de Cobán. Aunque muy mayanizados, sobreviven hermosas formas literarias occidentales, como cuentos maravillosos. En esta ciudad, en el barrio de Santo Domingo, don Mario Sierra “leng¸etero” del barrio de Santo Domingo, narra el cuento de “El Niño Encantado”, que trata de un joven de apellido Tujab, que se escapó de su casa y se fue con un hombre extraño, el que comía ceniza, quien le dio donde dormir y un manojo de llaves. Después de muchas aventuras maravillosas, el joven Tujab se va a vivir a la casa de unos tíos, en Tactic. Allí encuentra una muchacha, se casa y vive muy feliz.
En la ciudad de Cobán se han podido detectar otros tipos de cuentos maravillosos, así también cuentos de animales como Tío Conejo y Tío Coyote, cuentos de Pedro Urdemales, de bandidos mágicos y míticos como Juan Metalbatz.